1 de junio de 2011

Seattle. Bajo la lluvia del sueño americano.

Estados Unidos, Febrero 2007

Seattle, ubicada en el extremo noroccidental de los Estados Unidos, sin el glamour de otras ciudades americanas, no es un destino que venga de paso en el recorrido de las rutas más turísticas de este inmenso país de América del Norte. Aún así ,puede ser un buen lugar para disfrutar de la ciudad y de la naturaleza que la rodea.
Seattle pertenece al estado de Washington y que no hay que confundir con la capital del país que se encuentra en la costa este del mismo.
Quien haya visto la serie Frasier o  Anatomía de Grey, sin querer evitarlo habrá tenido que ver muchas imágenes de esta ciudad. Como siempre, las series de televisión y el cine, esos grandes embajadores de este país.
 Seattle es también conocida por tener la sede de Microsoft, ser la cuna de Starbucks, la mega factoría de los aviones BOEING y sobre todo por ser la ciudad americana más lluviosa del país.
Este dato es bastante relativo y discutible, ya que otras ciudades americanas la superan en volumen de litros de agua por metro cuadrado, pero al parecer en términos de media aritmética, si debe ser la ciudad americana  que más días llueve a lo largo del año. Con 158 días al año hace del paraguas un elemento bastante imprescindible en el día a día de los ciudadanos.
Como digo, no queda muy de paso de muchos lugares conocidos, pero para aquellos viajeros que anden por la cercana Vancouver canadiense, puede ser un destino de fin de semana interesante. Quien busque destinos alejados como Alaska o Hawaii, es una buena escala para hacerlo y pasar un par de días, que de paso servirá   para recuperarse del jet-lag mientras se disfruta de la ciudad.
En mi caso lo hice desde Vancouver (Canadá) en la compañía de autobuses Greyhound que cubre todo el país y Canadá. El pasaje me costó 26 USD y no son autobuses muy caracterizados por su comodidad precisamente. 

Bomberos de bronce en Occidental Park.
Hay buena frecuencia de bus y la duración de 4 horas para unos 200 km viene justificado por el hecho de que hay que pasar el puesto fronterizo correspondiente. No es un puesto de control aduanero y migratorio comparable con los que el viajero  se puede encontrar en el lado mexicano de Tijuana o Nuevo Laredo. El trámite es exactamente el mismo, pero sin las colas y el stress que conlleva estos puntos con el que el viajero ha de enfrentarse tan comúnmente al atravesar países por tierra. El autobús espera a los pasajeros a que hagan sus trámites por inmigración del puesto fronterizo y de nuevo continúa el viaje ya por el estado de Washington hasta Seattle.
También, para  los amantes del ferrocarril,  es posible  ir en tren con la compañía Amtrack desde Canadá y otras ciudades americanas.
Desde el autobús, el inconfundible skyline de la ciudad con el Space Needle sobresaliendo, era el atisbo que me indicaba que mi encuentro con la ciudad iba a ser cuestión de minutos.
Ya arribado a la estación Greyhound en Stewart St., no tenía ningún hotel contratado previamente y me puse a buscar sin mucho éxito ya que los precios me parecieron muy desorbitados. Al final encontré el Hotel Moore en la 2nd Ave., un hotel sencillo, de esos históricos con mobiliario y  bañera de época, pero perfectamente ubicado y que no llegó a 55$, que comparado con lo que había visto por ahí me pareció barato. Francamente, para una noche era más que suficiente.
Algunos lugares de la ciudad para conocer:

Watefront en uno de los embarcaderos.
Seattle Waterfront:
En principio  es el típico paseo como muchas ciudades costeras del mundo que aprovechando el mar o su posición ideal en la bahía de Elliott, es utilizada para transformarse en lugar de paseo, encuentros sociales, tiendas, centros de ocio, cafés, restaurantes, puerto deportivo etc.
Es la verdad un sitio bastante turístico en el que abundan tiendas de souvernirs y objetos de baja calidad así como también restaurantes caros. Aun así me quedé un buen rato en una tienda de antigüedades que si  me mereció mucho la pena por los objetos que tenían, muchos de origen europeo curiosamente, revistas, y discos de vinilo de épocas doradas de la música rock americana. Hasta tenían una revista americana en la que se veía en su  portada el Rey Juan Carlos cuando se casó con la Reina Sofía.
En el lado contrario que da al muelle estaba un tanto deteriorado donde quedan aun las vías del tranvia que ya no funciona y un viaducto que afea un poco el paisaje urbano. También allí encontrareis el Aquarium de Seattle.

Pioneer Square y Occidental Park.
Toda esta área que comprende estas dos plazas y las calles adyacentes, es la zona más antigua de la ciudad. Aunque sufriera uno de las mayores catástrofes de la ciudad en su historia con un incendio que arrasó el distrito a finales del siglo XIX. Tras su restauración, el barrio recobró de nuevo esa esencia como la que tienen los distritos históricos de otras ciudades americanas como por ejemplo Filadelfia, o como la Prairie Av. de Chicago entre otras.
En esta zona se hace notar los edificios con fachadas de ladillo de terracota de la época, estructuras de acero forjado y calzadas pavimentadas con baldosas. No escasean precisamente galerías de arte, y librerías de esas acogedoras que casi ya no quedan .Esas  de suelo de madera en las que uno se siente que  experimenta como cierto calor literario y donde uno entra  con la luz del día, se pone a ojear libros, y ya sales de noche sin darte cuenta.
Totems en Occidental Park.
En la noche hay interesante locales para echarse una copa mientras escuchas en vivo alguna banda de Jazz.
 El Smith Tower es sin duda el edificio más emblemático de esta área de más de 141 metros, que para el año 1914 que fue construido,  no está nada mal, y hasta la construcción del Needle Space, era el que más protagonismo tenía en la ciudad siendo por 50 años el edificio más alto al oeste del Mississipi . También se puede subir hasta arriba para disfrutar una buena vista de la ciudad y de la bahía.
En el Occidental Park es otra plaza donde se encuentra erigidos varios Totems de madera diseñados por Duane Pasco, un reconocido artista indio-americano. Los Totems es la gran herencia de estas tribus que ocuparon estas zonas de noroeste americano hasta Alaska. En la Plaza Piooner hay otra que me gusto mucho que sustituye fielmente a otra original que trajeron de Alaska y que fue robada.
Si veis unos bomberos en el suelo no os asustéis, ya que son estatuas de bronce que homenajean a los héroes que dejaron sus vidas el incendio al que me referí antes.
Como en muchos parques de otras ciudades de estados Unidos  es fácil toparse  con gente sin techo que vagabundea y muchos de ellos con aspecto muy desaliñado y bebidos. En principio evitándolos no habrá ningún problema y lo peor que os pueda pasar es que os pidan algún cigarrillo o algún “buck” como ellos le dicen al dólar.

El Space Needle de Seattle.
Space Needle
Es sin duda el icono de la ciudad, lo detectareis enseguida por la forma de platillo volante que tiene en la parte superior, como si estuviera apoyado en un trípode. En realidad está situado en un complejo llamado el Seattle Center, que además de la propia torre, hay algún museo temático, un IMAX, una cancha deportiva, zonas de entretenimiento para niños etc. Desde fuera me recordó en cierto modo al  Guggenheim de Bilbao por las caprichosas formas de la fachada con colores metalizados. Yo fui por la mañana que no había casi nadie y encima estaba lloviendo. No subí ni siquiera a la torre, que entre lo nublado que estaba el día y los 18$ que cobraban lo pensé mejor y me conformé con dar una pequeña vuelta por las tan siempre presentes tiendas de recuerdos que hay en este tipo de lugares.
Para llegar hasta allí, tomé la opción de subirme a un tren monorraíl que se toma en el tercer piso del centro comercial Westlake Center, y por el “módico” precio de 4$, en dos minutos te deja en el mismo complejo.
Sinceramente, éste es el típico lugar que se visita porque si no lo haces te da la sensación de que no hayas visto la ciudad, y en realidad es lugar bastante evitable.
Si lo que queréis es tener una buena vista de la ciudad comparable a la que podéis ver aquí, una buena opción es el edificio Columbia Center de 76 pisos en una esquina de la calle Colombia y la quinta avenida , y por 7$ podréis llegar hasta arriba.

Pike Place Market
Este es un mercado de los más antiguos de ciudad en el que en su ala principal hay puestos de pescado, en especial salmones y enormes cangrejos. Es muy vistoso como los pescaderos se lanzan salmones que literalmente los ves volando de un lado a otro del mercado, aunque no deja de ser un acto para atraer al cliente y curiosos para hacerse la foto.


También hay puestos de flores y de verduras, y algunos restaurantes en esta ala principal.
A la entrada principal del mercado veréis un cerdo de bronce que es como la mascota del mercado, o quizás no lo veréis por la cantidad de gente que se quiere hacer una foto con el  dichoso puerquito. Justo a la izquierda entrando encontrareis otra  zona donde hay más tiendas de artesanía, quesos, panaderías, y para los fans de la cadena de café Starbucks ,podrán tomarse un café en el primer coffee shop de la historia de esta franquicia del café. Está tal cual se estableció la primera vez en 1912, sin sillas, ni mesas y por supuesto sin los típicos sofás para echarse un rato.

En Seattle para comer, la verdad es que hay mucha variedad de restaurantes de todo tipo, temáticos y de todas las cocinas del mundo como en cualquier ciudad media americana.
En la zona Belltown muy cerca del hotel Moore donde me hospedé es buena para encontrar restaurantes. Como me gusta la comida mexicana, considero que fuera de México, EEUU es el país que más y mejor se puede comer esta comida, y acabe en el restaurante Mama’s Mexican Kitchen en el 2234  de la 2nd Avenue, a un precio aceptable ,de calidad y muy bien decorado.
Para economizar, en el “food court” del Westlake Center ,a buen precio puedes comer en cualquiera de los restaurantes que más se adapte al gusto de cada quien y llevarte la comida a la zona común como en cualquier “food court” del mundo.  De nuevo elegí otro mexicano, donde conocí a los tres chicos mexicanos  de Puebla que servían la comida y me dieron una  interesante plática.

Curioso coche adornado con leones cerca de Pike Market.
Y para los amantes del café también están de enhorabuena ya que hay bastantes coffee shops que son muy útiles para algún rato de descanso y la mayoría de ellos con acceso a internet para ponerse un poco al día.
Después de un día y medio es esta ciudad había que regresar a Vancouver. Me dirigí de nuevo a la estación de la Greyhound ,y sorpresa la mía. Sirenas sonando, muchos coches de policía, camión de bomberos, curiosos mirando, paranoia total como de película de acción se tratara,  y en medio de todo un servidor que no sabía nada de lo que estaba pasando.
Al cabo de media de hora, todo se tranquilizó y ya se pudo  entrar de nuevo en el edificio de estación quedando todo en nada. Lo que me pareció un aviso de bomba, en realidad fue  un simulacro de esos que les gusta hacer a los americanos de la manera más real posible. Y no era la primera vez que me pasaba algo así en Los Estados Unidos. La primera vez fue en un Hostelling de Chicago a las 3 de la mañana. 

En resumen, esta corta visita a Seattle no pasará desde luego como el mejor lugar del mundo que haya visitado, ni siquiera de los Estados Unidos, pero no por ello ha de ser motivo para evitar un paseo por esta ciudad. Quizás, con tres días más, para ver algunos museos como el “Museo del Flight”, o simplemente disfrutar de la naturaleza,  visitando algunas pequeñas islas como Bainbridge y las islas de San Juan hubiera sido mucha más productiva la visita. Sólo es cuestión de que se cruce el momento y la ocasión, y seguro que así se dará la dicha de volver.

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