27 de mayo de 2014

CURIOSIDADES DE DACA

La capital de Bangladesh, sin ser precisamente la mejor capital del mundo para los amantes de templos milenarios, mezquitas o edificios históricos, es un ciudad que no dejará indiferente a nadie. Recorriendo sus calles, obtendrá todo lo que  necesita el viajero curioso. Aquí les dejo unas cuantas muestras.

Bangladés. Febrero 2014


Subir en moto-taxi y sentirse como un pájaro enjaulado. 


Este medio de transporte tan recurrido en muchos países de Asia y conocidos como Rickshaw, tuc -tuc, etc, aquí son conocidos como CNG pronunciado comúnmente como «siinyi».
Se puede decir que es el transporte más motorizado que se puede encontrar el viajero.
De color verde la mayoría, la ventaja es su versatilidad para escurrirse entre el duro tráfico, y lo que les hace más peculiares respecto a sus semejantes del resto de Asia, es el sentirse como un pájaro o una gallina encerrada. En cuanto uno entra y cierra los pestillos de las puertas, la cajuela enjaulada que envuelve al pasajero que lo aísla del exterior y del conductor, es lo más parecido a sentirse enjaulado. Arrimar el ojo por algún agujero será lo habitual para ver por donde lo llevan a uno y contemplar la animosidad de la calle.

Presencia de personas de talla baja afuera de restaurantes.
    

Sin ser extensible a todos, ni de manera general, muchos restaurantes en las calles y avenidas principales de la capital utilizan a estas personas para anunciar a viva voz los menús de los restaurantes y alentar a los clientes a entrar. En las áreas donde abundan centros de negocios y oficinas, como la zona financiera de Motiheel es donde más se pueden ver. Muchos van uniformados con gorra y otros de manera más informal como el de la foto.

Lectura de la prensa diaria sobre las fachadas.



Cuando hoy en día la prensa digital está ganando terreno a la escrita en muchos países, ver esta imagen en muchas calles de la ciudad es algo que me conmocionó positivamente. Según las estadísticas, sólo el 3.5% de la población tiene acceso a la red de Internet, y sin dudar, es ésta una vía muy adecuada para los viandantes sin prisa poder seguir la actualidad de su ciudad a través de las hojas desplegadas y pegadas que son sustituidas a diario.

Cúmulos de gente en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos.


Toparse con tanta gente enfrente de un escaparate viendo con mucha atención las televisiones encendidas que venden, no es porque les gusten mucho los aparatos. Definitivamente están expectantes viendo cricket, bien de la liga de Bangladesh o de su selección. El grado de expectación varía con el desenlace del juego de este deporte considerado como el más popular del país. Sobre todo si se trata de algún juego contra sus clásicos rivales India y Paquistán. Como curiosidad y que os dejará atónitos, al menos a mí, es que en muchos lances del juego para animar a la afición, suena el pasodoble taurino Pepe el trompeta. Quién se lo iba a decir al autor de este clásico pasodoble que también se iba a hacer tan popular en Bangladesh....

Pasajeros que viajan en el techo de trenes y buses.

Que en muchos trenes como dirían en mi México: «van hasta la madre», en un país tan superpoblado puede ser normal, y en especial en los trenes de cercanías, pero que la gente vaya en el techo de los mismos si resulta curioso. En la estación central Kamalapur, tan solo hay que sentarse en un banco y esperar que los trenes vayan llegando. Dependiendo de si se trata de hora punta o valle, variará de igual manera la cantidad de gente que monte en el techo.
Se suben a través de la máquina y desde ahí dan el salto. El maquinista mira para el otro lado y poco a poco se va ocupando la superficie del techo. ¿Peligroso...? Bueno, siendo los trenes de tracción diesel y carecer de catenaria, no hay peligro de electrocución. 

Los trenes no son excesivamente rápidos. Eso sí, el mal estado de la vía y el vaivén del movimiento puede ser un hándicap para perder el equilibrio. Nótese que en muchos casos van además con mercancías y otros bienes para vender.
En el caso de los buses, se da más la circunstancia en los trayectos de corta distancia y se juntan a la mitad del techo aprovechando los agarres de que dispone el bus.

Los puestos de té invaden las aceras.



Sin duda, ni Daca ni el resto del país es lugar para adictos cafeteros como es mi caso. Encontrar un lugar para tomar café, se reduce a hoteles muy exclusivos, aeropuertos y alguna estación principal de ferrocarril, y de tipo «vending machine». ¿Qué hacer? Bien... pues té, té y más té, o chai que es la palabra más extendida, no únicamente aquí, también en el subcontinente indio y muchas otras zonas de Asia.
Los puestos son inconfundibles, además de un señor preparando el chai, sus clientes sentados alrededor, sobre alguna caja, cubo, banco improvisado de tablas de madera y varias bolsitas con bizcochos colgadas y platanitos.

No encontrará el viajero otro lugar mejor para socializar. Pídase un chai y se lo servirán con té negro y leche condensada en una taza o en vasito tipo duralex. A partir de ese momento alguno le preguntará el «where are you from» típico. No espere mas inglés, pero las ganas de agradar y de hablar con usted será una experiencia muy valiosa.
En la noche utilizan muchos de ellos botes de aceite para alumbrarse, con el correspondiente olor y humo negro característico. A los pocos días de estancia en Daca, seguramente se aficione como yo a estos chais callejeros. No habrá larga caminata por la ciudad que no le haga terminar en un puesto de estos para echarse un chai y reponer fuerzas.


Rickhaws y rickhaws y más rickhsaws.


Créanme, no verán ciudad en el mundo con más rickshaws o ricsas como en Daca. Si, muchos habrán visto en muchos países asiáticos. Cierto, pero como en la cantidad de Daca no creo que haya alguna en el mundo.
Según se dice habrán más de 400 mil por sus calles, mucho triciclos de estos en las esquinas esperando captar clientes.
Una vez pactado el precio, es subir y chino-chano le llevará a su destino. La mayoría están decoradas y con su techito desplegable para evitar el sol.
No se libran de los atascos, especialmente durante los hartales, que es como se llaman ellos a las manifestaciones.

El precio de un viaje es muy económico pero personalmente no se es mejor viajero por tener más habilidad para negociar en los viajes con la gente local, sino para demostrar nuestra calidad humana. En estos casos, pagarle el equivalente a 30 céntimos de Euro a una persona mucho mayor que nosotros pedaleando media hora entre el tráfico y la contaminación, es algo que nos debe conmover. Por eso animo a ser con estas personas lo más espléndidos posible. Es una apunte personal que dejo ahí y los lectores sabrán muy bien lo que quiero decir.
Para distancias no muy largas es un método muy práctico para moverse. Muchos le darán su tarjeta con su número de teléfono para quizás en otra ocasión cuenten con ellos.


¡Prepárese! Usted será la atracción en todo momento.


El bangladesí es curioso por naturaleza, muy curioso. Si en Daca lo es, mucho más en localidades más pequeñas.
Es una cosa que se tendrá que acostumbrar el viajero. Siempre estará en el punto de mira de la gente.
En el tren, en el bus, en la calle...
Pregunte a algún local algo, cualquier cosa y observará de repente que se le acerca otro. Seguidamente aparecerán dos más y poco a poco se irá formando un corrillo, y se verá rodeado por un buen grupo de gente. Es normal, la presencia de turistas es muy limitada.
 
No es precisamente Bangladés un país demasiado visitado y eso se nota ante la presencia de foráneos.
Podría pensarse que uno se pueda sentir intimidado, pero percibo que es algo cultural y aunque nos choque un poco, lo veo también como un modo de hospitalidad y de interés hacia el extranjero que tiene el gusto de acercarse hasta su país.
Para los que les guste la fotografía, a los bangladesíes les encanta que les hagan fotografías. No es que les tengas que pedir permiso. Ellos mismos te piden que les hagas una foto, siente mucho entusiasmo por ello y podrán el mejor pose para salir bien.
En general, son muy serviciales y harán todo lo que esté en sus manos para ayudarle.

¿Londres? ¿Hong Kong? No, Daca.



Otra cosa que llama la atención es la presencia de autobuses de dos pisos circulando por Daca.
De color rojo y muy destartalados, dan su servicio a diario. La capacidad de gente que puede entrar en ellos, provoca que además del tren, sean muy recurridos. Muchos traidos de la vecina India, dicen que poco a poco parece que vayan a ir despareciendo de la escena urbana.


Los hombres «hormiga».


A
sí es cómo yo llamo a estos hombres que arrastran como pueden enormes cargas de enseres, electrodomésticos y mercancía para vender .
Yo no sé el peso que tengan que transportar sobre esas rudimentarias plataformas con ruedas, pero si la hormiga dicen que puede arrastrar hasta 50 veces su peso, estos hombres también mueven muchas veces su propio peso, y eso que no se ven físicamente tan forzudos.
                                      
En una ciudad con tanta actividad industrial, sobre todo textil, resulta muy normal el trasiego de estos enseres.
La presencia de estos hombres es muy habitual sobre todo en Old Dhaka cerca de mercados populares, y en las inmediaciones de
Sadarghat, Bangladesh, el puerto comercial de la ciudad.  
Sorprende tristemente el hecho de no ser transportado por otros medios de automoción mecánica como camionetas, pero es parte de la dolorosa realidad en la que se encuentra este país asiático.

«El tío la vara» en versión policía.

Muchos sabrán a lo que me refiero con el «tío la vara». Ese personaje del programa de José Mota para poner en vereda a más de uno que no se comporta adecuadamente con la sociedad.
Pues bien, en Daca y en el resto del país, este personaje también existe. ¿Dónde? En cualquier policía que usted vea por la calle, cruce de peatones, estaciones ferroviarias, mercados, edificios públicos, etc.
Los detectará inmediatamente no solo por el uniforme de color café con leche, si no por la larga caña que portan constantemente para poner orden en un momento determinado.
Solo los vi actuar una vez en la estación de Kamalapur cuando después de dar la salida el Jefe de Estación a un tren, mucha gente intentaba acceder al tren en movimiento. Empezaron dos a repartir estopa con las cañas, y les debió hacer daño ya que ni lo intentaron más.

Otras curiosidades

Para terminar este repaso por la capital de Bangladés, no me olvidaré tampoco de otros apuntes culturales que bien merecen ser trasladado a los lectores. Por ejemplo, la poca presencia de mujeres que se ven por la calle. Desconozco si es que están en los hogares o trabajando en la industria manufacturera, pero se ven en una proporción muy disminuida respecto al género masculino. Cabe decir que siendo mayoritariamente un país musulmán, sobra recordar el escaso y despreciado papel de la mujer en la sociedad.
La vaca no es un animal sagrado como lo es en India, y aunque comer carne de vaca resulta una delicatessen para el ciudadano medio, se ven muchas pastando en las calles comiendo basura. No solo comida orgánica, también desechos plásticos procedentes de envases que no deben ser muy saludables para ellas.
Todo ello a pesar que no es un país en el que se use mucho las bolsas de plástico para envolver las cosas. En vez de ello, utilizan mucho trocitos de papel de periódico que grapándolos envuelven todo, o una muy fina bolsa de red extensible donde te meten lo que compres.
Saber inglés resulta muy útil para viajar. Esto no es ningún secreto, pero hay países donde de poco sirve el idioma de Shakespeare si la gente local no lo habla ni lo escribe. Este es un caso a tener en cuenta cuando se viaje por Bangladés. Cuando compre un billete de tren por ejemplo tendrá el viajero que hacer un acto de fe para deducir que los datos son correctos pues la escritura también es muy dificil para nosotros y será muy útil hacerse con una guía de vocabulario básico de bengalí para moverse.

Para terminar y dar un toque simpático a este post, pondré en relieve el curioso look de muchos hombres que se tintan su larga barba de color rojo naranja. Desconozco si se sentirán más atractivos para la mujer o más guapos, el caso es que termine en una barbería y acabé con mi barba de ese reluciente color durante gran parte de mi viaje.


By Carlos Martinez


3 comentarios:

GW_Carlos dijo...

Genial relato Carlos. Me ha encantado.

Anónimo dijo...

MUY INTERESANTE SU ARTICULO, GRACIAS POR PUBLICARLO.
UN SALUDO.

Antonio dijo...

muy interesante. Hay que ver lo que se aprende.
Curioso lo de Pepe el Trompeta!!
Gracias.