24 de noviembre de 2016

MOSSORÓ. LA TIERRA DE LOS CANGACEIROS.


Mossoró. Brasil Septiembre 2013

En el oriente brasileño, mitad camino entre Fortaleza y Natal, se encuentra esta localidad poco conocida desde el punto de vista turístico pero que presenta algunos componentes interesantes para visitarla.
Tras cuatro horas de autobús bajando por la costa decidí pasar un día entero aquí sin tener mucho conocimiento del lugar.
Antes de llegar, no cesaba de ver sobre el horizonte numerosos caballos mecánicos extractores de petróleo. 


No muy acompasados en el movimiento entre ellos, no cesaban de bombear petróleo, subiendo y bajando sus bielas cuyo contrapesos producían el efecto de cabezas de caballos moviéndose. Una imagen la verdad muy curiosa que me trasladaba 30 años atrás en un viaje que hice por la carretera de la costa cubana.

Tras preguntarle a Fernandinho, el pasajero que iba a mi lado cuyas conversaciones amenizó mi viaje, me puntualizó que en esa zona se daba la mayor producción de petróleo de todo Brasil.
 

Mossoró no es una población excesivamente grande, no tiene una belleza que destelle mucha atracción para el turista, y las playas se encuentran muy alejadas del núcleo urbano. Aunque por lo que noté, si es bastante tranquila y con gente muy cálida con el foráneo.


Personalmente me gustó conocer de primera mano la historia de los cangaceiros a través del Memoria de la Resistencia. Un complejo histórico al aire libre en la Avenida Río Branco.

¿Y quienes son los cangaceiros? Groso modo, fueron unos hombres que actuaban fuera de la ley formando bandas entre los años veinte y treinta del siglo pasado. Su misión era atacar haciendas en poder de terratenientes, saqueándolas, y ejercitando el bandolerismo en estado puro.
En esta región del noreste de Brasil era la que tenían mayor presencia. Por su aspecto recuerda a una mezcla entre Napoleón y Pancho Villa.
 

También entre sus violentas acciones estaba el cortar los hilos del telégrafo, asaltar trenes de viajeros y carga, las estaciones ferroviarias,  e incendiar automóviles y camiones de aquella época.
  

Al mismo tiempo los coiteiros eran gente civil que les ayudaba con víveres y refugio además de proporcionarles información para protegerlos de la policía.
Lampiäo apoyado por su esposa María Bonita fue el cangaceiro más célebre de todos, y hoy en día han pasado ambos personajes a ser en cierto modo, parte del folclore del Estado de Río Grande del Norte.
 
A parte de este aspecto histórico, Mossoró es una agradable ciudad para pasear, con zonas verdes y no requiere la necesidad de usar transporte público. Dividida por el río Mossoró que la cruza, y algún edificio a destacar como la Catedral de Santa Lucía o el Teatro Municipal,  para este raro viajero que les escribe, hay dos cosas  indispensables y diferentes que no olvidará de su paso por Mossoró: La Churrasquería  Gauchinha y el Cementerio de San Sebastian
 La churrasquería de estilo rodicio, en la calle Bezerra Mendes, es de los pocos lugares en mi vida he comido la mejor carne, y hasta saltar los plomos. Un lugar muy popular, de gran ambiente y amabilidad. Lo más importante, a un precio muy asequible ¡Claro! no apto para veganos. 

En cuanto el cementerio, lo encontré por casualidad. Os parecerá un tanto macabro, pero en este cementerio además de ver más gatos que familiares que visitan a sus difuntos, me quedé prendado con el refinado estilo de los panteones. Muchos de los difuntos fueron cangaceiros. Como muchos cementerios del mundo, visitar estos lugares por lo que desagradable que parezca, son parte de la identidad de un pueblo.
 



Seguramente me perdí muchos más lugares de Mossoró, pero valga como una introducción para que sea visitado más a fondo a todo aquel quién desee pasearse por el noreste de este gran país...

By Carlos Martinez
Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

11 de noviembre de 2016

LOS PETROGLIFOS DE CHOLPON ATA



 Kirguistán. Cholpon-Ata. Julio 2016

Cholpon-Ata es una localidad turística hacia el oeste de Kirguistán muy recurrida por visitantes de la cercana Kazajstán y de Rusia. La gastronomía, naturaleza, afinidad idiomática y sobre todo la presencia del Lago Issik-Kul, hace de esta ciudad un destino habitual de turistas de estos países.

Este lago es reconocido como el segundo más alto del mundo tras el Titicaca, y sus playas de tranquilas aguas en una destacable infraestructura hotelera supone un buen reclamo turístico en el escaso periodo estival del que dispone esta zona del Asia Central.
Pero más lejos de ello, no me referiré en este post a este aspecto turístico de sol y playa, sino a su riqueza arqueológica.

Hacia las afueras del alargado casco urbano que bordea la costa podemos acceder a la Reserva de Petroglifos de Cholpon Ata.
 

Desde el centro tomé un taxi. Hay que decirle algo así como "saimalotas" que debe significar petroglifo en el idioma kirguis o mostrarle alguna foto del lugar sacada de alguna web y pactar un precio. No sólo para ir, tambien para volver, ya que desde allí es complicado encontrar uno. Cuando llegué a la intempestiva hora de las cuatro de la tarde y cuando el sol pegaba con justicia, no había nadie en este gran complejo natural excepto algún halcón que sobrevolaba la zona y considerables piedras esparcidas a lo largo y ancho de la reserva cuyo horizonte llegaba hasta la cadena montañosa que se veía en frente.
 

Entre esas piedras, algunos y contados petroglifos que se detectaban por los pequeños cartelones descriptivos a su lado.

Básicamente y como en cualquier zona de petroglifos del mundo, se distinguen figuras e inscripciones grabadas en las piedras con escenas de animales, caza o armas prehistóricas.

Se presupone que los grabados fueron obra de unos pueblos que se establecieron en esta área desde dos milenios antes de nuestra era y hasta seis siglos después. En concreto, aparecen animales similares a los leopardos que debieron tener presencia en Asia Central, ciervos y hasta perros.
 

Como en todos estos tipos de lugares, no falta ese toque de misticismo en el que se intenta buscar por la posición de las piedras algún significado astronómico, alineación de astros, etc.
En realidad y con cierto escepticismo desconozco la veracidad de esos datos.

Algunos petroglifos están bastante deteriorados por erróneos procesos a la hora de restaurarlos, y con el musgo, se dificulta su visualización. En otros casos si se detectan a primera vista los símbolos y detalles.
 
Son 42 hectáreas, pero entre media y una hora caminando por las piedras donde hay petroglifos es suficiente para darse una buena idea del lugar.
Al final y cuando iba a abandonar este recinto arqueológico, se me acercó una señora que debió estar a cargo de la reserva arqueológica y me cobró no más de 40 SOM (0,50 €).

Muy cerca de allí y aunque no tenga nada que ver con el centro arqueológico, hay un impresionante mausoleo llamado Oluya que os dejará boquiabiertos. Se encuentra justo en frente del lago que bien merece una visita.

Después, y tras ver tantas piedras, un baño en sus tranquilas y frías aguas de la playa o bien degustar el beshbarmak, el plato nacional de Kirguistán,  puede ser un buen colofón para cualquier viajero que desee terminar una buena tarde de arqueología...

By Carlos Martinez
Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

31 de octubre de 2016

11 CURIOSIDADES SOBRE ABIYÁN

Abiyán. Costa de Marfil. Octubre 2016

Recién llegado de Costa de Marfil, os dejo unas impresiones que me ha dejado esta gran ciudad. Erróneamente se le atribuye la capitalidad del país, pero sin duda es una de las urbes más grandes de África Occidental. Muchos verán similitudes con otras grandes ciudades africanas.

1-Las panaderías, o boulangeries: A diferencia de otros países de la zona con pasado colonial británico, en Abiyán, su herencia francesa queda muy marcada en las panaderías en cuanto a su selecto pan, bollería y fina repostería. La particularidad que tiene es que no accedes nunca al interior. El mostrador es el propio escaparate donde está todo expuesto y desde fuera seleccionas las piezas que deseas y lo pagas. Seguramente antes que tú, ya la habrán catado algunas moscas que merodean por las vitrinas, pero si no eres muy escrupuloso, vale la pena surtirse de estas panaderías.
 


2-Los carritos ambulantes de café y té:
O mejor dicho de Nescafé y Lipton, que son las dos marcas con las que trabajan.
Los verás por todos los lados en la calle en forma de bidón con ruedas. Por el equivalente a 15 ctms, de euro te puedes tomar cualquiera de los dos. Los reconocerás a primera vista. Los hay por todos los lados.



3-Si ves un blanco o blanca, es de El Libano: O casi seguro que lo sea. Hay otras comunidades blancas de europeos, sobre todo de franceses y también asiáticos, pero el 95% de los que veas, serán de origen libanés. Se ubican en el área de Marcory y Tricheville. Además de verlos en la calle, sus negocios y restaurantes tienen bastante presencia en estas zonas. Si estais antojados de comida libanesa no os faltará. Las mujeres, muchas de ellas con velo, las reconoceréis a primera vista. Recurriréis a ellos para cambiar moneda, dado que no es tan fácil encontrar casas de cambio a primera vista.


4-Maggy te quiere ayudar: Si, las pastillas de caldo y este eslogan típico que en España se escuchaba por muchos años en televisión, está muy presente en Abiyán. Mercados cuyos techos son cubiertos completamente por lonas de la marca. Programas de televisión patrocinados por Maggy, manteles de restaurantes de Maggy y enormes carteles publicitarios de Maggy. Un tanto machista por cierto :"Avec Maggy, chaque femme est une étoile", algo así como que con Maggy, cada mujer es una estrella.
La verdad es que Maggy tiene mucha presencia en el día a día de los marfileños.
 

5-Flag y Bock: Si te gusta la cerveza, estos nombres serán los que te acompañen en tu estancia. Hay otras marcas importadas como Tuborg, Guiness o Castel, pero éstas de origen marfileño no te van a decepcionar. Y además más económicas. Acostúmbrate a disponer de 700 francos para pagarlas. Si das un billete de 1000, quizás te cueste eso. No sé que pasaba que casi nunca tenían 3 monedas de 100 para cambiarme.
 

6-Loteria de visados de USA: Para muchos marfileños, el sueño no es que les toque la primitiva, sino la tarjeta verde americana, la famosa "Green card" para poder emigrar a Estados Unidos con derecho a trabajar allí. Lo admito, yo tambien he solicitado esa tarjeta verde varias veces y nunca me tocó. Es un trámite gratuito que se puede formalizar online, pero aquí se convierte en negocio a través de carpas colocadas en la calle y te lo tramitan por tí. Las hay por las vías principales instaladas en los lugares de paso y con más concurrencia de gente.
 

7-Las trampas de las aceras: Caminar por las aceras puede resultar tortuoso si no estás pendiente de donde pisas o por donde pasas. Muchas aceras son baldosas de cemento sobre la canalización de aguas negras y muchas faltan. Auténticos agujeros negros como los del espacio. Si caes, puede ser catastrófico. De noche, la iluminación de las calles no es precisamente la Feria de Sevilla y el peligro se acrecenta. Lo mismo pasa con las cloacas, y alcantarillas que no tienen tapas. Esta situación os será familiar para los que hayan viajado por otras grandes ciudades africanas. Otro peligro son los carteles publicitarios, en especial para personas de talla superior a 1,70 metros ya que si no te fijas te puedes dar con la cabeza con más de uno.

 

8-¡No digas café, di Nespresso!

Para los "cafehólicos", un servidor lo es. Si os apetece echaros un café más o menos fuerte seguramente tendrá que ser un Nespresso. Si esperas algo más, será complicado, a no ser que vayas a un coffe-shop de algún centro comercial y a precios elevados. Muchos negocios se banaglorian de tener la famosa cafetera del Cloney como si fuera el "no va más" en café. Ahora cada vez que me echo un Nespreso en casa, me acuerdo de aquellos momentos que el señor que llevaba su pequeño negocio de café, me hablaba de las excelencias y la importancia de tener esa cafetera que cuidaba como su mejor hijo.

9-Los maquis:
¿Quieres comer barato? Ve a un maqui. Así es como se les llama a los restaurantes de comida local. No encontrarás mejor lugar para comer sin gastar mucho dinero comida marfileña, y de paso socializar con la gente.
Son restaurantes al aire libre o en una terraza. Para comer, no hay mucho donde elegir. Generalmente pollo, pescado y arroz. Quizás algun estofado marfileño como el kedjeneu. Por el equivalente a 3 euros puedes comer incluyendo una cerveza. Son lugares muy populares. Bien es cierto que no hay que esperar un lugar limpio y aseado, pero son restaurantes muy recurridos si vais con presupuesto ajustado.
  


10-Cuidado con orinar en la calle:
No sé si sea cultural, pero el orinan en la calle es algo muy habitual, en especial entre hombres y niños. ¡Pero ojo! que uno se puede atener a una multa. Solo habrá que elegir el modo de pago entre pagar en francos o hacerlo con algún mamporro.



11-Los mercados de vacas y cabras:
Hay varios en Abiyán, pero uno en particular es aconsejable visitar, el de Port-Bouët. A lo largo de la vía del ferrocarril aprovechando la escasa frecuencia de trenes, se convierte en un mercado de ganado. Vacas y cabras copan el género, pero también burros y ovejas. Es cuestión de pactar precio y es tuyo. Verás cómo más de uno después de comprar la cabra, ésta pasará de la vía al maletero del taxi para llevárselo a casa. Es un interesante paseo dominical caminar a lo largo de la vía y ver el ambiente del mercado. Te parecerá tan curioso verlo como para ellos verte a tí...



By Carlos Martinez
Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

7 de septiembre de 2016

HOSPEDARSE EN UN TEMPLO BUDISTA EN COREA DEL SUR


  Corea del Sur, Gongju-si. Agosto 2015

Sí ¿y por qué no? Es un modelo de hospedaje en auge en Corea de Sur y una buena manera de integrarse,  conocer de primera mano la vida de los monjes budistas y acercarse a la naturaleza.
Los hay a lo largo del país, pero se centran más en el zona oeste y sur. En mi caso visité el Templo Magoksa, a unas tres horas de la capital coreana.
No son fáciles de acceder en transporte público. Esto vaya por delante. Gracias a mi amiga Youngbin que conocí en mi primer viaje de los tres que he hecho a este país, y su cómodo coche, todo fue más fácil.



Cuando llegué  me recordó al primer día que hice el servicio militar en el Regimiento de Ferrocarriles. 
Te dan un traje azul "a  medida". Como digo yo, a medida que uno llega allí, y el primer uniforme que pillan. Da igual si eres alto, gordo o bajito. En mi caso me sobraba uniforme por todos lados. A las chicas se lo dan de color verde limón.

También te piden tus datos personales. Muchos más de los que te piden en un hotel, te dan un juego de toallas y te muestran la habitación del estilo hanok donde vas a dormir. Las típicas casas de madera tradicionales de Corea. Si nos os habéis hospedado nunca, matáis dos pájaros de un tiro
La habitación es muy basica, con una colchoneta espesor papel de fumar y un pequeño cojín relleno de arena. En teoría no pueden dormir parejas, pero no os preocupéis si es el caso, pues hacen la vista gorda.




Pues paso a contar algunos aspectos fundamentales de la estancia en este templo budista. Las normas de etiqueta, la manera de actuar y comportarse, además de un horario estricto, resumen un poco la estadía. Perfectamente por lo que me han contado, es extrapolable a cualquier otro templo del país.

El hap jang: Es como llaman ellos al saludo que hacen posando con las palmas de las manos en el pecho y haciendo una reverencia moviendo la cabeza hacia abajo. Es el gesto habitual cada vez que cruces con alguien, sea monje o no y al pasar frente alguna estatua de Buda.


 
El silencio y el seon: Obviamente no deja de ser un lugar religioso y requiere silencio como de cualquier lugar de culto otra religión. No se trata de estar callados pero si ser comedido en el volumen y conversaciones exaltadas. El seon o la meditación también forma parte de modo de vida en un templo según ellos para alcanzar la "iluminación".
  

La comida monástica o el Barugongyang: Coges tu plato y una mujer te va suministrando de lo que le digas y veas expuesto. No hay mucho donde elegir. Por supuesto nada de origen animal. Una sopa muy ligera y arroz blanco no falta nunca entre otras verduras locales. Comida más bien austera. Nada de cervezas, vino ni refrescos.
Se conoce también a este tipo de comida de cuatro cuencos, pero de lo que se trata básicamente, es ser agradecido con las personas que con su trabajo han hecho posible desde la producción de alimento hasta el mismo momento que lo tenemos en la mesa. Comed despacio, con respeto, sin ruidos y saboreando. Al terminar, tú mismo has de lavar en un lavadero, los palillos metálicos, vaso y platos.




El chasu : Es como llaman a la postura de ir caminando con las manos cruzadas. Sobre todo al seguir a un monje con lo que damos sensación de contemplación interior y respeto hacia los demás.

La ceremonia del té o el dado: Un monje os servirá por la tarde el té en un cuarto y tendrás la ocasión de convivir con otros huéspedes locales y viajeros como vosotros. Si teneis suerte, acompañado de unos dulces hechos de arroz (yugwa). Aprovechamos para jugar después al yut. Un juego de mesa muy popular en Corea
 


Ullyeok: Son trabajos comunitarios que hace el huésped de manera altruista. Entre esas labores puede ser barrer, ayudar en la cocina o en la jardinería. A mí no me tocó, pero son muy comunes en estas estadías.

Ceremonias propias del Budismo y Dharma: Se insta a asistir al templo aunque no sea obligado. Fui por la tarde antes de la ceremonia de té y a las 3:30 de la madrugada. Sí, has leido bien a esa hora tan temprana. La de antes de amancer se llama Dharma en la sala principal de Buda según ellos para dar limpieza a esos pensamienos inconexos que todos tenemos. Y tendrás que afinar la garganta para los cantos que dirigirá el monge en el altar. La mayoria muy monocordes. Hay una un folio plastificado con los cantos a tu disposición para que no te pierdas. Hay que seguir los pasos del monje que celebra la ceremonia. Lo mejor es ponerse atrás del todo para ver lo que hacen los demás. No hagáis fotos. Yo incumplí la regla como podeís ver en la foto del encabezamiento.

 

Hay ratos muertos que son aprovechables para visitar por tu cuenta en templo. También te enseñan cómo tocar la gigante campana con el tronco que cuelga no menos grande.

Normalmente estos templos están en plena naturaleza y es una pena no aprovechar para hacer alguna caminata. En el Templo Magoksa tiene incluso las sendas marcadas para dar un bonito paseo por ellas.
Lo mejor es hacerlo en el amanecer pero os hablo del verano. Con las gélidas temperaturas del invierno será otra cosa. En Corea los inviernos son de los duros. Os lo puedo asegurar de un Enero que fui.
 

Vuelvo a hacer hincapié en la rareza de los horarios. Acostarse a la hora de las gallinas y levantarse antes de que cacareen es lo natural en estos lugares.

No hay que olvidar tampoco que son templos visitables por gente que no se va a hospedar y nada más van a ir a verlos. Generalmente domingueros, familias locales que aprovechan para visitarlos pagando una entrada en un horario determinado. Por lo usual a media mañana y los fines de semana pueden estar más concurridos. Lo comento para evitar en lo posible estos días para hospedaros.
Es una buena ocasión para que apaguéis el teléfono móvil y os aisléis aunque sea por dos días del mundo exterior. Sí sé que es difícil hoy en día. Pero también se trata de eso ¿no?
 Por su puesto que no encontraréis ninguna red wifi, ni falta que os hace.
Y es importante reservar con antelación.


En resumen, si vais a Corea del Sur, es una experiencia que no olvidaréis. Una original manera de hospedarse, y no encontraréis mejor lugar para desconectar de todo y vivir de cerca la vida monástica de los monjes budista de Corea del Sur. ¿Os hace?...


By Carlos Martinez

22 de junio de 2016

LA CANTINA MEXICANA. UN LUGAR PARA OLVIDAR LAS PENAS



Una vez escuché del escritor Arturo Pérez Reverte algo así como: "Invita a un tequila a alguien en una cantina y tendrás un amigo para toda la vida". No sé si tanto así, pero si encontrarás por un buen rato a alguien con quién platicar y socializar de manera muy profunda. El alcohol cuando entra en juego, la lengua se suelta más y la gente es más proclive a hablar. Una obviedad, en México y en la China.

En España, la cantina se relaciona más al bar de un cuartel militar o el de una estación ferroviaria. En México, el concepto es muy diferente. Más que un bar, es tradición y uno de los pocos reductos que aún quedan del México revolucionario.

No en vano en muchas de ellas, en la entrada mantienen el cartel "Prohibida la entrada a mujeres, curas y hombres uniformados", como si el tiempo se hubiera parado en aquella época. Otras variedades pueden ser incluyendo niños, boleros (limpiabotas), o hasta enfermos mentales.
Son muchas las que he visitado a lo largo de la República Mexicana y las visito para tomarme una cerveza en momentos de calor y de descanso. Mucho más informal  que entrar en un restaurante donde seguramente te den una carta para que comas, y no está muy bien visto que solo te tomes una cerveza.
 
 
Suelen tener una entrada desapercibida, sin ventanas exteriores y visibles si solo pasas por delante de la puerta. La mayoría están ocupadas por hombres. México es un país machista. Hay que admitirlo.
Si bien es cierto que cada vez más se animan las mujeres a entrar tranquilamente solas o acompañadas de sus parejas, aún se tiene ese estigma de que una mujer en una cantina se relaciona a una prostituta, pero como digo afortunadamente esa idea va desapareciendo e incluso algunas son cantineras las que sirven detrás de la barra.

Son también lugares muy folclóricos en cuanto tienen su típica rockola para que eches una moneda y empiece a sonar la música.  Generalmente música de la época revolucionaria, corridos y del estilo norteño. Antonio Aguilar, Vicente Fernández, Tigres del Norte y temas del gran José Alfredo Jiménez no estarán ausentes en esa rockola. 

Esa imagen de mexicanos sombrerudos sobre la barra es tan previsible como cierta. Muchos toman y toman sin mesura. El cantinero conoce el límite de cada cliente para poderle cobrar.
Caballitos de tequila, uno tras otro, pero también cervezas locales. Nada de cervezas internacionales. Ya sea en botellín o en caguama, que son la equivalente a las típicas litronas que se toman en España.
Por el color del suelo y su desgaste, puedes deducir como en los aros de un tronco, los años que tiene la cantina. Su baño o aseo, solo diseñado para hombres, es un mingitorio todo él. No hay mucha diferencia entre la zona donde se orina y dónde no. Hay algunos que es literalmente la pared de enfrente de la barra donde corre un continuo chorrillo de agua en un canal en la parte inferior y que apenas disimula el olor de orina. Muchas veces con una capa con bolas de alcanfor como las que se ponían en la ropa para las polillas.

Cuadros alusivos a la revolución, marcas de tequila, y cómo no, algunos posters de chicas con más bien poca ropa es lo que adornan sus paredes.

Detrás de la cantina, el cantinero. Seguro que no habrá escuchado ningún psicólogo del mundo más problemas de un paciente como los que escucha el cantinero de su cliente.
Hay una frase en México que dice: "a palabras de borracho, oídos de cantinero". Ninguna mejor para describir su faena diaria. Respaldado siempre por una vitrina detrás de una buena colección de tequilas, mezcales y muchas más bebidas espirituosas.

Seguramente si entras en una cantina, encontrarás la curiosidad por parte de cantinero y de sus clientes. "¿Quién será este?" "¿Qué vendrá a hacer aquí?". Pero no temas, es un lugar para socializar como muy pocos. Escucharás mil historias de braceros. Hombres que cruzaron al otro lado. Forma de referirse a su paso a EEUU, historias de éxitos y fracasos amorosos, y épocas doradas que nunca regresaron más. Muchas veces no entenderás nada por el vocabulario, y otras, por la deficiente vocalización por el alcohol.


En fin, si vas a México, no dudes nunca de entrar en una cantina. Las hay más o menos míticas. No os voy a recomendar ninguna en particular. Las hay en todos los lugares, y si no, preguntando te dirán de alguna.
No sé si encontraréis un amigo para toda la vida, pero seguro que aprenderás muchas historias. Historias y sueños que se diluyen poco a poco en cada trago de tequila...

Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

13 de junio de 2016

LAS RUINAS DE TAZUMAL. EL SALVADOR PREHISPÁNICO



Chalchuapa. EL SALVADOR. Diciembre 2012

A menudo solemos apuntar a México como el rey entre los países americanos para conocer el rastro de las culturas precolombinas en cuanto a Centro y Norte América se refiere. Es cierto, pero no nos podemos olvidar que países como Guatemala, Belice u Honduras tiene un arraigo tan importante como el mexicano. Copán o Tikal son muy claros ejemplos.
El Salvador, que no es un secreto para mí decir que es el país que más adoro de Centroamérica, también cuenta con algunos referentes para destacar.
Uno de ellos sería el caso de las Ruinas de Tazumal.

Se encuentra en la localidad de Chalchuapa, a unos ochenta kilómetros al oeste de la capital salvadoreña.

Cuando llegué, sobre las diez de la mañana, no había nadie. Observé en la taquilla junto a la entrada del recinto un pequeño cartel donde se leía: "1$ salvadoreños y 3 $ extranjeros". Sin preguntar, le dejé un dólar y no le debió parecer al funcionario que yo era extranjero, porque me dio el tiquet con naturalidad al dejarle el billete verde.

A través de un corto camino cubierto de hojarasca procedente de los árboles que lo flanquean, se llega a la pirámide de Tazumal.

Quizás el viajero se espera algo más impactante. Bien, es básicamente una pirámide pero que tiene su historia y que también tiene su corazoncito.
Se nota que ha sido remodelada recientemente si se compara con los restos de columnas en bastante mal estado que debieron pertenecer a un templo que quedaría a un lado.
Eso sí, a la pirámide se puede subir por un lateral.
No me quedó muy claro cuál era el origen de los pueblos que la construyeron, pero según leí en los explicaciones del museo que hay en el recinto, tiene rasgos de la cultura Tolteca con muchas similitudes con las ruinas de Tula en el Estado de Hidalgo (México). Se conoce que los materiales de piedra y mortero para formar los muros de mampostería y el barro compactado es también muy común en el altiplano mexicano.
Como digo, el recinto dispone de un humilde "museo de sitio", nombre muy familiar que escucharéis en muchos lugares de México y Centroamérica para referirse al recinto con expositores donde se alojan la variedad de hallazgos encontrados y preservados del lugar arqueológico.
En éste tiene interesante las vasijas de barro, pero  el hallazgo estrella es el Dios Xipe-Totéc. Muy bien conservado por cierto. Uno de los dioses más conocidos de Mesoamérica que representa la fertilidad, la primavera y la renovación según se leía en la explicación bajo sus pies.
 

Con una hora fue más que suficiente para verlo todo. Un servidor era el único visitante y eso es siempre de agradecer a la hora de ver estos lugares y sobre todo para los amantes de la fotografía que no le guste que se las arruinen con la presencia de turistas en sus fotos.

Desde Santa Ana tomando el bus 218 os dejará muy cerca.
Y como digo, para los aficionados a la arqueología prehispánica puede que no les colme mucho sus expectativas,  pero es una buena excusa para visitar de paso Chalchuapa, su mercado, y ¿por qué no? su colorido cementerio que está justo detrás de las ruinas. Que por cierto me encantó...

By Carlos Martinez

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11 de junio de 2016

LAS CATARATAS DE LA LOBÉ TAMBIÉN EXISTEN.

Las únicas que ven el mar...

Kribi. Camerún. Noviembre 2015

Hoy me referiré a unas cataratas poco conocidas. Las Cataratas de la Lobé, Chutes de la Lobé en francés.

Todo el mundo ha oído hablar de la famosa "trilogía" de cataratas del mundo: Las tres que cada quién en su orden impone cual es su favorita. En mi caso, las Cataratas Victoria de Zambia y Zimbabue, pero eso ya es a gustos.


Las que me menciono en el post de hoy son mucho más humildes y apenas conocidas. Se encuentran a unos siete kilómetros de la ciudad costera de Kribi en el sur de Camerún.


No tienen apenas altura, ni gran caudal, ni espectaculares saltos. Nunca estarían en ningún top entre el ranking de las mejores.


Pero algo de ellas sí que me impresionó: Su proximidad a su desembocadura, a unos cincuenta metros del Océano Atlántico. Este aspecto si es lo que las diferencia de cualquier otra.
Según he consultado, no parece haber en el mundo unas cataratas en ese punto donde el río pierde su nombre.

 

Como en todo Camerún, para moverse por distancia cortas, la moto se convierte en el mejor taxi. Sólo hay que parar a una, acordar precio y ¡marchando! A mitad del viaje recogió a una chica local que le salió gratis el viajecito. Los tres montados no parecía demasiado para la moto que en ocasiones cargan hasta con familias enteras.
Al llegar, no había más que un bar tipo chiringuito, un pequeño puesto de artesanía y solo un turista: ¡este viajero servidor!
Una pasarela de madera y detrás se avistaba el río y la pequeña bahía que daba con el océano. Ya se podía escuchar el sonido del agua de las cataratas.

En la guía de viajes Laertes sobre Camerún, había leído algo de ellas junto a otras llamadas Chutes d'Kom. Éstas algo más famosas porque se rodaron escenas de Tarzán. La versión más antigua, las de Johnny Weissmuller.

Sobre la orilla, unas tres piraguas que parecían esperándome.
En realidad no parecía haber mucha competencia entre ellas. Como si pertenecieran al mismo patrón. El precio me pareció bastante económico, y sin regateos me monté en una que me acercó hasta los saltos. La situación ideal, tener enfrente esta maravilla natural ante ti, el muchacho de la piragua, un par de pescadores de camarones que merodeaban por unas piedras y alguna ave zancuda.


 
Con quince minutos fue más que suficiente para disfrutar del agua cayendo con ganas, alguna foto, algo de conversación con los pescadores y vuelta a la orilla.
Me decían que muy cerca de allí, aguas arriba, viven comunidades de pigmeos y que sería interesante una visita. Llevo tiempo que me ha disminuido el interés por la visita a tribus
. Pienso que se han de bajar mucho las expectativas para no llevarse decepciones, si lo que se espera es ver grupos étnicos en su hábitat natural y costumbres intactas. Pero de tribus ya hablaré otro día en profundidad.

Así terminó mi visita a estas cataratas. Una cerveza en el chiringuito con conversación futbolera incluida. Momento para regresar a la carretera, parar a una moto-taxi y regreso a Kribi.

Os dejo un breve video de ellas de mi canal Youtube.


2 de junio de 2016

EL STEELPAN, EL SONIDO DE TRINIDAD Y TOBAGO


Port of Spain, Trinidad y Tobago, Febrero 2012

El steelpan, podía haberme sonado a un nombre de algún dulce o alguna pieza de alta repostería cuando llegué a Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago.
Muy ducho no estoy en temas musicales, pero coincidir con la víspera de carnavales en este singular territorio insular del Caribe, no me fue difícil llegar a saber de qué se trataba.
El steelpan es una especie de tambor cuya fabricación procede de bidones de petróleo o de materiales químicos desechados y transformados. Con el añadido de una parabólica tapa metálica, que dependiendo de la profundidad del fondo le da un tono diferente al darle con las baquetas.
 

Es en Trinidad y Tobago el lugar del mundo donde nacieron estos originales instrumentos de percusión, pero basados seguramente en los principios de otras formas de percusión que sus ancestros africanos usaban y que llegaron a muchas islas antillanas durante el siglo XVIII desde las colonias, mayormente inglesas en forma de esclavitud.

Desde allí, se expandió a muchas otras islas del Caribe antillano, pero su potencial en cuanto a bandas steelband, que es como se conoce a la bandas que usan los steelpans, se concentran en su mayoría en Trinidad y Tobago.

En un principio esta moda musical de usar esos instrumentos estaba muy arrinconada y reservada para los guetos de  Puerto España. Pero no fue hasta los años 30, gracias a un tal Winston "Spree" Simon, pionero en crear algunas melodías que se hicieron populares rápidamente, cuando realmente despegó el uso generalizado del steelpan. Si os paseáis por el centro de Puerto España, detrás de la catedral en la Plaza de Colón veréis un gran monumento dedicado a él.


 

Es en época de carnavales cuando este sonido está tan presente en las calles de Puerto España.
Resulta muy común ver sobre una acera un grupo de chicos delante de un bar tomándose una cerveza Stag, la nacional de Trinidad, y entre bocado y bocado de un Bake&Shark que es una comida callejera muy popular entre los trinitarios, y estar dándole al steelpan. Sin duda es muy entretenido un descanso sentado junto a ellos.
También, veréis pasar bandas de steelpan sobre remolques descapotables tirados de una camioneta y dan con su presencia bastante alegría por las calles.
En fin, que si me quedo con un recuerdo rápido de Trinidad y Tobago y en especial de su capital Puerto España, siempre me llega la imagen del steelpan, y que siga sonando, porque la música en cualquiera de sus formas es simpre sinónimo de cultura y en las Antillas es aún más, ¡alegría!!!

Os dejo un minuto de steelpan de mi canal Youtube:




Si te gusto este post , os dejo otro: "el pan o steelpan" de mi amigo viajero, El V(B)iajero Insatisfecho que también os cuenta del steelpan a su manera y con su sello tan personal. Os gustará.

29 de mayo de 2016

LA VÍA DOLOROSA. El último recorrido de Jesucristo



 Junio 2012. Jerusalén. ISRAEL

Hay lugares en el mundo que no ilustran importantes aspectos de interés arquitectónico, tampoco de belleza natural, ni nos ofrecen nada que no veamos a diario en cualquier calle de nuestra ciudad. Son lugares que están ahí por lo que representaron históricamente. Dónde ocurrió alguna vez algún acontecimiento fuera de toda índole, y de sus hechos, generan curiosidad, y a la postre un efecto atractivo para la visita de turistas y viajeros.

 Los que saben más de todo esto son los estadounidenses, que aprovechan cualquier resquicio histórico para hacer de ello un monolito, un museo con su tienda de memorabilia, y si se tercia, hasta un parque temático al lado. Puede haber pasado George Washington por un poblado y haberse sentado a descansar en una piedra. Seguramente pondrán una placa grabada en bronce sobre la piedra con el texto: "Aquí estuvo  sentado George Washington y  profundizó su pensamiento sobre la independencia de Estados Unidos". Pero Israel, el país que he escogido esta vez, dispone de sobradas escenas históricas y sobre todo bíblicas en tantos y tantos rincones, que si hicieran lo mismo será todo un país-museo. No lo necesita.

La Vía Dolorosa es un claro ejemplo de un lugar que lo caminas y no tiene nada en particular. Una calle adoquinada entre muros de piedra como las de muchas ciudades españolas en su casco histórico. Algunas tiendas, pocas, con objetos religiosos postales, nacimientos tallados en madera y otras de venta de alfombras.

Pero si te cuentan que en esa misma calle anduvo con su corona de espinas y medio arrastrándose como tantas veces nos lo contaron a algunos en el catecismo, o vimos en las típicas películas que emiten durante la Semana Santa, realmente te despierta cierta sensación.
Aunque el viajero no sea católico, pero si curioso, también puede darle  inquietud de la misma manera que si fuera por ejemplo donde yace el diente de Buda en la ciudad de Kandy en Sri Lanka. O para alguien muy capitalista, ver la tumba de Lenin
¿Por qué no?
 Esto es lo que tiene la Vía Dolorosa. Poco más.
 

Eran las primeras horas de la mañana. Un paseo tranquilo. Nada de coches. Al alzar un poco la vista, algunas placas en los muros que representan las estaciones que coinciden con cada caída de Jesucristo durante su vía crucis. De repente el silencio se vio interrumpido al escuchar cantos de un grupo de católicos de raza negra que cantaban con devoción.  Una gran cruz sostenida entre ellos y mucho fervor en cada canto. Me sobrepasaron, cada vez se escuchaban más y más lejos y volvió la paz de nuevo a esa calle.
La sencillez de estos lugares, aunque carezcan de extravagancia, mientras despierten sensaciones en el viajero, por pocas que sean, ya habrá valido la pena visitarlos.
Para más expectativas, el resto de la ciudad vieja de Jerusalén le esperará al viajero con muchas más.

Pero la  Vía Dolorosa es así de sencilla, tan sencilla como lo fue su divino protagonista...


Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

21 de mayo de 2016

YAUNDÉ. Un paseo por la capital de Camerún


Yaoundé. Camerún. Noviembre 2015

Como cualquier capital africana, y sin ser la ciudad más grande de Camerún, Yaundé cumple con los mismos parámetros que cualquier otra del continente, en especial del área subsahariana. Un lugar donde se centran más embajadas y organismos internacionales que en ninguna otra del país.
Cabe decir que no es la ciudad más grande, cuyo testigo se lo dejamos a Douala, la verdadera ciudad económica, industrial y de población.


Actividad comercial en la Avenida J F Kennedy
Hospedarse no es una tarea fácil para bolsillos ajustados. Aparte de la presencia de cadenas hoteleras de alto rango, que también están presentes, los hostales y albergues no están muy culturalmente extendidos como se conocen en otras latitudes.
Solución y muy interesante, ir a parar a una congregación católica donde te hospedas a un precio muy asequible y en habitaciones muy simples pero limpias.
A diferencia de otro tipo de hospedaje, te despertarás a ritmo de góspel, que tampoco considero un mal despertar.
Yo me hospedé en la congregación CASBA, enfrente del centro comercial Mahima. No tiene web pero para quien desee llegar allí, cualquier taxista os dejará sin problemas. No tiene pérdida.

 
Avenida J. F. Kennedy
Me lo recomendó una misionera catalana que conocí en Douala, y fue una gran elección. Como curiosidad, y no es broma, en el recibo cuando te vas, te reflejan todos los gastos. Hasta la hostia si has ido a misa. Comerte la "carne de Cristo" tiene su coste.
Allí también coincidí con Alan. Un valiente mochilero de San Francisco (USA) que tuve la suerte de conocer, y que venía recorriendo desde meses toda la fachada oriental de África. Su gran ventaja en África es el ser de raza negra, y pasar más desapercibido. 

Pasé muy buenos ratos con él y me compart algunos fotos que hizo con su teléfono móvil por mí. De ese modo no fui objeto de arrestos y extorsiones por parte de corruptos policías y militares, como los que sufrí en otras zonas del país por hacer fotos y tener que pagar el consecuente impuesto revolucionario.

Mis consejos para moverse por la ciudad, que creo que sobran para cualquiera que haya viajado un poquito por África negra: Extravagancia, la mínima. Dar la impresión de que vives allí o trabajas en alguna organización internacional o embajada. No exhibir cámaras, vestir pantalones largos (de tergal mejor) y portar una carpeta o dossier en mano y caminar a un paso, en sintonía y ritmo como la de la gente de allí. Como sabiendo a dónde vas y sin contemporizarse demasiado. Haciéndolo así no tendrás problemas.

Sede de la compañia NPS. Una arquitectura muy peculiar.
 

En cuanto a la ciudad, es un subibaja constante. No es una ciudad plana precisamente. Pero con ganas, se puede caminar perfectamente sin usar el escaso transporte público.
Básicamente, el Yaundé Central, donde se sitúa el Mercado Central, el Boulevard John F. Kennedy, la Plaza Ahmadou y el Boulevard 20 de Mayo que va a parar hasta el Hotel Hilton. Esta área, sin ser algo que deslumbre para visitante, es donde puede haber algo de interés.
La Plaza Ahmadou, la foto cabecera del post, es donde confluye la mayor parte del tráfico y parece hasta una ciudad modernista con un edificio de cristal amarronado.

 
Catedral de Notre Dame des Victories

Muy cerca de allí, la Catedral de Notre Dame des Victories. No es un ejemplo de arquitectura barroca precisamente, pero es un lugar ideal para relajarse desde su exterior gracias a su posición elevada con buena vista de la Plaza Ahmadou. No hay que dejar pasar comerse alguna delicia de la Pastelería Selecta que hay en frente. La herencia colonial francesa queda patente en cada bocado de sus croissants. Para los golosos, no hay muchas más oportunidades en la ciudad para probar pasteles. 

Museo etnográfico La Blackitude

El Boulevard 20 de Mayo parece diseñado para desfiles militares por sus gradas permanentes que lo flaquean. Muy vigilado por cierto, donde hay que caminar por las zonas peatonales correctas, de otra manera te pitará algún policía de mal genio para que te salgas. En este Boulevard hay un pequeño museo étnico: La Blackitude situado en un costado.
 

En el museo con Christian en el centro y Alan a la derecha.
Seguramente te lo tengan que abrir para tí, pero Christian, su director, es muy conocedor en la materia y te explica con mucho celo el origen de muchas piezas que se exhiben y de la zona de Camerún que proceden. Merece la pena su visita.
Si echas de menos bullicio, quizás lo encontrarás en el punto más concurrido de la ciudad, en la Avenida Kennedy.
Esta pequeña avenida dedicado al Presidente estadounidense, con su busto incluido, concurren muchos negocios de bares y tiendas, además de puestos ambulantes en las aceras. No hay nada de interés en ellos, casi todos de repuestos de pequeños electrodomésticos y de teléfonos móviles. Aquí es dónde hay que tener un poco más cuidado para no ser sorprendido por algún carterista y maleante.

Si lo que se desea es todo lo contrario, tranquilidad y sosiego. Hay un par de parques y grandes áreas verdes. Sorprendentemente bastante cuidadas y accesibles. Sobre todo el Parque Santa Anastasia, muy céntrico. El otro, en los alrededores del Museo Nacional, el cual no pude ver. 

También, sobre todo el primero que cito, son una oportunidad de conocer la flora típica del país.

El oasis un poco de vida más occidental, por decirlo de alguna manera, está en la zona de Bastos. Es donde se concentran lugares de copas, cafés y locales de entretenimiento. Téngase en cuenta que estamos ubicados en la zona de embajadas y viviendas donde habitan gente expatriada que trabajan en sedes internacionales. El área de Bastos se convierte así en su refugio y punto de encuentro. 

Aquí es dónde más gente blanca se ve.

Exterior del Monasterio con su Virgen encastrada en esta gran roca.

No muy lejos de allí, y para terminar la jornada, un taxi te puede llevar hasta la Colina de Febe (Mont Febe). 
Además de una vista muy generosa de la ciudad, se encuentra el pequeño Museo de Arte Camerunés en el interior de un monasterio de benedictinos. Estaba cerrado, pero insistiendo me lo abrieron. Su encargado, dándole una propina me abrió las puertas y me dejó sólo para ver las tres salas que tiene. El museo me gustó por sus esculturas y máscaras. Todas de etnias diferentes del país.
Los alrededores del monasterio son muy tranquilos y además de la hermosa vista de Yaundé, el atardecer es único.
Por lo demás, Yaundé presenta un aire muy diferente al resto del país. Más desenfadado y relajante. Accesible desde otros puntos del país por bus y ferrocarril.
Dos días son más que suficientes.
 
Platos típicos de Yaoundé. A la izquierda el Miondo y a la derecha Ndolé con pollo.
  
No os vayáis sin probar el ndolé y el miondo. El primero, una mezcla de vernonia con pescado que puede resultar algo amargo. La vernonia tiene un parecido a las espinacas. El miondo consiste en casava o yuca fermentada que ha estado envuelto en hojas previamente. En la calle Joseph Essone donde está la congregación, hay algunos restaurantes para probarlos donde va gente local. Están bastante limpios y económicos.
Eso sí, sin olvidarnos de degustarlo con una cerveza. Como en tantos y tantos países, la bebida nacional de país.
¿Cual? A mi me gustó la Mutzig, que me acompañó durante todo mi recorrido por el país.
¡Salud!


Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografias sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.