9 de noviembre de 2011

EL SALVADOR. Pequeño gran país de Centroamérica.

EL SALVADOR , Agosto 2008


Inevitablemente, para cualquier viajero que se aventure a tomar la mítica carretera interamericana para cruzar Centroamérica, deberá atravesar este pequeño país asomado al Océano Pacífico y apoyado sobre  activos volcanes en el pleno “Cinturón de Fuego”.

Sus frondosos bosques selváticos entre lagos, un accidentado litoral de acantilados y manglares, y unas bravas playas para descubrir, hacen de El Salvador un rincón de Centroamérica que como viajeros no debemos evitar.

 El Salvador es un país desairado desde el punto de vista mediático en cuanto que no hay muchas revistas de viaje que le dediquen muchas portadas. Un país no muy bendecido por las grandes cadenas hoteleras para sus inversiones turísticas, y que ni siquiera tiene el beneplácito de muchos viajeros como destino preferente gracias a la injusta campaña que se recibe de este país de vulnerable a catástrofes naturales, y con la etiqueta de ser un país peligroso en cuanto a los índices de violencia se refiere.

Plaza Barrios frente al Palacio Nacional.
En todos estos aspectos puede que haya algo de realidad, pero sinceramente me pareció un país fascinante para recorrerlo sin reservas, para disfrutar de la naturaleza, de algunas joyas arqueológicas de que dispone, la gastronomía, y sobre todo la calidez de la gente que junto con Nicaragua es donde la encontré más agradable y abnegada con el viajero de toda Centroamérica. 


De todos es conocida la influencia que tiene el gigante estadounidense sobre todos los países de América latina. En El Salvador, esta circunstancia no es una excepción, prueba de ello es la cantidad de empresas textiles americanas que tienen su actividad industrial allí. En este país centroamericano dicha influencia se hace más que patente por la presencia del dólar como la única moneda usada para cualquier transacción. 

Catedral Metropolitana.
Sería más justo poder ver al futbolista Mágico Gonzalez o cualquier otro personaje célebre del país en los billetes, que la de George Washington, pero esta es la triste realidad que comparte con otros países americanos como Ecuador o Panamá.
Hasta la palabra “cora” la utilizan para referirse a la moneda de 25 centavos por asimilación de la misma forma en la que los estadounidenses pronuncian “quarter”.

Del mismo modo, México es el otro gran país de Norteamérica cuya influencia cultural es más que evidente. Basta con encender la televisión o escuchar cualquier emisora de radio para ver personajes como El Chavo del Ocho, películas de El Santo enmascarado, escuchar a Vicente Fernández y demás música mexicana como rancheras y gruperas. Fruto de ello es la cantidad de mexicanismos que han quedado adoptados al  español salvadoreño.

Plaza de las Américas, El Salvador del Mundo.
No es nada difícil notar la presencia cultural  del país azteca y algún que otro mariachi en las fiestas.
Hasta en la mesa apenas se pueden ver las diferencias en la que ningún mexicano se sentiría extraño degustando las exquisiteces gastronómicas del país y viceversa. Esta influencia también se convierte en una rivalidad unidireccional especialmente cuando México se cruza en cualquier torneo “futbolero” para la clasificación del mundial, siendo el gran rival a batir. 

Para llegar a El Salvador, es muy accesible desde Guatemala y Honduras. Desde ambos países se puede llegar por carretera gracias a las compañías de transporte terrestre de Tica Bus, y Autobuses King Quality. 
Tica Bus, que conecta toda Centroamérica, fue la compañía que escogimos mi esposa y yo. Unos autobuses muy cómodos, que saliendo sobre las 6AM de la mañana desde la Ciudad de Guatemala nos dejó en la Terminal de San Salvador sobre las 11AM. 

Parque Bolivar en San Salvador.
El paso fronterizo no es muy complicado. El coleccionista de sellos para su pasaporte, que se olvide de tenerlo en el mismo, ya que gracias al acuerdo migratorio que comprende a los países de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, una vez entra uno en cualquiera de estos países por primera vez, tiene autorización para circular por estos países en 90 días. En cualquier caso como cualquier paso fronterizo, no faltan los cambistas de divisa, puestos de comida.
La frontera natural de ambos países en su lado occidental queda dividida por el Rio Paz en la localidad de La Hachadura, y los ciudadanos de ambos países apenas se han de parar para cruzar de un lado a otro mostrando su credencial, muchos con ella colgada del pecho.
Al llegar a San Salvador nos bajamos en la parada de la Calle Concepción, junto al Hotel San Carlos. Este hotel  es muy básico de habitaciones sencillas, pero para los que deseen continuar hacia Nicaragua, es ideal ya que está conectado a la parada del Bus y a la sala para sacar los boletos. Teniendo en cuenta que la salida del Bus era a las cinco de la mañana, y para evitar tener que tomar ningún taxi fue una muy buena opción.

Estatua de Simón Bolivar en el Parque del mismo nombre.
Si alguien se decide a pasarse por San Salvador en el mes de Agosto, lo mejor es hacer coincidir la visita con las fiestas patronales de la capital conocidas como las Fiestas Agostinas en honor al Divino Salvador del Mundo. Tiene lugar a primeros del mes de Agosto y fue una acertada decisión para ver actividades culturales y festivas relacionadas con las Fiestas.
Un primer paseo que cualquiera se dé por el centro de la capital salvadoreña le puede resultar algo caótica y contaminada, pero ni mucho menos carece de la personalidad de otras capitales latinoamericanas.

Azotada por seísmos del pasado en el centro histórico que afectaron seriamente a edificios emblemáticos, tiene algunos rincones interesantes para caminar y conocer. La Plaza Barrio es el epicentro de la ciudad donde se halla la catedral Metropolitana decorada de coloridos murales en su fachada y en otro lado el Palacio Nacional de estilo renacentista.
Debido a las fiestas de San Salvador había una gran animación en la Plaza y de Parque de la Libertad que queda a un lado, donde incluso repartían Paella Valenciana gratis a quien lo quisiera haciendo la cola correspondiente.
La Plaza Morazán para ver el Teatro Nacional, que también como el Palacio Nacional es de estilo renacentista.

Pupusería típica de El Salvador.
Caminado por la Calle Rubén Darío se llega al Parque Bolívar, donde no falta la ecuestre estatua de Simón Bolívar, que a pesar de que este libertador no tuvo ningún protagonismo en el país, queda de esta manera su reconocimiento. También hay un curioso quiosco donde la gente se sienta para sus lecturas favoritas.
Con la Plaza de Las Américas más hacia al norte donde está el  Monumento al Salvador del Mundo y el Parque Cuscatlán se podría cerrar el círculo de los edificios y parques más representativos del centro histórico de San Salvador.

Aparte de estos puntos de interés, no hay que eludir el Mercado Central que se extiende por la Avenida 9 de Agosto y  adyacentes en puestos al aire libre. Se pueden hallar artículos de todo tipo, fruta exótica, animales de corral vivos, carne y pescado como en cualquier otro mercado latinoamericano. Es también sin duda el mejor lugar para echarse un bocado o comer cualquier de los  menús que sirven.

Una orden de pupusas ,salsa y Pilsener.
Hay bastante competitividad para que te sientes a comer, incluso las chicas meseras, te agarrarán del brazo y te dirán de una manera muy cariñosa  y un tanto atrevida: “amor siéntate, ¿qué se te ofrece? Tenemos sopa de cangrejo, ceviche, corvina, salpicón, pupusas…”
 La verdad es que los precios son muy económicos, en especial todo lo referente al marisco y pescado. 
 Ir a El Salvador y no probar las pupusas es como venir a Valencia y no probar la Paella. 

Es una delicia que no hay que perderse. Las suele haber de queso, chicharrón y frijolesy acompañadas de alguna salsa picante le da su toque, y por supuesto con una Pilsener.
Son como tortillas de maíz algo más gruesas en las que se mete en el interior la mezcla de los ingredientes descritos. Quien se haya paseado por el centro-norte de México les encontrará ciertas similitudes con "las gorditas".



Para estar pocos días en San Salvador y aprovechando que estaban en las Fiestas, que mejor solución que ir al recinto ferial que se hallaba a unos 300 metros al sur del Hotel San Carlos. Pagando una pequeña entrada te daba derecho a pasar todo el tiempo que quisieras.

Fue una inmejorable ocasión para conocer de manera más comprimida la cultura y costumbres del país. Si se toma en cuenta que en este tipo de festividades se suele conocer importantes aspectos como las danzas y bailes folclóricos, los trajes regionales, el cómo se divierten los niños con la quiebra de piñatas y los payasos, la música regional, la gastronomía, y en general la manera que tiene la gente local para divertirse, te vas con una idea más amplia de idiosincrasia del país.

No todo iba a ser cemento y ciudad, había que conocer algo más,por lo que tomamos el bus 102 desde el Parque Bolívar hacia Puerto Libertad, localidad costera a 35km y a una hora de ruta ya en el Océano Pacífico. 

Puerto Libertad con el malecón al fondo.
En San Salvador los autobuses de rutas internas suelen ser muy parecidos a los que se ven en los países como Guatemala o Nicaragua. Muy viejos y austeros pero muy funcionales. Hay que tener en cuenta que en los lados aunque parezca de dos plazas son en realidad para tres con lo que hay que estar preparado para apretar un poco las posaderas para que entre una persona más. Y como escena habitual se convierten en mercados ambulantes donde la gente sube a venderte de todo, frutos secos, galletas etc. 

Recuerdo con gracia cómo vendedores decían repetitivamente “auelada” “auelada”… Se trataba de agua muy fría que las vendían en pequeñas bolsas cilíndricas atadas en un nudo que van sacando de sus neveritas para ser bebidas de uno o dos tragos y tirarlas.
Muchos autobuses como puestos de comida, coches etc. llevan pegatinas, escudos, peluches, banderitas y demás artículos relacionados con el Real Madrid o el Barcelona incluso pintados con motivos relativos a estos clubes.

Puestos de pescado en el muelle de Puerto Libertad.
Este hecho es muy significativo en muchos países en especial latinoamericanos, pero aquí en el Salvador es donde más lo puedo cerciorar. Si dices que eres de España, ya automáticamente te preguntan de cuál de esos  dos equipos eres. Yo que soy del Valencia  ponían cara de total extrañeza, y luego me decían “ah buen equipo también”. Y por supuesto tienen la misma rivalidad por el fútbol que en España con estos dos equipos.

Puerto Libertad es un lugar de esparcimiento para los capitalinos en especial en los fines de semana. La cercanía de la capital y las playas a las que se puede acceder desde allí facilita mucho una visita.


También es un lugar ideal para degustar muchos platos donde el pescado es el principal protagonista en los muchos restaurantes de que dispone. La Playa de Puerto Libertad en sí no es lugar para darse un baño, dado que su playa tiene un aspecto muy degradado, pero si al menos como para entregarse a un paseo por el malecón con mucha vida y frecuentado por familias ademas de puestos de venta de artesanía. No hay que perderse  caminar por el muelle, que de manera perpendicular a la costa se adentra en el mar, sobre todo en la parte central del mismo donde se vende el pescado fresco y también seco. Y al final gente echando la caña para ver si pesca algo.

Muelle de Puerto Libertad.
Con un par de horas allí es más que suficiente pues poco más hay que ver además de una vuelta por el centro del pueblo. Desde Puerto Libertad podremos tomar otro Bus a cualquiera de las playas que merecen verdaderamente la pena. Hay varias como la de Las Flores, El Obispo, La Paz y la de San Diego. Esta última es la que elegimos para visitar pero en lo general son parecidas e ideales para surfistas por las grandes olas que se generan.

A la Playa de San Diego llegamos tomando la ruta 80 a una media hora en el bus. Se trata de una playa de 7 km de aguas bravas y en las que están muy alejada de la idea de los modelos turísticos que todos conocemos.

Playa de San Diego en un rancho.
Existen “los ranchos” a lo largo de las playas, que es de la manera como los salvadoreños le llaman a las casas construidas a lo largo del litoral, muchas de materiales ligeros y techos de paja. En los ranchos, los lugareños te pueden alquilar una habitación y te pueden servir también de comer. No tienen casi comodidades y en muchas de ellas tendrá el viajero que convivir con animales de corral y perros, pero el ambiente familiar será incomparable y  la mayoría van a dar a la arena de la playa. 
Unos hospedajes que francamente recomiendo y en especial “El Rancho Los Nadie”, un nombre que aunque no dice mucho nos sentimos muy a gusto, el pescado y los camarones al ajillo memorables.

Para concluir, doy por terminado el relato por este país pero categóricamente puedo afirmar que no habrá sido ni la primera, ni última vez que lo haya visitado.
De hecho estoy ansioso de conocerlo más prolongada y profundamente. Hay mucha naturaleza por ver como el Parque Nacional El Imposible, volcanes como el Izalco, las ruinas arqueológicas de la La Joya de Cerén o San Andrés, y pueblos mágicos como Suchitoto que me esperan o al menos yo espero verlos muy pronto. Perdérmelo sería un lujo que no me puedo dar.

Hasta pronto El Salvador……te quiero así, siente orgulloso de cómo eres!!!