21 de marzo de 2012

MASVINGO Y EL GRAN ZIMBABUE.


 Zimbabue, Agosto 2011
Masvingo o “massingo” como lo pronuncian los locales, es una ciudad con cierto desatavío que se encuentra en el centro sur de Zimbabue. Esta ciudad por sí misma no tendría mucho que ofrecer al viajero sino fuera su deseo de poder conocer una de los mejores secretos escondidos del continente africano. Estamos hablando de la histórica ciudad medieval más importante de la África subsahariana, «Las Ruinas del Gran Zimbabue».

 
Con franqueza, no fue hasta poco antes que empecé a planear mi viaje con mi esposa por esta región austral del continente africano, cuando tuve algún conocimiento de esta ciudad y de sus cercanas ruinas.
Quizás por su situación un tanto alejada de los focos turísticos de la zona como las Cataratas Victoria, el Parque Kruguer, o el Delta del Okavango que no se encuentra muy de camino, tenga algo que ver con la poca expansión publicitaria del lugar. Si a eso sumamos la baja reputación que tiene el país por su régimen político, inestabilidad y corrupción, provoca que exceptuando la fronteriza Vic Falls sea un país bastante despreciado por los circuitos turísticos incluso aseguradoras de viaje que prescinden de sus servicios en este país. Con este panorama parece que la única solución para visitarlo sea de manera independiente, por otra parte más gratificante que los típicos “overlanders” en camión que operan por estas partes de África.
 
En nuestro caso nos resultó una útil estancia para dirigirnos seguidamente a la fronteriza Mutare, y desde ahí  adentrarnos a Mozambique. Y para llegar hasta allí la hicimos por autobús desde Bulawayo que tomamos sobre las cuatro de la mañana en una gasolinera la Eleventh Av.
Parada de autobuses en Bradbunt St, de Masvingo
Recuerdo que estábamos esperando el bus de pie, con un frio de escarcha enfrente de la gasolinera lleno de “merodeadores”, que es como bauticé a los tipos que se veían por la gasolinera rondando con gorro entre la  escasa y amarillenta luz del alumbrado público. Gente que están cerca de ti, te rondan y que ves que ni hacen ni deshacen, ni esperan a nadie, ni tienen oficio ni beneficio. No se preparan para alguna labor en concreto y tan solo están por si sale algún “business”. Estos merodeadores son muy comunes en paradas de bus, salidas de mercados públicos y en cualquier punto de concurrencia. Poco a poco ves que se te acercan para ofrecerte algún servicio de transporte o producto, y aunque les rechaces el ofrecimiento, no se terminan de ir, y te siguen mirando apoyando su espalda y una suela de sus desatadas zapatillas en la pared o sentados en el borde de la acera. No es una situación violenta pero si es incómoda y más en esas horas de tan poca claridad, que como simpre me dijeron desde niño "de noche todos los gatos son todos pardos”. 

Cos masvingueños a la salida de un supermercado.
Casi cinco horas en un destartalado bus cuyas ventanas tan “incerrables” como “inabribles” provocaba en los pasajeros recurrir a mantas para protegerse del frío airecillo que entraba por ellas. En el bus, sin estar excesivamente abarrotado para los estándares africanos, la escena con la que se encontraba uno, era la usual en estos casos. Convivir con enormes cajas de cartón por el pasillo, montones de bolsas, y de gente con su gallina en brazos. En medio de todo ello, el cobrador haciéndose un hueco entre los obstáculos para cobrarte y darte el cambio en algún otro momento del trayecto del que ya ni te acordabas que te debía la vuelta. Ya poco me sorprende ver como la gente tira sus pieles de plátano, envases y demás sobras por las ventanas con toda la normalidad del mundo, pase el bus por un núcleo urbano o por el campo.

 Casi eran las diez de la mañana cuando llegamos a Masvingo donde no hay una terminal específica de autobuses. Salen y llegan de una calle o de otra dependiendo del destino. En este caso para los buses que vienen de Bulawayo o Harare llegan a la Bradburn St.

Máquina agricola de vapor en el Civic Centre Park de Masvingo.
Nada más bajar fuimos al Backpackers Rest, el único que se puede encontrar en esta pequeña ciudad. Un hostal desaliñado, ruidoso, oscuro, sin el ambiente típico de backpacker. Más bien usado por locales, y que se convirtió en el único lugar para dormir a un precio asequible de 20 USD$ con baño compartido que raras veces estaba libre. No hay muchas más opciones en la ciudad para pasar una noche asequible. Después de ver las otras dos opciones posibles, éstas resultaban carísimas.
 
Como señalo anteriormente, está ciudad de 60.000 habitantes no merecería una visita si no tuviera las cercanas ruinas del Gran Zimbabue.
Raramente es visible a algún viajero occidental y básicamente tiene dos avenidas principales, la Mugabe St. y la Tongogara Av., perpendiculares  entre sí, donde se centra la actividad comercial. Precisamente es por la tarde cuando toda la gente aprovechaba para hacer sus compras en los supermercados, todos de origen sudafricano al igual que la mayoría de los productos que se pueden encontrar en sus estantes.

Locomotora de vapor 204 en el el Civic Centre Park de Masvingo.
La verdad es que se nota que el país está muy influenciado por su vecino del sur. Como en toda esa zona meridional del continente, las remesas procedentes de expatriados en Sudáfrica ayuda a la decadente economía local.
Estos supermercados son muy recurrentes y se convierte en la mejor opción para proveerse de alimentos para el viajero, ya que la ciudad no se caracteriza precisamente por restaurantes, si exceptuamos algunos de comida rápida y pizzas para llevar.
Una cosa que me llamó la atención, no sólo de Masvingo sino también en más lugares de Zimbabue, es que cuando entras a un comercio y preguntas si tienen tal o cual producto te dicen el precio directamente. En esa respuesta ya viene obviamente implicito el "si tienen". Cuando no lo tienen ya te dicen "no".


Mercado de ropa en una calle de Mavingo.
En Masvingo se consume una bebida muy popular llamada "Stoney beer" bastante popular y que puede confundir al viajero pensando que se trata de una cerveza. En realidad se trata de una bebida enlatada que por su sabor me recordó a una bebida refrescante de zarzaparrila que se tomaba en España hace años de aspecto similar al refresco de cola. Para cerveza como la conocemos la marca que más se ve es la sudafricana Castle.

Además de un sencillo mercado callejero de ropa, bolsos y artículos de hogar, me queda como más destacable de la ciudad el Civic Centre Park. Una plaza ajardinada donde los amantes de las maquinas de vapor y de la ingeniería mecánica en general, podrán disfrutar de ellas. No sólo hay de índole ferroviaria sino también usadas para la agricultura y otros usos industriales, todas ellas herencia de la época colonial británica. Están muy bien cuidadas y el jardín donde están expuestas, es un lugar tranquilo agradable para descansar o hacerse un picnic.
No muy lejos del parque y enfrente del Hotel Chevron hay una oficina de turismo que aunque muy escasos de planos y folletos dan una eficiente información, en inglés obviamente.

Ruinas del Gran Zimbabue 

Muralla del Complex Hill
Hablar de las ruinas del Gran Zimbabue (Great Zimbabwe), es poco menos que decir que se trata del las mayores ruinas de carácter medieval de toda la África Subsahariana y que dieron nombre al resto del país.
Antes de ahondar un poco sobre estas ruinas, cabe decir que están a unos 30 km de Masvingo. Para llegar, si no se dispone de transporte propio, se puede llegar con transporte público tomando un par de minibuses, aunque puede resultar un poco confuso.

Lo mejor es caminar hasta la Universidad Politécnica que está a las afueras de la ciudad. Es fácil de llegar por los universitarios que se ven caminando hacia ella y muy visible desde la distancia.
Una vez llegas a ella, ya es preguntar cuál es el minibús que va en dirección a las ruinas. Por un dólar, no te llevará a la ruinas, pero te deja en el cruce más cercano en plena carretera.

Estos minibuses tan omnipresentes en África, son muy usados por la gente, y a pesar pueden resultar agobiantes, son sin duda la mejor manera de interactuar con la gente local. Cuando te dicen “fo-fo”, no significa otra cosa que vayas dejando hueco, en otras palabras, que vas muy cómodo. Un asiento no significa una plaza, quizás tres cuarto o la mitad de la misma. Este aspecto hay que tenerlo muy en cuenta al viajar, no sólo en Zimbabue sino también en los países vecinos.

El IMBA HURU o The Great Enclosure asentado en el Complex valley.

Dicho esto, la gente es muy amable y te dice donde te tienes que bajar. El cobrador y el conductor también sabrán que vas a las ruinas y te dejarán en el cruce.
A partir de ahí, algo más de tres kilómetros caminando te lleva hasta la entrada del recinto, aunque no está muy bien señalizado. El lujoso hotel Great Zimbabwe que habrá que atravesar está a muy pocos metros de la entrada en cuya caseta de tickets habrá que pagar 15 $USD.
 
Conos interiores del cercado amurallado.
En el Gran Zimbabue debió existir una muy prolífica civilización originarios de los actuales Shona, que surgió sobre el año 1100 DC y que se desarrolló por tres siglos.
Una vez se entra en el complejo histórico es muy fácil observar las diferentes etapas en las que esta civilización estuvo asentada.

Se desconocen a día de hoy muchos detalles de dicha civilización pero por los hallazgos encontrados de origen indio y chino da muchas pistas de que tuvieron interacciones con otras civilizaciones de ultramar con la que comercializaban sus productos.

Los portugueses, que fueron los primeros europeos que transitaron por estas zonas meridionales de África, ya constataron y dieron fe de la presencia de esta civilización a través de sus escritos.

El caso es que al igual que pasó con muchas otras civilizaciones del mundo antiguo, desapareció sin conocer las verdaderas causas, pero al menos nos han quedado estas impresionantes construcciones formadas con piedras de granito perfectamente  unidas sin argamasa.

Básicamente, este complejo histórico está claramente dividido en dos áreas cuyos dos caminos de tierra divergentes te llevan a cada una de ellas.
Una de ella es el Complex Hill, es la parte más alta asentada sobre una colina rodeada de inmensas piedras de granito donde hay que ir subiendo por pasadizos escalonados. Una vez se alcanza la cima se adquiere una impresionante vista del valle y se topa uno con cercamientos de piedra, cuyos reyes tenían guardados sus valiosas pertenencias. Allí es también donde debieron habitar además de los reyes las clases más nobles.
Interior del pasaje concéntrico.
La otra zona claramente diferenciada es Complex Valley, que se encuentra en la zona baja de complejo. Al tomar el camino que nos conduce a ella,  la cálida bienvenida de los traviesos babuinos y una peculiar vegetación de cactus y arbustos característicos de zonas áridas , nos dirige a este lugar mágico.

Una serie de impresionantes cercados amurallados redondeados y elípticos construidos de piedras perfectamente encajadas entre sí, es lo que espera al viajero. La estructura de estas construcciones ancestrales nos dan un poco las claves de que este pueblo, además de buscar protección de invasiones externas, las utilizaba para el acopio de sus valiosos productos.

Sobre todo es impresionante el Imba Huru, que con sus 250 metros de circunferencia destaca como el cercado amurallado mayor de los que constituyen esta parte de las ruinas.

Alto del Complex Hill
También es de destacar otras estructuras cónicas también de piedras en su interior.
Entre las dos zonas del complejo hay una reconstrucción de un poblado karanga que nos ofrece una idea de lo que sería en su tiempo de esplendor este reino. Una extensa zona conurbada donde existirían este tipo de viviendas para que las habitaran las clases más bajas de aquella sociedad. Lugar que es aprovechado para exponer artículos y souvenirs para su venta. Si uno se acerca a esta zona escuchará instrumentos de percusión locales para llamar la atención de visitantes y turistas.
También hay un humilde museo cerca de la entrada donde te muestran más detalladamente la historia del Gran Zimbabue, y que dicho de paso, los bedeles y guardias de seguridad te recuerdan unas cuantas veces que no se pueden tomar fotos aunque  lleves la cámara guardada.

En estas ruinas el viajero no se sentirá nada agobiado ya que no es un lugar de turismo masivo, y donde se respira mucha tranquilidad.  Tampoco tendrá el típico acoso del guía informal ni del vendedor ambulante que se suelen presentar en este tipo de centros arqueológicos por todo el mundo.

Apenas coincidimos con una familia de blancos sudafricanos y un colegio de alborotados niños que no fueron impedimento para disfrutar del lugar, ya que mientras ellos estaban en una zona, nosotros estábamos en la otra.

En resumen, un interesante lugar para conocer y que aconsejo visitar para todos aquellos que le guste lo histórico y ancestral. Diferente de lo que haya visto con anterioridad, sin turismo masivo y en un emplazamiento  ideal para disfrutar del paisaje.