2 de junio de 2014

LA PLAYA DE LOS SUEÑOS ROTOS

 Una playa muy singular donde el límite de lo inhumano, no tiene límites. Donde México toca a su fin y comienza el país de la «libertad». Una libertad selectiva sólo para el mar, el viento y las mariposas....

México, Tijuana. Enero 2013


Después de tres días viendo cemento en la urbe más occidental y septentrional de México, ya tenía la necesidad como buen mediterráneo, de sentir el mar. Ese irresistible impulso de acudir cuando la mar nos llama.


Para llegar allí, un taxi colectivo que se toma en el centro me dejó muy cerca de la playa.

Las primeras sensaciones tras cruzar la carretera donde me dejó fueron muy positivas. Unas irresistibles coctelerias para degustar platos con nombres tan curiosos como tacos de "gobernador", unos pescados llamados "cucarachas", y "caldo de pata de mula". "Ostiones" aparte, unos moluscos parecidos a las ostras que ya los conocí en mis primeras visitas a este país.


Tras llenar el estómago con una inmejorables vistas al Océano Pacífico, era momento de pasear por el malecón que queda abajo paralelo a la playa.

Un animado paseo de tablas de madera muy al estilo californiano, lleno de familias, paseadores de perros y vendedores ambulantes.
Después continué caminando a lo largo de la negruzca arena entre los pocos bañistas que se veían en aquel fresco día de Enero.


De repente, el paseíto iba a llegar a su final. México se terminaba en forma de barrotes cilíndricos y carriles de ferrocarril hincados en la arena. Toda la riqueza cultural, antropológica y de biodiversidad, no solo de este país, sino de toda Latinoamérica, terminaba maltrecha y bruscamente en esos hierros oxidados.

Al otro lado, el país que cuentan «de las libertades, la prosperidad, el país del sueño americano». Pero yo lo que apenas veía al asomar mi cabeza entre esos carriles, era una playa vacía, un grupo alcatraces en la orilla y un todo-terreno de la Border Patrol atento a cualquier movimiento.

Ni la curiosidad me invitaría a cruzar si físicamente pudiera hacerlo. Tan solo la gélida agua, los insectos y las aves tenían permiso para cruzar esos barrotes.



Un vendedor de esquites¹ que andaba cerca con su carrito me decía con nostalgia:
«...pues recuerdo hace años familias enteras que venían a pasar los domingos. Se ponían aquí mero, junto a los fierros² para reunirse con los parientes del otro lado, y compartían su lonches³ y chescos4 . Y hasta al vóley jugaban. Ya todo eso terminó...»


Alguno que otro que merodeaba por ahí, no se le veía precisamente muy presto para un baño. Miraba al cielo con la esperanza de que la niebla matinal hiciera su aparición en algún momento del día y de la noche por esa zona.

Otra entretenida conversación me llevó con un señor mayor que con su vieja polaroid. Por 50 pesos se ganaba la vida tomando fotos junto a la valla para ser reveladas en su propia cámara al momento.


A lo largo de la valla en dirección contraria a la mar se llega a un curioso espacio llamado Frienship Circle - Círculo de la Convivencia.
En él, no es más que una área circular de unos 30 m² donde sábados y domingos de 10 a 14 horas se pueden reunir ahora las familias de ambos países. Cuando digo reunir, me refiero a verse a través de los barrotes y no pueden juntarse más de 25 personas a la vez. Ningún contacto físico está permitido, y mucho menos el intercambio de artículos o comida. Todo ello durante media hora máximo y bajo vigilancia de la patrulla fronteriza estadounidense.

Sobre los barrotes a lo largo de la linea fronteriza y convertida en una particular valla de las lamentaciones, se pueden leer sobre ellas frases alusivas a lo que representa para muchos esta barrera artificial creada por el hombre. 


No muy lejos de allí, una enorme Plaza de toros nos sorprende tan cerca del mar y de la frontera. Dicen que es la cuarta más grande del mundo y donde no sólo los tijuanenses aficionados acuden, también mucho estadounidenses pasan al lado mexicano para ver las corridas. 

En resumen, el viajero que visite esta playa no encontrará aquí ni las playas del Caribe mexicano, ni nada que le cueste olvidar este lugar. Bien... pero considero que también es necesario relatar lugares como estos que nos deja mucha sensaciones, y al menos a este humilde viajero no deja inadvertido...


1- Maiz blanco cocido sazonado.
2- Hierro
3- Comida ligera. Generalmente bocadillo.
4- Refresco


By Carlos Martinez.

3 comentarios:

V(B)iajero Insatisfecho dijo...

Muy interesante ese lugar, Carlos. Los barrotes y las vallas siempre fueron indignas, también para los sueños.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Felicidades por tu artículo acerca de esa gran ciudad que es Tijuana, donde viví entre los años 2000-2001. Algún día volveré, y también a su playa.

Antonio dijo...

Muchas gracias.
Muy interesante, bonito y triste.