7 de septiembre de 2016

HOSPEDARSE EN UN TEMPLO BUDISTA EN COREA DEL SUR


  Corea del Sur, Gongju-si. Agosto 2015

Sí ¿y por qué no? Es un modelo de hospedaje en auge en Corea de Sur y una buena manera de integrarse,  conocer de primera mano la vida de los monjes budistas y acercarse a la naturaleza.
Los hay a lo largo del país, pero se centran más en el zona oeste y sur. En mi caso visité el Templo Magoksa, a unas tres horas de la capital coreana.
No son fáciles de acceder en transporte público. Esto vaya por delante. Gracias a mi amiga Youngbin que conocí en mi primer viaje de los tres que he hecho a este país, y su cómodo coche, todo fue más fácil.



Cuando llegué  me recordó al primer día que hice el servicio militar en el Regimiento de Ferrocarriles. 
Te dan un traje azul "a  medida". Como digo yo, a medida que uno llega allí, y el primer uniforme que pillan. Da igual si eres alto, gordo o bajito. En mi caso me sobraba uniforme por todos lados. A las chicas se lo dan de color verde limón.

También te piden tus datos personales. Muchos más de los que te piden en un hotel, te dan un juego de toallas y te muestran la habitación del estilo hanok donde vas a dormir. Las típicas casas de madera tradicionales de Corea. Si nos os habéis hospedado nunca, matáis dos pájaros de un tiro
La habitación es muy basica, con una colchoneta espesor papel de fumar y un pequeño cojín relleno de arena. En teoría no pueden dormir parejas, pero no os preocupéis si es el caso, pues hacen la vista gorda.




Pues paso a contar algunos aspectos fundamentales de la estancia en este templo budista. Las normas de etiqueta, la manera de actuar y comportarse, además de un horario estricto, resumen un poco la estadía. Perfectamente por lo que me han contado, es extrapolable a cualquier otro templo del país.

El hap jang: Es como llaman ellos al saludo que hacen posando con las palmas de las manos en el pecho y haciendo una reverencia moviendo la cabeza hacia abajo. Es el gesto habitual cada vez que cruces con alguien, sea monje o no y al pasar frente alguna estatua de Buda.


 
El silencio y el seon: Obviamente no deja de ser un lugar religioso y requiere silencio como de cualquier lugar de culto otra religión. No se trata de estar callados pero si ser comedido en el volumen y conversaciones exaltadas. El seon o la meditación también forma parte de modo de vida en un templo según ellos para alcanzar la "iluminación".
  

La comida monástica o el Barugongyang: Coges tu plato y una mujer te va suministrando de lo que le digas y veas expuesto. No hay mucho donde elegir. Por supuesto nada de origen animal. Una sopa muy ligera y arroz blanco no falta nunca entre otras verduras locales. Comida más bien austera. Nada de cervezas, vino ni refrescos.
Se conoce también a este tipo de comida de cuatro cuencos, pero de lo que se trata básicamente, es ser agradecido con las personas que con su trabajo han hecho posible desde la producción de alimento hasta el mismo momento que lo tenemos en la mesa. Comed despacio, con respeto, sin ruidos y saboreando. Al terminar, tú mismo has de lavar en un lavadero, los palillos metálicos, vaso y platos.




El chasu : Es como llaman a la postura de ir caminando con las manos cruzadas. Sobre todo al seguir a un monje con lo que damos sensación de contemplación interior y respeto hacia los demás.

La ceremonia del té o el dado: Un monje os servirá por la tarde el té en un cuarto y tendrás la ocasión de convivir con otros huéspedes locales y viajeros como vosotros. Si teneis suerte, acompañado de unos dulces hechos de arroz (yugwa). Aprovechamos para jugar después al yut. Un juego de mesa muy popular en Corea
 


Ullyeok: Son trabajos comunitarios que hace el huésped de manera altruista. Entre esas labores puede ser barrer, ayudar en la cocina o en la jardinería. A mí no me tocó, pero son muy comunes en estas estadías.

Ceremonias propias del Budismo y Dharma: Se insta a asistir al templo aunque no sea obligado. Fui por la tarde antes de la ceremonia de té y a las 3:30 de la madrugada. Sí, has leido bien a esa hora tan temprana. La de antes de amancer se llama Dharma en la sala principal de Buda según ellos para dar limpieza a esos pensamienos inconexos que todos tenemos. Y tendrás que afinar la garganta para los cantos que dirigirá el monge en el altar. La mayoria muy monocordes. Hay una un folio plastificado con los cantos a tu disposición para que no te pierdas. Hay que seguir los pasos del monje que celebra la ceremonia. Lo mejor es ponerse atrás del todo para ver lo que hacen los demás. No hagáis fotos. Yo incumplí la regla como podeís ver en la foto del encabezamiento.

 

Hay ratos muertos que son aprovechables para visitar por tu cuenta en templo. También te enseñan cómo tocar la gigante campana con el tronco que cuelga no menos grande.

Normalmente estos templos están en plena naturaleza y es una pena no aprovechar para hacer alguna caminata. En el Templo Magoksa tiene incluso las sendas marcadas para dar un bonito paseo por ellas.
Lo mejor es hacerlo en el amanecer pero os hablo del verano. Con las gélidas temperaturas del invierno será otra cosa. En Corea los inviernos son de los duros. Os lo puedo asegurar de un Enero que fui.
 

Vuelvo a hacer hincapié en la rareza de los horarios. Acostarse a la hora de las gallinas y levantarse antes de que cacareen es lo natural en estos lugares.

No hay que olvidar tampoco que son templos visitables por gente que no se va a hospedar y nada más van a ir a verlos. Generalmente domingueros, familias locales que aprovechan para visitarlos pagando una entrada en un horario determinado. Por lo usual a media mañana y los fines de semana pueden estar más concurridos. Lo comento para evitar en lo posible estos días para hospedaros.
Es una buena ocasión para que apaguéis el teléfono móvil y os aisléis aunque sea por dos días del mundo exterior. Sí sé que es difícil hoy en día. Pero también se trata de eso ¿no?
 Por su puesto que no encontraréis ninguna red wifi, ni falta que os hace.
Y es importante reservar con antelación.


En resumen, si vais a Corea del Sur, es una experiencia que no olvidaréis. Una original manera de hospedarse, y no encontraréis mejor lugar para desconectar de todo y vivir de cerca la vida monástica de los monjes budista de Corea del Sur. ¿Os hace?...


By Carlos Martinez

22 de junio de 2016

LA CANTINA MEXICANA. UN LUGAR PARA OLVIDAR LAS PENAS



Una vez escuché del escritor Arturo Pérez Reverte algo así como: "Invita a un tequila a alguien en una cantina y tendrás un amigo para toda la vida". No sé si tanto así, pero si encontrarás por un buen rato a alguien con quién platicar y socializar de manera muy profunda. El alcohol cuando entra en juego, la lengua se suelta más y la gente es más proclive a hablar. Una obviedad, en México y en la China.

En España, la cantina se relaciona más al bar de un cuartel militar o el de una estación ferroviaria. En México, el concepto es muy diferente. Más que un bar, es tradición y uno de los pocos reductos que aún quedan del México revolucionario.

No en vano en muchas de ellas, en la entrada mantienen el cartel "Prohibida la entrada a mujeres, curas y hombres uniformados", como si el tiempo se hubiera parado en aquella época. Otras variedades pueden ser incluyendo niños, boleros (limpiabotas), o hasta enfermos mentales.
Son muchas las que he visitado a lo largo de la República Mexicana y las visito para tomarme una cerveza en momentos de calor y de descanso. Mucho más informal  que entrar en un restaurante donde seguramente te den una carta para que comas, y no está muy bien visto que solo te tomes una cerveza.
 
 
Suelen tener una entrada desapercibida, sin ventanas exteriores y visibles si solo pasas por delante de la puerta. La mayoría están ocupadas por hombres. México es un país machista. Hay que admitirlo.
Si bien es cierto que cada vez más se animan las mujeres a entrar tranquilamente solas o acompañadas de sus parejas, aún se tiene ese estigma de que una mujer en una cantina se relaciona a una prostituta, pero como digo afortunadamente esa idea va desapareciendo e incluso algunas son cantineras las que sirven detrás de la barra.

Son también lugares muy folclóricos en cuanto tienen su típica rockola para que eches una moneda y empiece a sonar la música.  Generalmente música de la época revolucionaria, corridos y del estilo norteño. Antonio Aguilar, Vicente Fernández, Tigres del Norte y temas del gran José Alfredo Jiménez no estarán ausentes en esa rockola. 

Esa imagen de mexicanos sombrerudos sobre la barra es tan previsible como cierta. Muchos toman y toman sin mesura. El cantinero conoce el límite de cada cliente para poderle cobrar.
Caballitos de tequila, uno tras otro, pero también cervezas locales. Nada de cervezas internacionales. Ya sea en botellín o en caguama, que son la equivalente a las típicas litronas que se toman en España.
Por el color del suelo y su desgaste, puedes deducir como en los aros de un tronco, los años que tiene la cantina. Su baño o aseo, solo diseñado para hombres, es un mingitorio todo él. No hay mucha diferencia entre la zona donde se orina y dónde no. Hay algunos que es literalmente la pared de enfrente de la barra donde corre un continuo chorrillo de agua en un canal en la parte inferior y que apenas disimula el olor de orina. Muchas veces con una capa con bolas de alcanfor como las que se ponían en la ropa para las polillas.

Cuadros alusivos a la revolución, marcas de tequila, y cómo no, algunos posters de chicas con más bien poca ropa es lo que adornan sus paredes.

Detrás de la cantina, el cantinero. Seguro que no habrá escuchado ningún psicólogo del mundo más problemas de un paciente como los que escucha el cantinero de su cliente.
Hay una frase en México que dice: "a palabras de borracho, oídos de cantinero". Ninguna mejor para describir su faena diaria. Respaldado siempre por una vitrina detrás de una buena colección de tequilas, mezcales y muchas más bebidas espirituosas.

Seguramente si entras en una cantina, encontrarás la curiosidad por parte de cantinero y de sus clientes. "¿Quién será este?" "¿Qué vendrá a hacer aquí?". Pero no temas, es un lugar para socializar como muy pocos. Escucharás mil historias de braceros. Hombres que cruzaron al otro lado. Forma de referirse a su paso a EEUU, historias de éxitos y fracasos amorosos, y épocas doradas que nunca regresaron más. Muchas veces no entenderás nada por el vocabulario, y otras, por la deficiente vocalización por el alcohol.


En fin, si vas a México, no dudes nunca de entrar en una cantina. Las hay más o menos míticas. No os voy a recomendar ninguna en particular. Las hay en todos los lugares, y si no, preguntando te dirán de alguna.
No sé si encontraréis un amigo para toda la vida, pero seguro que aprenderás muchas historias. Historias y sueños que se diluyen poco a poco en cada trago de tequila...

Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

13 de junio de 2016

LAS RUINAS DE TAZUMAL. EL SALVADOR PREHISPÁNICO



Chalchuapa. EL SALVADOR. Diciembre 2012

A menudo solemos apuntar a México como el rey entre los países americanos para conocer el rastro de las culturas precolombinas en cuanto a Centro y Norte América se refiere. Es cierto, pero no nos podemos olvidar que países como Guatemala, Belice u Honduras tiene un arraigo tan importante como el mexicano. Copán o Tikal son muy claros ejemplos.
El Salvador, que no es un secreto para mí decir que es el país que más adoro de Centroamérica, también cuenta con algunos referentes para destacar.
Uno de ellos sería el caso de las Ruinas de Tazumal.

Se encuentra en la localidad de Chalchuapa, a unos ochenta kilómetros al oeste de la capital salvadoreña.

Cuando llegué, sobre las diez de la mañana, no había nadie. Observé en la taquilla junto a la entrada del recinto un pequeño cartel donde se leía: "1$ salvadoreños y 3 $ extranjeros". Sin preguntar, le dejé un dólar y no le debió parecer al funcionario que yo era extranjero, porque me dio el tiquet con naturalidad al dejarle el billete verde.

A través de un corto camino cubierto de hojarasca procedente de los árboles que lo flanquean, se llega a la pirámide de Tazumal.

Quizás el viajero se espera algo más impactante. Bien, es básicamente una pirámide pero que tiene su historia y que también tiene su corazoncito.
Se nota que ha sido remodelada recientemente si se compara con los restos de columnas en bastante mal estado que debieron pertenecer a un templo que quedaría a un lado.
Eso sí, a la pirámide se puede subir por un lateral.
No me quedó muy claro cuál era el origen de los pueblos que la construyeron, pero según leí en los explicaciones del museo que hay en el recinto, tiene rasgos de la cultura Tolteca con muchas similitudes con las ruinas de Tula en el Estado de Hidalgo (México). Se conoce que los materiales de piedra y mortero para formar los muros de mampostería y el barro compactado es también muy común en el altiplano mexicano.
Como digo, el recinto dispone de un humilde "museo de sitio", nombre muy familiar que escucharéis en muchos lugares de México y Centroamérica para referirse al recinto con expositores donde se alojan la variedad de hallazgos encontrados y preservados del lugar arqueológico.
En éste tiene interesante las vasijas de barro, pero  el hallazgo estrella es el Dios Xipe-Totéc. Muy bien conservado por cierto. Uno de los dioses más conocidos de Mesoamérica que representa la fertilidad, la primavera y la renovación según se leía en la explicación bajo sus pies.
 

Con una hora fue más que suficiente para verlo todo. Un servidor era el único visitante y eso es siempre de agradecer a la hora de ver estos lugares y sobre todo para los amantes de la fotografía que no le guste que se las arruinen con la presencia de turistas en sus fotos.

Desde Santa Ana tomando el bus 218 os dejará muy cerca.
Y como digo, para los aficionados a la arqueología prehispánica puede que no les colme mucho sus expectativas,  pero es una buena excusa para visitar de paso Chalchuapa, su mercado, y ¿por qué no? su colorido cementerio que está justo detrás de las ruinas. Que por cierto me encantó...

By Carlos Martinez

Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

11 de junio de 2016

LAS CATARATAS DE LA LOBÉ TAMBIÉN EXISTEN.

Las únicas que ven el mar...

Kribi. Camerún. Noviembre 2015

Hoy me referiré a unas cataratas poco conocidas. Las Cataratas de la Lobé, Chutes de la Lobé en francés.

Todo el mundo ha oído hablar de la famosa "trilogía" de cataratas del mundo: Las tres que cada quién en su orden impone cual es su favorita. En mi caso, las Cataratas Victoria de Zambia y Zimbabue, pero eso ya es a gustos.


Las que me menciono en el post de hoy son mucho más humildes y apenas conocidas. Se encuentran a unos siete kilómetros de la ciudad costera de Kribi en el sur de Camerún.


No tienen apenas altura, ni gran caudal, ni espectaculares saltos. Nunca estarían en ningún top entre el ranking de las mejores.


Pero algo de ellas sí que me impresionó: Su proximidad a su desembocadura, a unos cincuenta metros del Océano Atlántico. Este aspecto si es lo que las diferencia de cualquier otra.
Según he consultado, no parece haber en el mundo unas cataratas en ese punto donde el río pierde su nombre.

 

Como en todo Camerún, para moverse por distancia cortas, la moto se convierte en el mejor taxi. Sólo hay que parar a una, acordar precio y ¡marchando! A mitad del viaje recogió a una chica local que le salió gratis el viajecito. Los tres montados no parecía demasiado para la moto que en ocasiones cargan hasta con familias enteras.
Al llegar, no había más que un bar tipo chiringuito, un pequeño puesto de artesanía y solo un turista: ¡este viajero servidor!
Una pasarela de madera y detrás se avistaba el río y la pequeña bahía que daba con el océano. Ya se podía escuchar el sonido del agua de las cataratas.

En la guía de viajes Laertes sobre Camerún, había leído algo de ellas junto a otras llamadas Chutes d'Kom. Éstas algo más famosas porque se rodaron escenas de Tarzán. La versión más antigua, las de Johnny Weissmuller.

Sobre la orilla, unas tres piraguas que parecían esperándome.
En realidad no parecía haber mucha competencia entre ellas. Como si pertenecieran al mismo patrón. El precio me pareció bastante económico, y sin regateos me monté en una que me acercó hasta los saltos. La situación ideal, tener enfrente esta maravilla natural ante ti, el muchacho de la piragua, un par de pescadores de camarones que merodeaban por unas piedras y alguna ave zancuda.


 
Con quince minutos fue más que suficiente para disfrutar del agua cayendo con ganas, alguna foto, algo de conversación con los pescadores y vuelta a la orilla.
Me decían que muy cerca de allí, aguas arriba, viven comunidades de pigmeos y que sería interesante una visita. Llevo tiempo que me ha disminuido el interés por la visita a tribus
. Pienso que se han de bajar mucho las expectativas para no llevarse decepciones, si lo que se espera es ver grupos étnicos en su hábitat natural y costumbres intactas. Pero de tribus ya hablaré otro día en profundidad.

Así terminó mi visita a estas cataratas. Una cerveza en el chiringuito con conversación futbolera incluida. Momento para regresar a la carretera, parar a una moto-taxi y regreso a Kribi.

Os dejo un breve video de ellas de mi canal Youtube.


2 de junio de 2016

EL STEELPAN, EL SONIDO DE TRINIDAD Y TOBAGO


Port of Spain, Trinidad y Tobago, Febrero 2012

El steelpan, podía haberme sonado a un nombre de algún dulce o alguna pieza de alta repostería cuando llegué a Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago.
Muy ducho no estoy en temas musicales, pero coincidir con la víspera de carnavales en este singular territorio insular del Caribe, no me fue difícil llegar a saber de qué se trataba.
El steelpan es una especie de tambor cuya fabricación procede de bidones de petróleo o de materiales químicos desechados y transformados. Con el añadido de una parabólica tapa metálica, que dependiendo de la profundidad del fondo le da un tono diferente al darle con las baquetas.
 

Es en Trinidad y Tobago el lugar del mundo donde nacieron estos originales instrumentos de percusión, pero basados seguramente en los principios de otras formas de percusión que sus ancestros africanos usaban y que llegaron a muchas islas antillanas durante el siglo XVIII desde las colonias, mayormente inglesas en forma de esclavitud.

Desde allí, se expandió a muchas otras islas del Caribe antillano, pero su potencial en cuanto a bandas steelband, que es como se conoce a la bandas que usan los steelpans, se concentran en su mayoría en Trinidad y Tobago.

En un principio esta moda musical de usar esos instrumentos estaba muy arrinconada y reservada para los guetos de  Puerto España. Pero no fue hasta los años 30, gracias a un tal Winston "Spree" Simon, pionero en crear algunas melodías que se hicieron populares rápidamente, cuando realmente despegó el uso generalizado del steelpan. Si os paseáis por el centro de Puerto España, detrás de la catedral en la Plaza de Colón veréis un gran monumento dedicado a él.


 

Es en época de carnavales cuando este sonido está tan presente en las calles de Puerto España.
Resulta muy común ver sobre una acera un grupo de chicos delante de un bar tomándose una cerveza Stag, la nacional de Trinidad, y entre bocado y bocado de un Bake&Shark que es una comida callejera muy popular entre los trinitarios, y estar dándole al steelpan. Sin duda es muy entretenido un descanso sentado junto a ellos.
También, veréis pasar bandas de steelpan sobre remolques descapotables tirados de una camioneta y dan con su presencia bastante alegría por las calles.
En fin, que si me quedo con un recuerdo rápido de Trinidad y Tobago y en especial de su capital Puerto España, siempre me llega la imagen del steelpan, y que siga sonando, porque la música en cualquiera de sus formas es simpre sinónimo de cultura y en las Antillas es aún más, ¡alegría!!!

Os dejo un minuto de steelpan de mi canal Youtube:




Si te gusto este post , os dejo otro: "el pan o steelpan" de mi amigo viajero, El V(B)iajero Insatisfecho que también os cuenta del steelpan a su manera y con su sello tan personal. Os gustará.

29 de mayo de 2016

LA VÍA DOLOROSA. El último recorrido de Jesucristo



 Junio 2012. Jerusalén. ISRAEL

Hay lugares en el mundo que no ilustran importantes aspectos de interés arquitectónico, tampoco de belleza natural, ni nos ofrecen nada que no veamos a diario en cualquier calle de nuestra ciudad. Son lugares que están ahí por lo que representaron históricamente. Dónde ocurrió alguna vez algún acontecimiento fuera de toda índole, y de sus hechos, generan curiosidad, y a la postre un efecto atractivo para la visita de turistas y viajeros.

 Los que saben más de todo esto son los estadounidenses, que aprovechan cualquier resquicio histórico para hacer de ello un monolito, un museo con su tienda de memorabilia, y si se tercia, hasta un parque temático al lado. Puede haber pasado George Washington por un poblado y haberse sentado a descansar en una piedra. Seguramente pondrán una placa grabada en bronce sobre la piedra con el texto: "Aquí estuvo  sentado George Washington y  profundizó su pensamiento sobre la independencia de Estados Unidos". Pero Israel, el país que he escogido esta vez, dispone de sobradas escenas históricas y sobre todo bíblicas en tantos y tantos rincones, que si hicieran lo mismo será todo un país-museo. No lo necesita.

La Vía Dolorosa es un claro ejemplo de un lugar que lo caminas y no tiene nada en particular. Una calle adoquinada entre muros de piedra como las de muchas ciudades españolas en su casco histórico. Algunas tiendas, pocas, con objetos religiosos postales, nacimientos tallados en madera y otras de venta de alfombras.

Pero si te cuentan que en esa misma calle anduvo con su corona de espinas y medio arrastrándose como tantas veces nos lo contaron a algunos en el catecismo, o vimos en las típicas películas que emiten durante la Semana Santa, realmente te despierta cierta sensación.
Aunque el viajero no sea católico, pero si curioso, también puede darle  inquietud de la misma manera que si fuera por ejemplo donde yace el diente de Buda en la ciudad de Kandy en Sri Lanka. O para alguien muy capitalista, ver la tumba de Lenin
¿Por qué no?
 Esto es lo que tiene la Vía Dolorosa. Poco más.
 

Eran las primeras horas de la mañana. Un paseo tranquilo. Nada de coches. Al alzar un poco la vista, algunas placas en los muros que representan las estaciones que coinciden con cada caída de Jesucristo durante su vía crucis. De repente el silencio se vio interrumpido al escuchar cantos de un grupo de católicos de raza negra que cantaban con devoción.  Una gran cruz sostenida entre ellos y mucho fervor en cada canto. Me sobrepasaron, cada vez se escuchaban más y más lejos y volvió la paz de nuevo a esa calle.
La sencillez de estos lugares, aunque carezcan de extravagancia, mientras despierten sensaciones en el viajero, por pocas que sean, ya habrá valido la pena visitarlos.
Para más expectativas, el resto de la ciudad vieja de Jerusalén le esperará al viajero con muchas más.

Pero la  Vía Dolorosa es así de sencilla, tan sencilla como lo fue su divino protagonista...


Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

21 de mayo de 2016

YAUNDÉ. Un paseo por la capital de Camerún


Yaoundé. Camerún. Noviembre 2015

Como cualquier capital africana, y sin ser la ciudad más grande de Camerún, Yaundé cumple con los mismos parámetros que cualquier otra del continente, en especial del área subsahariana. Un lugar donde se centran más embajadas y organismos internacionales que en ninguna otra del país.
Cabe decir que no es la ciudad más grande, cuyo testigo se lo dejamos a Douala, la verdadera ciudad económica, industrial y de población.


Actividad comercial en la Avenida J F Kennedy
Hospedarse no es una tarea fácil para bolsillos ajustados. Aparte de la presencia de cadenas hoteleras de alto rango, que también están presentes, los hostales y albergues no están muy culturalmente extendidos como se conocen en otras latitudes.
Solución y muy interesante, ir a parar a una congregación católica donde te hospedas a un precio muy asequible y en habitaciones muy simples pero limpias.
A diferencia de otro tipo de hospedaje, te despertarás a ritmo de góspel, que tampoco considero un mal despertar.
Yo me hospedé en la congregación CASBA, enfrente del centro comercial Mahima. No tiene web pero para quien desee llegar allí, cualquier taxista os dejará sin problemas. No tiene pérdida.

 
Avenida J. F. Kennedy
Me lo recomendó una misionera catalana que conocí en Douala, y fue una gran elección. Como curiosidad, y no es broma, en el recibo cuando te vas, te reflejan todos los gastos. Hasta la hostia si has ido a misa. Comerte la "carne de Cristo" tiene su coste.
Allí también coincidí con Alan. Un valiente mochilero de San Francisco (USA) que tuve la suerte de conocer, y que venía recorriendo desde meses toda la fachada oriental de África. Su gran ventaja en África es el ser de raza negra, y pasar más desapercibido. 

Pasé muy buenos ratos con él y me compart algunos fotos que hizo con su teléfono móvil por mí. De ese modo no fui objeto de arrestos y extorsiones por parte de corruptos policías y militares, como los que sufrí en otras zonas del país por hacer fotos y tener que pagar el consecuente impuesto revolucionario.

Mis consejos para moverse por la ciudad, que creo que sobran para cualquiera que haya viajado un poquito por África negra: Extravagancia, la mínima. Dar la impresión de que vives allí o trabajas en alguna organización internacional o embajada. No exhibir cámaras, vestir pantalones largos (de tergal mejor) y portar una carpeta o dossier en mano y caminar a un paso, en sintonía y ritmo como la de la gente de allí. Como sabiendo a dónde vas y sin contemporizarse demasiado. Haciéndolo así no tendrás problemas.

Sede de la compañia NPS. Una arquitectura muy peculiar.
 

En cuanto a la ciudad, es un subibaja constante. No es una ciudad plana precisamente. Pero con ganas, se puede caminar perfectamente sin usar el escaso transporte público.
Básicamente, el Yaundé Central, donde se sitúa el Mercado Central, el Boulevard John F. Kennedy, la Plaza Ahmadou y el Boulevard 20 de Mayo que va a parar hasta el Hotel Hilton. Esta área, sin ser algo que deslumbre para visitante, es donde puede haber algo de interés.
La Plaza Ahmadou, la foto cabecera del post, es donde confluye la mayor parte del tráfico y parece hasta una ciudad modernista con un edificio de cristal amarronado.

 
Catedral de Notre Dame des Victories

Muy cerca de allí, la Catedral de Notre Dame des Victories. No es un ejemplo de arquitectura barroca precisamente, pero es un lugar ideal para relajarse desde su exterior gracias a su posición elevada con buena vista de la Plaza Ahmadou. No hay que dejar pasar comerse alguna delicia de la Pastelería Selecta que hay en frente. La herencia colonial francesa queda patente en cada bocado de sus croissants. Para los golosos, no hay muchas más oportunidades en la ciudad para probar pasteles. 

Museo etnográfico La Blackitude

El Boulevard 20 de Mayo parece diseñado para desfiles militares por sus gradas permanentes que lo flaquean. Muy vigilado por cierto, donde hay que caminar por las zonas peatonales correctas, de otra manera te pitará algún policía de mal genio para que te salgas. En este Boulevard hay un pequeño museo étnico: La Blackitude situado en un costado.
 

En el museo con Christian en el centro y Alan a la derecha.
Seguramente te lo tengan que abrir para tí, pero Christian, su director, es muy conocedor en la materia y te explica con mucho celo el origen de muchas piezas que se exhiben y de la zona de Camerún que proceden. Merece la pena su visita.
Si echas de menos bullicio, quizás lo encontrarás en el punto más concurrido de la ciudad, en la Avenida Kennedy.
Esta pequeña avenida dedicado al Presidente estadounidense, con su busto incluido, concurren muchos negocios de bares y tiendas, además de puestos ambulantes en las aceras. No hay nada de interés en ellos, casi todos de repuestos de pequeños electrodomésticos y de teléfonos móviles. Aquí es dónde hay que tener un poco más cuidado para no ser sorprendido por algún carterista y maleante.

Si lo que se desea es todo lo contrario, tranquilidad y sosiego. Hay un par de parques y grandes áreas verdes. Sorprendentemente bastante cuidadas y accesibles. Sobre todo el Parque Santa Anastasia, muy céntrico. El otro, en los alrededores del Museo Nacional, el cual no pude ver. 

También, sobre todo el primero que cito, son una oportunidad de conocer la flora típica del país.

El oasis un poco de vida más occidental, por decirlo de alguna manera, está en la zona de Bastos. Es donde se concentran lugares de copas, cafés y locales de entretenimiento. Téngase en cuenta que estamos ubicados en la zona de embajadas y viviendas donde habitan gente expatriada que trabajan en sedes internacionales. El área de Bastos se convierte así en su refugio y punto de encuentro. 

Aquí es dónde más gente blanca se ve.

Exterior del Monasterio con su Virgen encastrada en esta gran roca.

No muy lejos de allí, y para terminar la jornada, un taxi te puede llevar hasta la Colina de Febe (Mont Febe). 
Además de una vista muy generosa de la ciudad, se encuentra el pequeño Museo de Arte Camerunés en el interior de un monasterio de benedictinos. Estaba cerrado, pero insistiendo me lo abrieron. Su encargado, dándole una propina me abrió las puertas y me dejó sólo para ver las tres salas que tiene. El museo me gustó por sus esculturas y máscaras. Todas de etnias diferentes del país.
Los alrededores del monasterio son muy tranquilos y además de la hermosa vista de Yaundé, el atardecer es único.
Por lo demás, Yaundé presenta un aire muy diferente al resto del país. Más desenfadado y relajante. Accesible desde otros puntos del país por bus y ferrocarril.
Dos días son más que suficientes.
 
Platos típicos de Yaoundé. A la izquierda el Miondo y a la derecha Ndolé con pollo.
  
No os vayáis sin probar el ndolé y el miondo. El primero, una mezcla de vernonia con pescado que puede resultar algo amargo. La vernonia tiene un parecido a las espinacas. El miondo consiste en casava o yuca fermentada que ha estado envuelto en hojas previamente. En la calle Joseph Essone donde está la congregación, hay algunos restaurantes para probarlos donde va gente local. Están bastante limpios y económicos.
Eso sí, sin olvidarnos de degustarlo con una cerveza. Como en tantos y tantos países, la bebida nacional de país.
¿Cual? A mi me gustó la Mutzig, que me acompañó durante todo mi recorrido por el país.
¡Salud!


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10 de febrero de 2016

CURAÇAO Y EL CARNAVAL DE LOS NIÑOS

 Un singular y colorido carnaval caribeño
Curaçao, Marzo 2012


En Curaçao o Curazao también hay carnavales. Sí, en esta pequeña isla antillana cercana al norte de  Venezuela nos brinda una de las citas más importantes para cualquier viajero.
Una semana anterior al gran carnaval, se celebra el Children Carnival Parade o el carnaval de los niños cuyo desfile sirve de antesala de lo que será el de la Gran Marcha y nos da una idea del mismo.



Como curiosidad, me ha sucedido con amigos que no acaban de ubicar esta isla y la relacionan por su nombre a Brasil o a un famoso licor. La primero obviamente no, y lo segundo, si es cierto que el famoso licor azul hecho de corteza de naranja, da con su nombre cierta fama a esta isla donde se produce.
Cuando metemos en una coctelera, ingredientes africanos, criollos, caribeños, holandeses, hispanos y portugueses no puede salir otro cosa que un cóctel combinado de color, sonido, vistosidad y sobre todo mucha diversión.


 
El lugar, su capital Willemstad donde el desfile transcurre a los largo de las avenidas principales del barrio de Otrobanda cercanas al puerto  y su famoso Puente de la Reina Emma.

En esencia, puedes disfrutar de su paso en cualquier punto y entremezclarte con los nativos en los que también absorberás de su generosidad. Sólo mostrando un poco de interés en su isla, su cultura y el carnaval, raro será quién no te ofrezca un vaso de Amstel de cualquier barril servida de su frió caño. Nada puede mejorar la situación del calor caribeño de  la tarde. Seguro que el viajero escuchará constantemente voces del papiamento, el idioma más popular de sus habitantes, que le dejará siempre a mitad camino de lograr entender lo que dicen, aún con muchos vocablos hispanos de que dispone esta curiosa lengua.



Muchos chicos con gruesas cadenas colgando y coloridas zapatillas vistiendo fiel a la moda hip-hop como si de cualquier calle de Harlem se tratará y chicas con graciosos peinados de rastas, o niñas con pirri, agarradas de la mano de su madre. Muchos niños son los testigos de este carnaval. Es el suyo y diseñado para ellos. La hora en la que se celebra, a media tarde, lo hace ideal para ellos.

Lo demás, está escrito en el guión de lo que sería cualquier  carnaval. Carrozas, una tras de otra. A ver de cual salía más sonido desde sus enormes altavoces, o bien desde los tambores, trompetas y algo de calypso. Muchas, formadas por camiones con su caja descapotable y el paso de comparsas compuestas obviamente por niños donde en su paso al ritmo musical, quedaba manifiesto por sus disfraces, el trabajo y la dedicación de todo un año para llegar a este momento.
  

El carnaval de niños de Willemstad es un punto de partida para conocer los carnavales de Curaçao. No son los famosos de Río de Janeiro, pero si junto con los de Trinidad y Tobago,  uno de los más importantes del Mar Caribe.
Curaçao y su carnaval os espera....

By Carlos Martinez,
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