29 de mayo de 2013

COMMEWIJNE, un rincón de Java en Surinam


«Para aquel viajero que visite Paramaribo, con tan solo atravesar el río Surinam, tendrá entre sí un lugar, que en un abrir y cerrar de ojos, le trasladará a un rincón al más estilo javanés de Indonesia»


Suriname, Febrero 2012

Commewijne es uno de los diez distritos en que se divide este pequeño país del norte de Sudamérica de lo que fue en su día la antigua Guayana Holandesa.
Durante la época colonial, gracias a las posesiones que tenían los holandeses por tierras orientales de la actual Indonesia, se originó un traslado de mano de obra desde la isla de Java hasta estas tierras sudamericanas para la explotación en condiciones de esclavitud de plantaciones de caña de azúcar, café y cocos
Fruto de este proceso migratorio que duró más de dos siglos, la presencia de esta población javanesa se ha convertido en la más mayoritaria además de otras como las de origen hindú y africano.
 
Desde Paramaribo, en el Waterkant, o el paseo que bordea el río Surinam, y tras pasar los puestos de comida típicos, parten unos pequeños botes de madera para atravesar el mismo.

El precio y la hora de salida es muy variable dependiendo de la cantidad de gente que haya para cruzar el río, que en las horas de más actividad comercial y laboral es muy económico en sentido hacia la capital por la mañana, y viceversa por la tarde en sentido contrario.
 Hay que tener presente esta situación, no hacerse muy el interesado en querer cruzar, y esperar a que se vaya llenando poco a poco hasta el último momento cuando esté un poco lleno para pedir precio. De otro modo puede uno pagar hasta diez veces más del precio normal de mayor actividad.

Una vez en el otro lado, y tras pasar pequeños puestos de comida y vendedores ambulantes de frutas y verduras se encuentra uno con una explanada con minibuses.
 

Con la intención de tomar uno que me llevara a Nieuw Amsterdam con la intención de visitar una fortaleza que dejaron los holandeses, tomé equivocadamente un minibús.

A veces estos errores que se cometen en los viajes, se convierten en bendiciones. En casi dos horas pude disfrutar del paisaje de plantaciones hortofrutícolas, verdes campos de regadío, y arrozales rodeados de numerosos canales y acequias que atravesaban la zona entre caminos de tierra y gente de origen asiático que subía y bajaba del bus para acudir a sus tareas diarias.

Sin saber donde iba el microbús, y sin entender al chofer que me señalaba con su mano hacia donde tenía que tirar, decidí terminar mi recorrido en un lugar donde casi todos se bajaban. 
 
Tras seguir a aquel grupúsculo de gente entre rojizos caminos, se divisaba una carretera asfaltada con un pequeño núcleo de población de origen javanés mayormente, una mezquita musulmana, y algunos pequeños comercios donde poder consumir algún refresco. Muchas casas con pequeñas jaulas con pájaros colgadas en el exterior de cualquier sitio y que hasta los gatos parecían bien aleccionados para no acercarse a las mismas. Por lo que mi di cuenta, es muy notable esta afición por tener aves en cautividad en este país, del mismo modo que en sus vecinas Guayanas.
 
"!Nieuw Amsterdam¡, !Nieuw Amsterdam¡" me decía y me señalaba un señor con su periódico en mano hacia una buseta que se aproximaba mientras sentado en una piedra, me tomaba la cocacola.
Es de imaginar que el amable señor debía haberme visto en el mismo bus que me llebó hasta aquí, y decidí abordarla con celeridad.
 
 
Nieuw Amsterdam, no es más que un bastión utilizado en el pasado para protegerse de los ataques extranjeros situado entre la confluencia de los ríos Surinam y Commewijne. Esta área le recordará al viajero a muchas otras que pueda haber visto en Latinoamérica por los cañones apuntando hacia el mar y la típica fortificación de bloques de piedra, pero con la diferencia de ser un espacio mucho más abierto, con puentes de un intenso rojo que contrasta con el verde pasto y desabridos miradores de madera.
 
También dispone en la entrada del recinto de una zona con unos barracones que fue una antigua cárcel donde se exhiben carros de época y material de guerra de la época colonial.

Si algún conquense visita este lugar, se irá con la pena de no poder ver la robada estatua de Alonso de Ojeda que estaba entre los cañones, y del que dicen que fue el primer europeo en explorar esta zona atlántica de Sudamérica, pero al menos disfrutará del un relajado paseo por este museo de la historia al aire libre.
En las inmediaciones de esta área es frecuente encontrarse con bonitas casas de estilo colonial tropical de madera perteneciente a terratenientes holandeses de la época gloriosa de la producción de café y azúcar. 
 Para hacer más interesante esta propuesta viajera, Commewijne, es un lugar también ideal para aquellos viajeros que les guste el cicloturismo. En Paramaribo es muy común el alquiler de bicicletas, sobre todo por parte de los hostales, y además es muy habitual en viajeros procedentes de Holanda. 
Un paseo por este distrito de Surinam y perderse por esos senderos con aire javanés, nunca dejará de ser una experiencia tan evocadora.
 


 

1 comentario:

V(B)iajero Insatisfecho dijo...

Siempre lo he dicho, Carlos, lo mejor para descubrir es perderse. Yo lo llevo a rajatabla cuando viajo y, por lo que veo, tu -al menos algunas veces- también.
A mí me parece que Surinam debe de ser un país de los que dices "nada que ver, pero qué bonito viaje". A mí me ha pasado.
No sé, no sé..