6 de octubre de 2014

SAN LORENZO. El último horizonte ecuatoriano.

El punto más septentrional de Ecuador donde lo andino da paso a su aroma más africano...


 San Lorenzo, Ecuador Septiembre 2014

Encontrarse con Ecuador es hallar un país con una cultura andina muy marcada y que la define como tal. Pero del mismo modo esconde rincones que difieren notablemente de lo generalista y estereotipado. San Lorenzo es posiblemente ese lugar diferente que puede encontrar el viajero en su paso por Ecuador. Su posición en el extremo noroccidental del país no lo hace muy accesible para su visita, a no ser que se desee cruzar a Colombia por vía marítima. La única posible.

Tras un pesado viaje en autobús de siete horas desde Ibarra, llegué a esta localidad de la provincia de Esmeraldas como punto de partida para ir bordeando la costa ecuatoriana hacia el sur.
Como es la primera vez que escribo sobre este país que he visitado en dos ocasiones, aprovecharé para comentar que un viaje en autobús no difiere mucho en su naturaleza entre un destino a otro dentro del propio país. 
Vendedores ambulantes que venden pan de yuca, frutos secos o helados aprovechando las múltiples paradas. También charlatanes que tras auténticas conferencias a pie de pasillo te intentan convencer para adquirir cápsulas milagrosas para trastornos intestinales, impotencia, caída del cabello, etc.

Jóvenes que obligan al resto de los pasajeros a escuchar sus gustos musicales a ritmo de bachata del omnipresente Romeo Santos, y que se entremezclan con la música de otros viajeros cuyo gasto en auriculares no está particularmente entre sus prioridades.
Todo ello con la oleada de uniformados estudiantes que invaden de pie el pasillo del mismo, reconvirtiéndose en un auténtico autobús escolar cuando coincide a la salida de las clases.


A primera vista tras descender del autobús, ya noté un clima muy diferente al de la sierra, tan húmedo como el de mi Valencia en verano.  Una explanada al aire libre con casetas de venta de boletos y algún mototaxi al estilo rickshaw asiático muy característicos de esta zona de Ecuador.

Lo que mayormente me llamó la atención era que parecía estar caminando por una calle haitiana o del África subsahariana debido a la mayoría de sus habitantes de color que veía.
De San Lorenzo escuché que era el puerto más cercano del Canal de Panamá, a pesar de tener a Colombia intercalada. Desconozco si es así o no, pero al caminar por sus calles y ver todavía viejos raíles ferroviarios semienterrados que tenían su continuación hacia el Muelle, no me quedó duda de que esta ciudad en su día sería un punto estratégico en el comercio con el resto de Ecuador y  otros países del Pacífico americano.


Mientras buscaba hotel me topé con polvorientas avenidas que daban a una glorieta central utilizada por evangelistas para proclamar al viento sus creencias religiosas. Muchos perros callejeros y casi todas las tiendas de ultramarinos con una reja antiasalto. 
Después de preguntar en varios, el hotel San Carlos fue el que más me convenció. Un hotel de 10 dólares la habitación que recibe al viajero en el lobby con una gran vitrina de imágenes religiosas de toda índole y con alusiones al Barcelona de Guayaquil por casi todos los rincones y en objetos del mismo.

La gente de San Lorenzo no me pareció excesivamente hospitalaria, pero si con un trato correcto. Como anécdota estaba sentando en un banco y se me acercaron dos chicas que entre sonrojo y sonrisas me preguntaron: «¿Oiga, no será usted el alcalde Don Gustavo Samaniego? Es que se parece mucho»
La verdad es quedé estupefacto con la pregunta. Ni sabía ni conocía a tal ilustre señor del cual apenas había leído su nombre escrito en los tableros de las canastas de baloncesto que había en una cancha cercana al hotel.
Luego la curiosidad me llevó a comprobarlo por Internet, y bueno...quizás pudiera tener cierto parecido por el bigote y las entradas. 

Los que le guste probar gastronomía local, sin ser San Lorenzo un destino para paladares caprichosos, si hay algún restaurante. La comida colombiana está también muy presente. 
Yo opté por los puestos de jugos de frutas naturales, en especial de tomate de árbol y por el morocho, que aunque no tiene arroz, a muchos les traerá el recuerdo por su sabor al arroz con leche. 


Todo paseo por San Lorenzo debe de finalizar en el Muelle y el Malecón.
Es una de la áreas más vivas de la localidad aunque recomiendo asegurar muy bien cada paso que se da sobre cada tablón del Muelle. Muchos de ellos sin fijación e invadidos de carcoma. Más de uno se habrá visto en medio del agua.
Para los que deseen cruzar a Colombia, es ahí desde donde se toman las lanchas.


Hay varias salidas a lo largo del día. Parten cuando se llenan y cuesta 15 dólares el trayecto de más de dos horas hasta la colombiana Tumaco. Como extranjero no se puede tomar una hasta pasadas las 9 de la mañana ya que a las 8 de la mañana es cuando abren el Municipio, que es como le llaman ellos al Ayuntamiento. Hay que esperar para que te estampen el sello de salida del país antes de abandonarlo.
Hay que tener en cuenta que hay que hacer el trámite correctamente ya que es una zona muy caliente de droga y contrabando y es conveniente no tener ningún tipo de problema migratorio y/o aduanero.

La belleza auténtica de esta zona no es precisamente su área urbana. Me gustaría haber visitado la zona de los manglares Cayapas-Mataje. Dicen que son de los mejores del país y donde se reúnen los manglares más altos.


No llegó a las 18 horas mi estancia en San Lorenzo. Tampoco necesité mucho más de esta ciudad fronteriza y costera de Ecuador, pero si es un punto de partida para considerar y poder disfrutar de lo que le espera al viajero más sur de este bello país. Una cara distinta, más africana y que demuestra una vez más la variedad cultural de este país andino sudamericano...

By Carlos Martinez ©

3 comentarios:

Tony dijo...

Gracias nuevamente por la entrada.

Carlos el viajero dijo...

Gracias por tu comentario y por seguirme Antonio. Saludos :)

V(B)iajero Insatisfecho dijo...

Creo que no te ha llegado mi anterior comentario. Te decía que yo si crucé la zona de manglares, en un barco de 'concheros'(compraban conchas negras para hacer el famoso 'ceviche') que iban al otro lado, a territorio colombiano, a un pequeño poblado que visité. Fue una experiencia en San Lorenzo, me trataron muy bien tanto en lado ecuatoriano como en el lado colombiano.
Alguna vez he pensado en volver a aquel poblado colombiano, sin ninguna comunicación con el resto de Colombia.
Apartado, muy apartado.
Un abrazo, Carlos (Sigo recuperándome. Muchas gracias).