23 de octubre de 2011

GURUÉ. La tierra del té Mozambiqueño.

Mozambique, Agosto 2011

Esta localidad de la Zambezia mozambiqueña, nos ofrece uno de los parajes más agraciados del país. El soberbio monte Namúli, el segundo más alto del país con 2419m, testigo de los aterciopelados valles de plantaciones de té, y una bella naturaleza de cascadas y singulares aves, provoca en el viajero un irrenunciable paseo entre sus rojizos caminos, y de paso conectar directamente con el recibimiento de risueños niños y con el día a día de sus lugareños.

Gurué, con más de 100 mil habitantes, localizada en el centro-norte de Mozambique, es sin duda un punto obligado para cualquier viajero que se halle rondando esta zona del país, entrando a Mozambique desde Malawi, o subiendo camino del Lago Niassa. Para aquellos viajeros que anden buscando la costa y en especial los puntos interesantes como La Ilha do Moçambique, Zacala  o Pemba, es una buen punto para desde ahí dirigirse a Nampula, y si se tiene algo más de tiempo poder hacerlo en tren desde Cuamba, una experiencia que el viajero no olvidará jamás.

En esta ocasión viajé con mi esposa y llegamos en chapa desde la población de Mocuba, a unos 200km al sur.
Como es la primera vez que hablo de Mozambique contaré que las chapas son como microbuses que son muy habituales para transportar a la gente entre las ciudades, y en los que la capacidad del mismo no va en función de los asientos que tienen. Literalmente hablando, su capacidad está basada en el volumen de carne humana, paquetes, cajas, bultos y algunos animales de corral, todo transportable arriba, dentro, abajo donde sea de la chapa. Cualquier hueco es muy aprovechado.
Mejor no se puede expresar, y hasta que no están llenas, apretadas del todo, la chapa no sale. Normalmente en ellas, uno es el que conduce y otro es el que se encarga de cobrar y acomodar tanto a la gente como a  la mercancía.
En Mozambique estas chapas suelen salir a horas tempranísimas que pueden variar desde las 3:30 a las 8:00 de la mañana sin exagerar. La verdad es que siempre hay que supermadrugar para tomar estas chapas para ir de un punto a otro para recorrer el país cuando la distancia es considerable.

En nuestro caso salimos a las 5:30 de la mañana desde Mocuba, pero a las 4:15 ya estábamos en la chapa para ocupar lugar, por lo que estuvimos sentados más de una hora esperando dentro de la misma hasta que se llenara. La tomamos en una explanada antes del puente del Río Licungo.

El viaje costó 200Mtn (5.5€) y duró unas 3 horas y media. El paisaje va variando a medida que vas llegando, desde paisajes más secos a más verdes, gracias a los hermosos  valles con campos de té que se van divisando antes de llegar.
La chapa nos dejó en la Plaza de la Independencia, y lo que más recuerdo de mi primera impresión del pueblo, era el sofocante calor y las polvorientas calles de tierra rojiza. Me nos mal que las frecuentes lluvias torrenciales de media tarde y en vez en cuando algún camión cisterna que riega la calzada, evita que se levante más el polvo.
Desde esta plaza era el mejor punto para ir en busca de alojamiento.
El primero que vimos fue el Motel Monte Verde, era barato pero las habitaciones olían bastante mal. De ahí fuimos a la Pensao Gurué con un aspecto más decente, con habitaciones con y sin baño, y lo que más me gustó fue la terraza bar de abajo para echarse un buen café tranquilo. En total eran 700 Mtn (20€) con baño compartido. 

Disponía de  Wi-Fi aunque pagando un extra de 100 Mtn por día,  el único lugar del pueblo con acceso a internet pero no nos gustó el trato de la propietaria de origen europeo que nos atendió. Antes de decidir quedarnos, seguimos buscando y dimos con La Casa de Huespedes Licungo en la Av. 25 de Setembro, cerca también de la Plaza de la Independencia. Sin duda un acierto, 600Mtn (16€) con baño compartido y nos sentimos muy a gusto. Creo que éramos los únicos huéspedes. La habitación era muy sencilla pero muy limpia y los chicos del mismo nos trataron muy bien. También podías hacer uso de la cocina, lavar y tender ropa. Para cocinar había que usar el carbón vegetal. Aparte de eso te informan muy bien para hacer las caminatas por los campos de té y para los menos atrevidos te pueden acompañar por 300Mtn (8€).

El pueblo en sí, no tiene mucho que ver. Un relajado paseo por las calles que van a dar a la plaza principal te lleva a  un cubierto Mercado Municipal donde venden comida hecha, sobre todo pescado frito y arroz. Además como cualquier mercado también se puede comprar fruta, verdura ,y recomiendo comprar unos panes redondos en la entrada muy baratos.
Alrededor de este pequeño mercado también hay comercios de alimentación y de artículos de ferretería y electricidad, y que en casi todos los casos están regentados por indios, o como les llaman en Mozambique “indianos”. Esta colonia asiática está muy presente a lo largo país y en Gurué no es una excepción  dominando gran parte del espectro comercial de Mozambique.
Quien quiera llenarse un poco el estómago mientras pasea, puede probar de los puestos callejeros como una especie de buñuelos colombianos, pero más pequeños. Las mujeres que los venden, te pinchan el que hayas elegido con un palito de madera. Aunque en mi opinión un poco con sabor a refrito.
A las afuera del mercado también había muchos puestos de venta de ropa y de zapatillas deportivas usadas.

Este es un tema a considerar y que dejo caer porque creo que es bueno que se conozca. Mucha de la ropa y calzado que entregamos en los contenedores en Europa seguramente vayan a parar a estos mercados para ser revendida y no ofrecida gratuitamente como se cree. Este beneficio económico y aprovechado por terceros de esta manera tan obscura, me hizo reflexionar bastante sobre el manejo de recursos y bienes en África, situación poco conocida por parte de la gente que con buena voluntad deja caer la bolsa con ropa usada en los contenedores de ropa de nuestros barrios.
Por la zona de la Plaza de la Independencia no hay mucho que ver. Para los curiosos podéis meteros al cine Gurué y ver la cartelera de películas que proyectan, muchas ya pasadas, de acción y otras del Bollywood hindú. Arriba está como una decadente discoteca al estilo de los 70s donde no falta la esfera de espejos, un poco cutre pero al menos hay donde divertirse. 

Caminando hacia el ayuntamiento hay una pequeña linda iglesia y quitando algún edificio donde deja entrever el pasado colonial portugués de la ciudad, poco más hay que ver del núcleo urbano
La oferta culinaria del pueblo está muy limitada. El restaurante del Hotel Gurué se puede comer algo más selecto pero caro. Y en otros restaurantes como el Restaurante Namuli y el Restaurante Monte Verde el menú está muy limitado al frango (pollo) ,o al bife el cual has de esperar que lo descongelen primero, acompañados como muy habitualmente se hace en Mozambique  con patatas fritas, arroz y ensalada de repollo.

En Gurué es mejor comprar pan del mercado y comida de los indianos para cocinártela en la Casa de Huéspedes o bien en plan pic-nic en las caminatas por los campos de té.

El viajero que viene a Gurué, no lo ha de hacer para degustar delicias gastronómicas o para ver exquisita arquitectura,. El viajero que se acerque por aquí, lo que realmente le debe interesar son los  paseos  por los extensos campos de té que rodean el pueblo, para hacer buenos trekkings, y para los aventureros más intrépidos, subir hasta la cima del Monte Namuli. Aunque no hay que ser un especialista en montañismo, dicen que es una dura ascensión, pero irrenunciable para los aficionados a la ornitología por la gran variedad de aves que se avistan.
Hay varias caminatas interesantes, y aunque se puede ir con un guía que te proporcionan en los hostales, se pueden hacer si ellos ya que aunque la señalización es deficiente, la anchura del camino y la propia gente local o los propios recolectores de té, te indican los caminos. Se dice que esta zona fue una de las más castigadas por la colocación de las minas antipersona que asoló la guerra civil, pero parece que ya han sido desactivadas y hace ya mucho tiempo desde la última que explosionó. O sea que la tranquilidad en este tema debe ser total, y más caminado por el sendero normal.

Aunque hay una ruta que recomiendan que es hasta “La Casa do  Noivos” una antigua casa colonial donde hay unas hermosas vistas del valle con la ciudad al fondo, nosotros fuimos sin guía hasta unas bonitas cascadas a unos 9 km del pueblo.
Al empezar el recorrido saliendo del pueblo por la escuela primaria que hay al lado de la Casa de Huéspedes Licungu, en vez de seguir el camino  directamente, una alternativa es atravesar un pequeño valle que te devuelve de nuevo al camino que lo rodea. En este valle a la salida de pueblo es un inmejorable lugar para convivir por un rato con los lugareños y los niños que se te acercan.
Este barrio está formado por palhotas (pallotas) que son chozas hechas con baldosas de barro que allí mismo las fabrican cavando en la tierra, y en un molde le dan forma de baldosa para que se sequen después al sol. Nuestro paso por allí no paso desapercibida para la gente y en especial por los niños. No es mala idea llevar caramelos, útiles escolares y canetas, que es como ellos llaman a los bolígrafos. Los adultos también te reciben calurosamente y te puedes parar con ellos para hablar de cualquier cosa. 

Mujeres lavando ropa en los pequeños saltos de agua de los riachuelos, las gallinas rondando las palhotas y los papayos, y el olor de la comida que sale de los calderos sobre el carbón es la escena más repetida de este lugar.
Realmente merece la pena convivir por un rato con esta gente, del mismo modo notas que ellos también lo agradecen. Este tipo de interacción con la gente local  de manera natural  tiene una recompensa espiritual  muy importante, que aunque no vayan con taparrabos, nada tiene que ver con las turisteadas que dan muchas agencias en muchos lugares del mundo para visitar comunidades o tribus que se disfrazan o se pintan la cara para la ocasión y la foto, y luego se van a la oficina bancaria a trabajar.
Ya retomando el camino hay que ir caminando unas dos horas más caminado hacia arriba. En el camino se atraviesa el puente del Rio Licungo, un punto para descansar contemplando cómo la gente se baña, lava su ropa o muele el maíz. 

Después se llega a una vieja factoría de té, y desde ahí atravesando los aterciopelados e innumerables campos de té se alcanza la cascada. Todo ello  viendo cada vez más cerca la pared del Monte Namuli.
Durante por el paseo por el camino es usual cruzarse con gente, generalmente niños y recolectores de té, y sólo hay dos cosas que te piden: Garrafas que es como les llaman ellos a las botellas de plástico de agua. Los recolectores por su parte lo que piden es tabaco.
Creo que si hubiera llevado un cartón con 20 cajetillas de tabaco no hubiera sido suficiente para regalar a cada uno que te pide, y casi igual para las botellas vacías de agua. Las botellas de agua de plástico es un bien muy codiciado en esta área que son reutilizadas para muchos usos.

Las cascadas no es que sean más espectaculares que las que se puede uno encontrar en Los Pirineos por ejemplo, pero es una buena referencia para terminar el trekking , sacarse los bocadillos y disfrutar de picnic en plena naturaleza disfrutando de la vista y de aire puro de la zona.
El regreso a Gurué es más llevadero porque se va descendiendo y de nuevo se encuentra de nuevo a la misma gente que se encontró en el ascenso.
Con ello dimos por concluida la visita por esta localidad de dos días para continuar hacia el norte buscando Cuamba y poder tomar el tren hacia la costa.
No deseo terminar mi relato sin comentar un suceso que nos ocurrió en Gurué, pero bien podría haber sucedido en cualquier otra localidad de Mozambique. No es agradable tener que contar estas cosas que muchas veces suelo ignorar en mis relatos por ser sucesos puntuales y que  puedan aparecer en cualquier lugar
Dicho esto, en esta ocasión considero que he de  hacerlo para advertir que estas cosas pasan ocasionalmente y en especial en el continente africano. El viajero ha de considerarlo y que luego bajo su criterio, le dé la magnitud que le merezca, para que si es posible pueda prevenirlo y que no empañe la satisfacción por la visita del lugar.

En el momento de partir para irnos a Cuamba, salimos de la casa de huéspedes con las mochilas sobre las 4:30 de la mañana con la intención de llegar los primeros al camión y  ocupar los asientos de la cabina del conductor. Ocupando la cabina se evita el no tener que ir 4 horas en el remolque sentados en el borde, colmado de gente y carga, y aguantando los baches, el frio y el polvo. Para ir a Cuamba sólo va un camión al día y no van las chapas. Ya en Quelimane tuvimos que ir en uno, y como experiencia está muy bien en algún trayecto, pero por la duración y las condiciones del trayecto preferíamos ir en la cabina en esta ocasión. Para ello había que llegar con suficiente antelación al mismo.
Nos dirigíamos a la explanada de donde salen las chapas y camiones que están en frente del mercado, y pasando el Hotel Gurué había una cantina con muchos militares fuera bebiendo.

La tarde noche anterior a la partida ya notamos la presencia de muchos militares en el pueblo y autobuses militares aparcados pero no le dimos importancia.
Nosotros nos cambiamos de acera pero uno de ellos gritando nos llamaba la atención con un “!eh Branco!” , “!Branco!”. Como lo vimos bebido lo ignoramos y aceleramos la marcha para que nos perdiera de vista y nos dejara en paz, y parece que así fue.
A la llegada a la explanada, buscamos el camión, y el conductor que andaba durmiendo nos dejo subir y nos sentamos en los dos asientos de la cabina del camión que estaba aparcado con el morro mirando una pared.
Hasta ahí todo bien, pero de repente vemos a tres militares buscándonos con una linterna por todas las chapas y camiones para ver donde estábamos.
Nos temíamos lo peor y como no podía ser de otra forma nos localizaron, la luz de la linterna en nuestra cara nos delató completamente.

El miedo que se apoderó en ese momento era tan inmenso que nunca te piensas lo que te va a ocurrir. Te vienen muchas cosas a la cabeza y no sabes cómo actuar. El conductor del camión, único testigo de la escena, desapareció completamente. Los tres militares con aliento a alcohol, nos abordaron pidiendo los pasaportes. Podría dan muchos más detalles muy desagradables de lo que pasó después en aquella negra noche de madrugada en el camión, pero considero que no debo relatarlo en un blog. Al final la situación se tuvo que resolver con dinero afortunadamente, y digo afortunadamente porque en esos momentos el dinero es lo menos importante de la vida. Una vez se fueron con el botín,  el susto en el cuerpo se nos mantuvo durante hora y media después hasta que amaneció y el camión se fue de Gurué.
En cualquier caso y aun habiendo este negativo episodio, hay mucha gente normal, que aunque sea pobre  se gana la vida humildemente y no merecen perder el poco dinero que les pueda llegar a través del turismo.
Son tan victimas como nosotros de estas alimañas que bajo el disfraz de un uniforme militar o de policía, provocan con sus extorsiones intimidatorias el terror entre propios y extraños.
A pesar de esto, este variado país tiene mucho que ofrecernos con sus paisajes, su naturaleza, playas y bellos atardeceres, de la misma manera que nosotros como viajeros tenemos también mucho que ofrecerles, como es nuestro aprecio por sus costumbres, cultura y nuestra colaboración para su prosperidad en forma de bienestar, justicia y dignidad, su gente bien se lo merece…

11 de octubre de 2011

ZAMBOANGA, La ciudad mas hispana de Asia.

Filipinas , Agosto 2010


«...Zamboanga Hermosa, preciosa perlita
Orgullo de Mindanao.
Tus bellas dalagas son las que hermosean
Tu deliciosa ciudad.
Flores y amores que adornan tu jardín
Eres la imagen del bello edén;
Zamboanga hermosa, preciosa perlita
Orgullo de Mindanao...»


Qué mejor comienzo para este relato, que empezando con esta preciosa estrofa de la canción más popular de Zamboanga.
Para cualquier viajero que haya recorrido Asia, bien es conocedor de la poca influencia de la cultura hispana por el continente. Deberíamos ir a Macao o a Timor Oriental para encontrar algo más parecido, si consideramos las similitudes culturales que nos une con el país luso, el cual tuvo su influencia colonial en estos enclaves asiáticos. Filipinas es sin duda el gran exponente de nuestra influencia hispana en Asia.

No resulta nada difícil vislumbrar al pasear por las calles, degustar su gastronomía o al contemplar una iglesia, los efectos de la herencia española.
Y si hay un lugar en las Islas Filipinas que además de esa herencia cultural, puede uno hasta comunicarse en cierta manera en la lengua castellana, ese lugar es la “Perla de Mindanao” la hermosa ciudad de Zamboanga.

Ayuntamiento de Zamboanga.
Zamboanga, por su situación geográfica en el archipiélago, no es  precisamente un lugar que quede muy de paso de ningún recorrido turístico del país. Más bien hay que ir expresamente para conocerla.
La primera vez que tuve conocimiento del lugar, fue a través de un programa de la 2 de TVE, y en el que  misionero español Ángel Calvo relataba todo sobre sus labores de ayuda social en dicha ciudad con la gente más desfavorecida de la provincia. Después de ello, también me llegaron informaciones de prensa, de que era un lugar de los más calientes de Filipinas en cuanto a terrorismo y secuestros, en particular hacia misioneros y extranjeros.

La isla de Mindanao ha sido la más azotada por este terrorismo fundamentalista a manos del grupo islámico Abu Sayyaf, y Zamboanga con la cercana isla de Basilán en concreto, la zona más castigada de la isla de Mindanao.
Típico triciclo de Zamboanga.
En una zona donde coexisten la religión católica y musulmana a diferencia del resto del país que es de mayoría católica. Es de notar que esta parte del archipiélago queda muy influenciada a la vecina islas sulus que conectan con el gran Borneo de claros rasgos musulmanes.
A todo esto, podríamos añadir el poco aliento que dan las famosas guías de viaje internacionales para visitar Mindanao, tratando de disuadir a toda costa para que el viajero opte por otros puntos de las islas de Luzón, Cebú, Palawan, o a las playas de Boracay.

Muchos lectores se preguntarán ¿Y qué hace Carlos contándonos de este destino si tiene tantos problemas para ser visitada?
Ya habrán otros momentos para describir otros destinos más populares de este archipiélago, y de experiencias vividas en las dos ocasiones que he  visitado el país, pero deseo comenzar con este destino, por lo diferente, apasionante, remoto, singular y sobre todo por el cariño que encontré de la gente no antes sentido en ningún otro lugar visitado hasta entonces. Este sentimiento persistente que se lleva uno a su casa, y que jamás se lo encontrará quien visite Nueva York, Londres, Paris o Roma por ejemplo.

Simpáticas escolares que conocimos en el Fort El Pilar.
Zamboanga es conocida también como “La Ciudad de las Flores” o “La Ciudad Latina de Asia” un poco para lavar su imagen y como lema turístico . Gran parte de su económica está basada en la industria conservera, pesquera y agrícola.
Para llegar a Zamboanga, mi esposa y yo lo hicimos vía aérea con la compañía de bajo coste "Cebú Pacific". Ésta, es una aerolínea  que funciona muy bien en Filipinas y que incluso te conecta con otros países asiáticos. También se puede llegar con "Philippine Airlines".
Por ferry tras un largo viaje de 50 horas también se puede llegar desde Manila y otras islas del archipiélago. Para los viajeros más atrevidos y aventureros, tienen desde aquí una buena opción para continuar hacia la Malaya ciudad de Sandakan, en la isla de Borneo, en un viaje de unas 17 horas  atravesando del mar Sulu.

Puesto de frutas en el mercado municipal.
El aeropuerto es muy pequeño, y recibe poquitos vuelos al día. Recuerdo que para facturar cuando continuamos el viaje hacia Davao, que me pesaron junto a la mochila en la báscula. Acostumbrado a que sólo pesen el equipaje, no me cuadraba mucho eso de que el pasajero fuera pesado también junto al equipaje. A no ser que sea por considerar el peso exacto del avión.
Por cierto, cada aeropuerto de Filipinas no sé en función de qué, tiene su propia tasa de salida a pagar directamente antes de pasar a la sala de abordaje.
Un lugar donde conviven dos religiones, no es raro ver a mujeres sentadas en la sala de espera con velo islámico frente al monitor de TV viendo con atención una misa católica.
Saliendo de  la terminal no hay ningún taxi, Zamboanga no es un lugar para taxis, ni en el aeropuerto ni en la ciudad. Los triciclos motorizados, Rickshaws, o los tuc-tuc como son llamado en otros sitios, es el medio de transporte más popular para moverse, a parte de los omnipresentes Jeepneys, aunque éstos sin el colorido y tuneado de sus parientes que se pueden encontrar en la Isla de Luzón.

Fue salir a la calle y una avalancha de estos motoristas ofrecían sus servicios para llevarte al centro. Había uno de ellos mostrando un cartel que ponía “Sr. Bueno” y me preguntaba a mí si yo era el Señor Bueno, y bromeando y haciendo el chiste fácil le dije «si yo soy muy bueno pero no soy el señor Bueno». Al final después de regatear con unos o con otros nos llevó uno al Hotel Lantaka donde había hecho mi reserva por 70 pesos.
Parece ser que es el hotel mas recurrido para los viajeros, por ubicación  con vistas al mar y con un precio razonable. 

Lateral de la capilla del Pilar .
La primera sensación que tiene cualquier viajero al darse un paseo por la ciudad es la misma que puede sentir quizás un famoso que vaya por cualquier avenida principal. Todo el mundo te saluda, y eso no es normal en una ciudad de 900.000 habitantes donde se supone que el nivel de anonimato tendría que ser alto.
A los zamboangueños le llama mucho la atención la presencia de occidentales y eso se nota mucho en el trato.
La gente en Zamboanga se maneja muy bien en  inglés americano, y en el día a día utilizan el chabacano.
Si, la palabra chabacano para los españoles es cualquier cosa sin arte o de mal gusto. Algo de ello tendrá quizás que ver con el nombre del idioma, pero este dialecto o variante del español está compuesto por 60% de castellano y el otro 40% por palabras de dialectos nativos de esa área del país.

Mi comunicación con la gente fue en chabacano la mayor parte. Recuerdo que la gente se dirigía a nosotros en inglés de primeras, pero al contestar en castellano con las variantes del idioma que me aprendí previamente, les llamaba mucho la atención.
Hablando en castellano con ellos y cambiando algunas cosas como dejar el infinitivo de los verbos sin la "r" final y sin conjugar, fue suficiente para entendernos ya que la conjugación del chabacano es más complicada, y es mejor de ese modo para entenderse. Un poco a lo tarzán para que me entendáis. Para los que dominen el idioma de Shakespeare de manera natural es mejor comunicarse en Inglés. Los filipinos junto los ciudadanos de Singapur, son con diferencia los que mejor dominan el inglés del este asiático.

Con el Vicealcalde entregándonos el libro del Chabacano.
Pregunté donde podría conseguir un libro de chabacano para poder comunicarme mejor con ellos, y nos dijeron que en ayuntamiento nos darían un ejemplar.
Como el hotel quedaba a unos 500 metros del ayuntamiento, nos pasamos por allí. Tras los registros pertinentes, nos enviaron a la planta de arriba. Allí una señora de mediana edad nos preguntó “¿Dónde uste ta queda?” para referirse de dónde veníamos. Y muy amablemente nos hizo entrega de dos ejemplares del chabacano. Y después nos dijo “¿quiere tu conoce el Mayor?”. Refiriéndose si queríamos conocer al alcalde. La señora fue a su despacho y salió diciéndonos que en un cuarto de hora nos recibiría ya que estaba con otra persona, pero si queríamos, el vicealcalde podría atendernos mientras tanto. Estuvimos hablando brevemente con él y nos sentimos muy a gusto. Nunca me había sentido así en un ayuntamiento. Acostumbrado a ir a ayuntamientos a por actas de nacimiento, pago de impuestos, multas  etc., no era normal ese trato tan exquisito.

Como dije antes el mejor medio de transporte para moverse es el triciclo con motor. A diferencia de otros modelos asiáticos, éste en realidad es una moto y que con un acoplamiento, muy bien pueden ir dos pasajeros, aunque muy fácilmente se pueden ver familias enteras. En todos los casos hay que pactar el precio antes.
Por el centro, y en especial a lo largo de la calle Valderosa caminando se llega a muchos lugares interesantes como son:


Capilla de Fuerte  del Pilar.

Capilla del Fuerte del Pilar
En este lugar muchos aragoneses se sentirán como en su propia casa. Hay que ver cómo quieren y adoran a la mismísima Virgen del Pilar. De hecho Zaragoza y Zamboanga están hermanadas por este motivo.

Esta adoración tiene su origen en que según cuenta la leyenda, La Virgen del Pilar se apareció cuando la ciudad estuvo a punto de ser absorbida por un tsunami, e impidió tal desastre natural.
Es una gran capilla al aire libre que da al Fuerte del Pilar. En el mismo muro y en la parte superior hay una imagen de la Virgen. Debajo el atrio donde ofrecen la misa y en semicírculos bancos de piedra para los feligreses.

Imagen de la Virgen del Pilar.
A un lado de la capilla hay también un espacio dedicado a la mexicana Virgen de Guadalupe muy adorada también por estos lares y detrás muchos Santos y Mártires de piedra incluido en patrón de Valencia, San Vicente Ferrer. Fuera ya del recinto mucha tienda de veladoras, de imágenes y estampas religiosas.
Sea uno o no, religioso es un buen lugar para pararse al menos cinco minutos y respirar el ambiente, sobre todo en un domingo coincidiendo con la misa. Hay que tener en cuenta que la religión en Filipinas es una faceta espiritual muy importante en la vida de los filipinos.


Fuerte del Pilar y Museo Nacional

Esta justo detrás del santuario de la Virgen del Pilar, y es una fortificación como cualquier otra que se puede ver en muchas islas y ciudades costeras de la época colonial para defender a la ciudad del ataque de los piratas e invasiones extranjeras. En este caso por parte de chinos, musulmanes,  portugueses, británicos  y holandeses a lo largo de su historia. Hoy en día es aprovechado como museo para albergar interesantes exhibiciones de restos de barcos naufragados, pequeñas embarcaciones típicas usadas para la pesca llamadas «Vintas», textiles étnicos, cestería y demás artículos artesanales. En la entrada al museo te advierten de que hay que entrar sin “chinelas” que es como llaman ellos al calzado.

Patio del Fuerte del Pilar e interior del Museo. Esta embarcación es la "Vinta" utilizada para pescar.


Mercado Publico de la ciudad.


Venta de gallos en un puesto del Mercado Municipal.
Esta localizado justo detrás de las instalaciones portuarias y es también conocido como el “tianguis”. Curiosa palabra muy familiar para los mexicanos, que también llaman de este modo a los mercadillos. Una muestra más de la incidencia histórica del país norteamericano sobre Filipinas.
Un mercado variopinto, aunque un tanto descuidado y embarrado en muchas zonas del mismo. 

Los que no estamos acostumbrados a ver frutas exóticas como durianes, mangostanes, rambutanes etc. es sin duda un mercado digno de ver, además de frutas y verduras más comunes como chayotes, tomates, patatas etc. El pescado por supuesto está muy presente y con una apariencia bastante fresca. Y luego animales vivos de corral al estilo de gallinas, incluso para las usadas para las peleas de gallos. Espectáculo tal  cruel como popular en toda Filipinas.

Yo siempre digo y recomiendo ir  a un mercado municipal. Yendo allí, el viajero nunca perderá su tiempo, y es un lugar ideal para tastar el verdadero ambiente del día a día de la ciudad que se visita.

Isla de Santa Cruz.

De camino a la isla de Sta. Cruz con el escolta.

Esta isla se encuentra a unos 4 kilómetros de la costa. Para ir, tuvimos que pedir permiso a través de la oficina de turismo que por cierto nos atendieron formidablemente cerca del hotel Lantaka. No hay transporte público para ir y sólo se puede visitar con un permiso especial. La misma oficina de turismo te gestiona el permiso y te buscan la embarcación para llevarte a la misma. Además no te dejan ir sin un escolta armado para que te acompañe. Ellos también contactan con el ejército para proporcionarte este escolta gratis. La contratación de la embarcación costaba 1000 pesos (18€) hasta un máximo de ocho. Como no había más viajeros, ni se esperara que hubiera, no nos quedó de otra que pagarlos para mi esposa y yo. Pero en realidad no lo vi tan caro y creo que mereció la pena ir solo nosotros.

A la llegada había que pagar una tasa ecológica de 25 pesos.

Vista de la Isla desde la lancha.

Lo del escolta era por seguridad ya que esa isla es refugio de activistas del grupo armado que señalé antes donde ya ha habido algunos casos de secuestros. Dicho de paso, también para ir por la ciudad también te lo pueden promocionar a petición del viajero, pero no me hacia gracia la idea de ir por la ciudad con un escolta detrás de ti todo el rato como tu sombra y a donde fueras.

La atracción de la isla es sin duda alguna su playa llamada “pink beach” por el color rosado de la arena. La única de Asia de estas características.

El color rosáceo es gracias a la combinación de la descomposición del lecho marino entre el coral blanco y otro coral llamado “tubipora música” de color rojizo. Este tipo de arena además de aquí, sólo se puede ver en playas de las Bermudas, Bahamas, Puerto rico y Hawái.

Panorámica de la Pink Beach.

Sin duda alguna, un paraíso natural en tus manos y el placer de poder bañarte sin ningún otro bañista más. Para los que odian Benidorms, Postiguets, Gandias, etc. donde la gente se pelea por poner la sombrilla, esta sería sin lugar a dudas la playa ideal.

Para los amantes de deportes tipo submarinismo, snorkeling seguro que disfrutarían mucho por la variedad de vida y coral de su fondo marino.

Después de dos horas allí, era el momento de sacarse unos panes y una lata de atún para improvisar un picnic en la arena  y compartiendo el almuerzo con el escolta. Nos comentaba de su afición por el cantante Enrique Iglesias y las telenovelas mexicanas RosalindaMarimar y María Mercedes donde la cantante Thalía era la principal protagonista.

En la Playa platicando con mi escolta.

Cada vez que  deseabamos  darnos un paseo por la orilla, y le preguntábamos si podíamos ir, se ponía serio y sólo contestaba dos palabras “muy complicado”. Por lo tanto nuestra visita en la isla fue muy limitada a un área muy localizada.

Tan solo nos enseñó un cementerio musulmán justo detrás a 50 metros y ya tomamos de nuevo la embarcación para regresamos hacia el embarcadero del hotel. Un propina y ya nos despedimos de él. 



Paseo del Mar.

Vista nocturna del Paseo del Mar.
Este paseo está muy cerca del Fuerte de Pilar y es un lugar con bastante ambiente para pasear. No es muy grande aunque parece que lo estaban alargando más. El sábado por la tarde y noche parece que sea el único lugar de Zamboanga donde se puede dar un paseo sin problemas.
La entrada está vigilada por policías que te miran las mochilas, pero la verdad es que es un parque muy tranquilo. Es el mejor lugar para tomarse un trago o cenar al aire libre de la ciudad gracias los chiringuitos y terrazas al aire libre. Téngase en cuenta que en el resto de la ciudad en cuanto se anochece, la población desaparece literalmente de las calles.

Muchas parejas y familias sentadas en el banco que rodea el paseo, vendedores ambulantes con objetos de madera y sobre todo y lo que me llamó la atención fue ver “niños Badjaos” o “gitanos de mar”.  Así es como se les conoce a unos niños que trabajan desde unas pequeñas embarcaciones, los cuales algunos superan apenas los 4 años y se dedican a recoger las monedas desde el fondo marino que la gente les lanza desde el paseo.

La verdad es que sentí mucha pena que se dé esa situación, primero por los adultos que entran en el juego por echarles las monedas, después por que las autoridades que no hacían nada por prohibirles hacer esa tarea y también por el hecho de que hayan adultos sin escrúpulos detrás de esos niños, y que en muchos casos serán sus padres, los cuales se llevan el beneficio de su explotación. 

Niños Badjao recogiendo monedas.
Estos niños también trabajan de esa manera de noche que es cuando más gente hay en el paseo, en un horario que es cuando deberían estar durmiendo. Ojalá hubieran organizaciones como “Save The Children” o cualquier otra que pudiera entrar a fondo en estos temas para presionar al gobierno filipino para que  tomen cartas en el asunto. 
Asia es el continente más afectado por este problema y las Islas Filipinas desgraciadamente están en el grupo de cabeza contra los derechos del niño.



Playas Vista del Mar y Golf Course Yellow´s beach.

Playa Golf Course Yellow's beach
Estas son dos playas algo alejadas del centro que se puede llegar en triciclo o en Jeepney en la  ruta a Ayala, a unos 20 minutos del centro. A ninguna fuimos con la intención de bañarnos.
 El cobrador del Jeepney sabe donde dejaros en la carretera a pocos metros de la entrada si le decís. En ambas hay que pagar por entrar como en tantas playas de Filipinas. En la “Vista al Mar” es más exclusiva en la que hay que pagar 50 pesos y la de “Yellow´s Beach” solo hay que pagar 10 pesos.
Son playas muy normalitas y con muchas piedras. Particularmente me quedo con la “Yellow’s Beach”, no por la playa en sí, sino por el ambiente que se forma con familias que se llevan el pescado y allí se lo asan. Una playa más como del pueblo y es muy fácil socializar. Hay kioscos para comprarte bebida.
A la playa “Vista al Mar” fuimos con la intención de de comer en un conocido restaurante del mismo nombre, pero resultó algo caro para lo que comimos.


Otras atracciones por el centro de Zamboanga.
 
Caminando por el centro se puede llegar fácilmente a la Plaza Rizal donde queda ubicado el City Hall, el ayuntamiento cuya construcción es herencia de los americanos. En frente tenemos  un bonito jardín con el monumento a Rizal en el centro. Rizal en un personaje histórico que es el equivalente al Bolívar de Sudamérica o el Hidalgo de México, el hombre que luchó por la independencia de Filipinas de España. Un personaje muy respetado y como un padre para todos los filipinos. Cualquiera que recorra el país lo verá en muchas plazas y en monumentos.

La Plaza Pershings, esta a continuación de la Plaza Rizal  que le da nombre a un gobernador americano que estuvo al frente de la ciudad durante el dominio estadounidense. Curiosamente antes se llamaba Plaza de Don Juan Salcedo en honor al conquistador español nacido en México y que llegó hasta estas tierras de Oriente.
Es ésta una plaza donde se encuentra la actividad comercial de la ciudad, por las varias tiendas departamentales que hay. Algún día hablaré en profundidad sobre los “Shopping Center“ en Filipinas, algo muy curioso.
Catedral Metropolitana  de la Virgen de la Cocepción.
Unas calles más adelante de la Plaza Pershings te conduce hasta La Catedral Moderna Metropolitana de la Virgen de la Concepción. Una de las catedrales modernas  más grandes de toda Asia, también hay que considerar que Asia no se caracteriza precisamente por la religión católica y por lo tanto por la presencia de catedrales.
Pero en realidad en este caso se trata de una catedral blanca impresionantes vidrieras construida para las necesidades de los feligreses de hoy en día, muy alejada de las viejas catedrales barrocas sombrías sin apenas luz. En la planta superior se encuentra  la sala principal que por su inmensa amplitud es donde se ofrece la misa dominical, y en la que entra luz y ventilación natural. En la planta inferior hay otras salas más reducidas para misas de diario. Realmente, quitando de Brasil, nunca había visto una catedral moderna de estas dimensiones y funcionalidad.


Qué y donde comer.
La típica curacha zamboangueña.
En cuestiones gastronómicas, Zamboanga no difiere mucho del resto del país excepto “la curacha” un peculiar cangrejo por su forma y color,  que se cría en aguas de la costa de Zamboanga, muy típico, aunque el nombre no invite mucho a probarlo. Para comer os aconsejo ir al restaurante  “Mano-Mano na Greenfields”, un poco alejado del centro, pero tomando un triciclo os dejará en la puerta. Cualquier motorista sabe dónde está.
No aconsejo ir más allá de las dos de la tarde ya que los platos del menú empiezan a escasear. Es un lugar que la atención es exquisita y podréis probar toda la variedad de la cocina local como “la curacha” y del resto del país con nombres tan familiares para los españoles, pero que también son muy filipinos como arroz a la valenciana, adobo, callos y como no , el kare kare entre otros.

En el restaurante Mano-Mano  na Greefields.
Otro lugar pero para tomarte un buen café, riquísima repostería e incluso  algunos platos combinados es el “Tsokolate” en Valederosa St., entre el Hotel Lantaka y el Ayuntamiento. Por la noche suele haber música en vivo, un buen ambiente y además te dan WI-FI gratis. Imprescindible el “bottomless ice tea”, un té frio que te lo sirves tu mismo tantas veces como quieras mientras comes. Sin duda un lugar para refugiarse cuando se oscurece, y que se presta para escribir diarios o preparar tu viaje para el día siguiente.


Una reflexión final.

Como muchas veces en la vida que vemos el vaso medio vacío en vez de verlo medio lleno, en los viajes ocurre lo mismo cuando leemos y escuchamos informaciones negativas sobre uno o tal lugar, y que nos hace decidirnos por destinos más turisteados y etiquetados como más seguros.

Muchas veces, esta  percepción negativa queda eliminada automáticamente tras ir paseando por la ciudad y agarrar la autoconfianza y complacencia moderada que nos va penetrando poco a poco en nuestro espíritu.

Es en ese momento cuando uno se siente bienaventurado de haber conocido ese lugar, y el viajero disfruta el lugar y de la gente como en ningún otro.

Éste es, el sentimiento que me absorbió en los tres días que estuve en Zamboanga y que todavía me perdura. Del mismo modo animo a los viajeros a visitar este tipo de lugares olvidados y tan cercanos a nosotros.

No sé si regresaré, pero si se da la dicha, será una buena ocasión para visitar otros lugares que a mi pesar me perdí, como el marginal barrio Río Hondo para conocer su gente, o la Mezquita Taluksangay para conocer el aspecto islámico de la ciudad. 

Dejarse siempre algo por ver, es  dejarse siempre una puerta abierta….