21 de mayo de 2016

YAUNDÉ. Un paseo por la capital de Camerún


Yaoundé. Camerún. Noviembre 2015

Como cualquier capital africana, y sin ser la ciudad más grande de Camerún, Yaundé cumple con los mismos parámetros que cualquier otra del continente, en especial del área subsahariana. Un lugar donde se centran más embajadas y organismos internacionales que en ninguna otra del país.
Cabe decir que no es la ciudad más grande, cuyo testigo se lo dejamos a Douala, la verdadera ciudad económica, industrial y de población.


Actividad comercial en la Avenida J F Kennedy
Hospedarse no es una tarea fácil para bolsillos ajustados. Aparte de la presencia de cadenas hoteleras de alto rango, que también están presentes, los hostales y albergues no están muy culturalmente extendidos como se conocen en otras latitudes.
Solución y muy interesante, ir a parar a una congregación católica donde te hospedas a un precio muy asequible y en habitaciones muy simples pero limpias.
A diferencia de otro tipo de hospedaje, te despertarás a ritmo de góspel, que tampoco considero un mal despertar.
Yo me hospedé en la congregación CASBA, enfrente del centro comercial Mahima. No tiene web pero para quien desee llegar allí, cualquier taxista os dejará sin problemas. No tiene pérdida.

 
Avenida J. F. Kennedy
Me lo recomendó una misionera catalana que conocí en Douala, y fue una gran elección. Como curiosidad, y no es broma, en el recibo cuando te vas, te reflejan todos los gastos. Hasta la hostia si has ido a misa. Comerte la "carne de Cristo" tiene su coste.
Allí también coincidí con Alan. Un valiente mochilero de San Francisco (USA) que tuve la suerte de conocer, y que venía recorriendo desde meses toda la fachada oriental de África. Su gran ventaja en África es el ser de raza negra, y pasar más desapercibido. 

Pasé muy buenos ratos con él y me compart algunos fotos que hizo con su teléfono móvil por mí. De ese modo no fui objeto de arrestos y extorsiones por parte de corruptos policías y militares, como los que sufrí en otras zonas del país por hacer fotos y tener que pagar el consecuente impuesto revolucionario.

Mis consejos para moverse por la ciudad, que creo que sobran para cualquiera que haya viajado un poquito por África negra: Extravagancia, la mínima. Dar la impresión de que vives allí o trabajas en alguna organización internacional o embajada. No exhibir cámaras, vestir pantalones largos (de tergal mejor) y portar una carpeta o dossier en mano y caminar a un paso, en sintonía y ritmo como la de la gente de allí. Como sabiendo a dónde vas y sin contemporizarse demasiado. Haciéndolo así no tendrás problemas.

Sede de la compañia NPS. Una arquitectura muy peculiar.
 

En cuanto a la ciudad, es un subibaja constante. No es una ciudad plana precisamente. Pero con ganas, se puede caminar perfectamente sin usar el escaso transporte público.
Básicamente, el Yaundé Central, donde se sitúa el Mercado Central, el Boulevard John F. Kennedy, la Plaza Ahmadou y el Boulevard 20 de Mayo que va a parar hasta el Hotel Hilton. Esta área, sin ser algo que deslumbre para visitante, es donde puede haber algo de interés.
La Plaza Ahmadou, la foto cabecera del post, es donde confluye la mayor parte del tráfico y parece hasta una ciudad modernista con un edificio de cristal amarronado.

 
Catedral de Notre Dame des Victories

Muy cerca de allí, la Catedral de Notre Dame des Victories. No es un ejemplo de arquitectura barroca precisamente, pero es un lugar ideal para relajarse desde su exterior gracias a su posición elevada con buena vista de la Plaza Ahmadou. No hay que dejar pasar comerse alguna delicia de la Pastelería Selecta que hay en frente. La herencia colonial francesa queda patente en cada bocado de sus croissants. Para los golosos, no hay muchas más oportunidades en la ciudad para probar pasteles. 

Museo etnográfico La Blackitude

El Boulevard 20 de Mayo parece diseñado para desfiles militares por sus gradas permanentes que lo flaquean. Muy vigilado por cierto, donde hay que caminar por las zonas peatonales correctas, de otra manera te pitará algún policía de mal genio para que te salgas. En este Boulevard hay un pequeño museo étnico: La Blackitude situado en un costado.
 

En el museo con Christian en el centro y Alan a la derecha.
Seguramente te lo tengan que abrir para tí, pero Christian, su director, es muy conocedor en la materia y te explica con mucho celo el origen de muchas piezas que se exhiben y de la zona de Camerún que proceden. Merece la pena su visita.
Si echas de menos bullicio, quizás lo encontrarás en el punto más concurrido de la ciudad, en la Avenida Kennedy.
Esta pequeña avenida dedicado al Presidente estadounidense, con su busto incluido, concurren muchos negocios de bares y tiendas, además de puestos ambulantes en las aceras. No hay nada de interés en ellos, casi todos de repuestos de pequeños electrodomésticos y de teléfonos móviles. Aquí es dónde hay que tener un poco más cuidado para no ser sorprendido por algún carterista y maleante.

Si lo que se desea es todo lo contrario, tranquilidad y sosiego. Hay un par de parques y grandes áreas verdes. Sorprendentemente bastante cuidadas y accesibles. Sobre todo el Parque Santa Anastasia, muy céntrico. El otro, en los alrededores del Museo Nacional, el cual no pude ver. 

También, sobre todo el primero que cito, son una oportunidad de conocer la flora típica del país.

El oasis un poco de vida más occidental, por decirlo de alguna manera, está en la zona de Bastos. Es donde se concentran lugares de copas, cafés y locales de entretenimiento. Téngase en cuenta que estamos ubicados en la zona de embajadas y viviendas donde habitan gente expatriada que trabajan en sedes internacionales. El área de Bastos se convierte así en su refugio y punto de encuentro. 

Aquí es dónde más gente blanca se ve.

Exterior del Monasterio con su Virgen encastrada en esta gran roca.

No muy lejos de allí, y para terminar la jornada, un taxi te puede llevar hasta la Colina de Febe (Mont Febe). 
Además de una vista muy generosa de la ciudad, se encuentra el pequeño Museo de Arte Camerunés en el interior de un monasterio de benedictinos. Estaba cerrado, pero insistiendo me lo abrieron. Su encargado, dándole una propina me abrió las puertas y me dejó sólo para ver las tres salas que tiene. El museo me gustó por sus esculturas y máscaras. Todas de etnias diferentes del país.
Los alrededores del monasterio son muy tranquilos y además de la hermosa vista de Yaundé, el atardecer es único.
Por lo demás, Yaundé presenta un aire muy diferente al resto del país. Más desenfadado y relajante. Accesible desde otros puntos del país por bus y ferrocarril.
Dos días son más que suficientes.
 
Platos típicos de Yaoundé. A la izquierda el Miondo y a la derecha Ndolé con pollo.
  
No os vayáis sin probar el ndolé y el miondo. El primero, una mezcla de vernonia con pescado que puede resultar algo amargo. La vernonia tiene un parecido a las espinacas. El miondo consiste en casava o yuca fermentada que ha estado envuelto en hojas previamente. En la calle Joseph Essone donde está la congregación, hay algunos restaurantes para probarlos donde va gente local. Están bastante limpios y económicos.
Eso sí, sin olvidarnos de degustarlo con una cerveza. Como en tantos y tantos países, la bebida nacional de país.
¿Cual? A mi me gustó la Mutzig, que me acompañó durante todo mi recorrido por el país.
¡Salud!


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10 de febrero de 2016

CURAÇAO Y EL CARNAVAL DE LOS NIÑOS

 Un singular y colorido carnaval caribeño
Curaçao, Marzo 2012


En Curaçao o Curazao también hay carnavales. Sí, en esta pequeña isla antillana cercana al norte de  Venezuela nos brinda una de las citas más importantes para cualquier viajero.
Una semana anterior al gran carnaval, se celebra el Children Carnival Parade o el carnaval de los niños cuyo desfile sirve de antesala de lo que será el de la Gran Marcha y nos da una idea del mismo.



Como curiosidad, me ha sucedido con amigos que no acaban de ubicar esta isla y la relacionan por su nombre a Brasil o a un famoso licor. La primero obviamente no, y lo segundo, si es cierto que el famoso licor azul hecho de corteza de naranja, da con su nombre cierta fama a esta isla donde se produce.
Cuando metemos en una coctelera, ingredientes africanos, criollos, caribeños, holandeses, hispanos y portugueses no puede salir otro cosa que un cóctel combinado de color, sonido, vistosidad y sobre todo mucha diversión.


 
El lugar, su capital Willemstad donde el desfile transcurre a los largo de las avenidas principales del barrio de Otrobanda cercanas al puerto  y su famoso Puente de la Reina Emma.

En esencia, puedes disfrutar de su paso en cualquier punto y entremezclarte con los nativos en los que también absorberás de su generosidad. Sólo mostrando un poco de interés en su isla, su cultura y el carnaval, raro será quién no te ofrezca un vaso de Amstel de cualquier barril servida de su frió caño. Nada puede mejorar la situación del calor caribeño de  la tarde. Seguro que el viajero escuchará constantemente voces del papiamento, el idioma más popular de sus habitantes, que le dejará siempre a mitad camino de lograr entender lo que dicen, aún con muchos vocablos hispanos de que dispone esta curiosa lengua.



Muchos chicos con gruesas cadenas colgando y coloridas zapatillas vistiendo fiel a la moda hip-hop como si de cualquier calle de Harlem se tratará y chicas con graciosos peinados de rastas, o niñas con pirri, agarradas de la mano de su madre. Muchos niños son los testigos de este carnaval. Es el suyo y diseñado para ellos. La hora en la que se celebra, a media tarde, lo hace ideal para ellos.

Lo demás, está escrito en el guión de lo que sería cualquier  carnaval. Carrozas, una tras de otra. A ver de cual salía más sonido desde sus enormes altavoces, o bien desde los tambores, trompetas y algo de calypso. Muchas, formadas por camiones con su caja descapotable y el paso de comparsas compuestas obviamente por niños donde en su paso al ritmo musical, quedaba manifiesto por sus disfraces, el trabajo y la dedicación de todo un año para llegar a este momento.
  

El carnaval de niños de Willemstad es un punto de partida para conocer los carnavales de Curaçao. No son los famosos de Río de Janeiro, pero si junto con los de Trinidad y Tobago,  uno de los más importantes del Mar Caribe.
Curaçao y su carnaval os espera....

By Carlos Martinez,
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12 de octubre de 2015

LOS BACKWATERS DE KERALA.

Un gran escaparate natural y testigo del modo de vida del sur de India
 
Allepey. Kerala. INDIA. Marzo 2008


Un lugar que debe despertar fascinación por India para ver el día a día y la forma de vida de este mágico país, es un paseo fluvial por los Backwaters de Kerala.
Nótese que escribo "India" y no "La India" que aunque están ambas aceptadas, no entiendo esa necesidad de añadirle el artículo.
Para mucha gente en su primera visita a India, Jaipur, Agra con su Tal Mahal y la capital Nueva Delhi, parecerá ser más que suficiente. Para un servidor el sur de India ofrece muchas más bellezas, no solo artificiales construídas por la mano del hombre, también naturales y los Backwaters son para mí el mayor exponente.
Los Backwaters es una amplia área natural del Estado de Kerala formado por una red de ríos, canales y lagos.
En ellos, mucha biodiversidad de fauna y flora autóctona. Muchas aves migratorias encuentran aquí un lugar más placentero huyendo de la fría Siberia, y una vegetación en concordancia con su posición tropical donde los cocoteros, plataneras y palmeras imperan con su presencia.
 


En medio de todo ello, muchas pequeñas aldeas donde la vida de sus gentes empieza y termina alrededor de sus ríos.
Si, ¿pero cuál es la mejor manera de conocer este lugar?
Obviamente en un lugar tan fluvial, en un transporte también fluvial.
El "Houseboat" se convierte así en el mejor medio para explorar y recorrer esta área natural.
Son embarcaciones de diferentes tamaños y nivel de "lujosidad" variada. Todas tiene en común sus arqueadas formas de su techo de caña y elementos naturales de la vegetación de la zona, como palmeras y paja. Básicamente es una cabaña sobre una barca.
Hasta Alleppey llegué en tren, pero hay otros puntos desde empezar a conocer el recorrido. Esta pequeña localidad de Kerala es una de las comunes.
Como en cual lugar de cierto interés turístico, surgen muchos negocios alrededor para obtener un beneficio económico.
Existen empresas que te organizan un crucero en esas embarcaciones, a un estilo un tanto pomposo y de diferentes días. No son baratas, pero está orientado a un turismo de placer.
Yo recomiendo, si eres mochilero como yo, ir al embarcadero y negociar directamente con algún propietario de alguna pequeña embarcación. No os van a faltar, pero tampoco notareis ningún acoso para que alquiléis una.



En mi caso conseguí una para el recorrido de un día por 65 euros. Un día entero con la noche incluida, "el patrón" y su ayudante,
Aadi y Maalik que  me trataron inmejorablemente. Además con dos comidas completas y desayuno. No está tan mal para ese precio, yo solo y sin nadie más.

Bien, pues sobre las 11 de la mañana empezó la cosa a ponerse en marcha. 
Momento para meter el reloj en la mochila, el móvil, quitarse las zapatillas, arremangarse los pantalones y ponerse cómodo.
La situación ideal para resetearse. Lo demás viene sólo...

La travesía se convierte en un escaparte perfecto para contemplar la vida de una manera natural de la gente. Mujeres lavando ropa en la orilla, o en lo que le llaman allí como "ghats". Niños y niñas que uniformados van a la escuela, hombres pescando con medios muy básicos y gente que usa el río para bañarse como su ducha matinal. A medida que empieza a meterse por canales más angostos se aprecian más estos detalles y no falta el saludo o la sonrisa del lugareño.

 


En cuanto el houseboat, al menos el que yo contraté, disponía de una humilde habitación, detrás la cocina y delante en la proa, un descansillo al aire libre con una mesita de mimbre donde se sirven las comidas.
La comida muy básica compuesta de arroz, acompañado de verduras diversas saltadas y especiadas con un intenso sabor a jenjibre y cardamomo.
De postre, plátanos del tipo mini, muy dulces por cierto y con una piel muy fina.

Entre horas se dio la oportunidad de probar el coconut feni. 
Un licor que se extrae del coco. Es muy curioso como los hombres llamados Toddy tappers se suben hasta lo más alto del cocotero para extraerles el jugo.


Cuando se va haciendo de noche el houseboat se aparta en un poblado y es una oportunidad para conocer y conversar con la gente. En mi caso tanto Aadi y Maalik me presentaron a varios lugareños y tuve además la ocasión de ver algunos pequeños templos hindúes y parroquias cristianas. La influencia portuguesa de esta área de India se hace notar a través de las iglesias.
Después momento de dormir bajo un triste ventilador y la red protectora contra mosquitos hasta que el cacarear de algún gallo te despierte.
No antes sin disfrutar del evocador atardecer de Kerala.
    

Por la mañana después del desayuno el houseboat va tomando rumbo hacia el punto de partida en el embarcadero de Alleppey.
Inmejorables recuerdos e imborrables sensaciones me aguardan hasta el día de hoy, donde siete años después, escribo este post para animar a quien desee visitar esta fabulosa parte del sur de India...


Si te gustó esta entrada, quizás te interese esta otra : Mysore: La Ciudad de los Palacios

By Carlos Martinez©
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6 de octubre de 2015

BEIRUT O LA CIUDAD LABERINTO

Un paseo por la capital libanesa y un rompecabezas por resolver
Beitut. Líbano. Diciembre 2014

Cuando pisas el aeropuerto internacional Rafic-Hariri de Beirut, te haces una primera y extraña imagen de los agentes de inmigración, y te preguntas ¿así serán los libaneses?.
«¿Seguro que no ha visitado Israel?» me puntualizaba el que me tocó, después de mirar y remirar hasta con lupa sello por sello las estampadas hojas de mi pasaporte.
«Espere aquí», con cara agria y noctámbula, muy en concordancia con la hora de mi llegada, las dos de la madrugada.
Se fue de su puesto con mi pasaporte y tras consultar con otros compañeros, debió por su parecido confundirlo con uno de Serbia. Al rato me devolvieron mi pasaporte, con un «todo está bien, bienvenido» y todo quedó en una anécdota más de esos momentos tan indeseados cada vez que "llamamos a la aldaba" de cualquier país.
Llegar a esta hora tan intempestiva no se puede esperar otra cosa que tomar un taxi y pagar 25 dólares con poco margen de negociación. Nada de tren, metro o bus público.
 

El área de Hamra St, fue mi destino inicial. Donde el viajero puede encontrar más oferta hotelera, que por otra parte resulta muy cara. Raramente bajará de 80 dólares por noche.
Un oasis occidental con muchos restaurantes, cafeterías franquiciadas de renombre, bancos y mucha oferta de ocio que se prolonga hasta la noche.
Ya por el día, el calor desciende con toda su humedad como cualquier ciudad mediterránea, y encontrar sombra no parece solución fácil. Caminar, caminar y caminar, es lo que más puedo recordar de mi paseo por la ciudad.
El transporte público está muy limitado. Básicamente rutas poco definidas de taxis compartidos. Tienes que deducir hacia donde más o menos se dirige según el sentido de la circulación de la avenida de dónde lo tomas. Después ves que se desvía en el primer cruce y te has de bajar para tomar otro.

Por lo tanto, caminar es lo que más puedo aconsejar, pero ojo, el Distrito Central de la ciudad no es fácil caminarlo. No es porque sea difícil orientarse. Al contrario, Beirut dispone de anchas calles y espacio abiertos.
El problema es la cantidad de puestos de control y vigilancia militar que te encuentras. De ahí el encabezamiento de mi post con lo del laberinto.
Caminas, te topas con una barrera y el militar te dice: «que no y que no», y no puedes pasar. Has de retroceder de nuevo por donde venías y buscar otra calle para lograr tu objetivo.
Pero igual ves otro puesto de control y tampoco puedes pasar. Se hace bastante complicado a veces y te sitúa en la problemática que tiene el país respecto a posibles atentados. El fantasma israelí está muy presente en la vida de la ciudad.
Esta situación se da bastante en el Distrito Central.
Pero sin duda, esta zona es donde se aprecia la verdadera esencia de la ciudad con calles de calzadas adoquinadas y edificios gubernamentales. La arquitectura "art deco" se manifiesta donde mires y cuyas calles confluyen en la Plaza de las Estrellas o Nejme Square.
A muchos viajeros por momentos les parecerá estar paseando por el centro de alguna ciudad castellana como Salamanca o por la misma porticada Plaza Mayor madrileña. Sobre todo cuando alze la vista y vea una gran bandera española izada sobre el balcón de un edificio. Se trata únicamente por la presencia del Instituto Cervantes situado en este punto tan céntrico de la ciudad.
 


Hay para mí dos perlas en esa zona. La Torre-reloj, de Rolex por cierto, y flanqueado por el símbolo que representa el país que no puede ser otra cosa que un cedro. El árbol originario del país y que podemos ver en su bandera.
La otra joya es la detrás de la Plaza y de la Catedral de San Jorge, y es una pequeña capilla ortodoxa llamada Nourieh Chapel. Tan pequeña como agraciada. Me gustó su aislamiento, como un tímido y rebuscado rincón de esta céntrica área de la capital. Un pequeño remanso de paz espiritual, eso si, custodiada por muchos gatos buscando sombra entre los olivos del exterior de la capilla.

Aún así, es una ciudad que se puede caminar a pesar de no ser muy regular en su estructura formada por calles oblicuas, muchas con pendientes prolongadas.
Con unos tres de días explorando el Distrito Central, Hamra y el Corniche serán suficientes para hacerse una idea general de Beirut.
 

Beirut también despierta una sensación al viajero. Es un lugar que esconde mucha historia. Es muy fácil toparse con ruinas romanas, fenicias y árabes. No creo que haya mejor lugar para vislumbrar lo que fue y representó el pueblo fenicio y su importancia en el Mar Mediterráneo, cuya expansión comercial llegó hasta la Península Ibérica.
Y no sólo de la historia relativa a civilizaciones anteriores a la era cristiana. También es fácil ver ruínas en forma de edificios derruidos causados por la absurda guerra civil de finales de los años 70 y arquitectura muy propia su pasado colonial francés.
Otra aspecto que no debe olvidarse es la religión. Es una realidad que cito muchas veces de los lugares. Se puede ser o no ser creyente de una religión, o de ninguna, pero lo que está claro es que la religión incide directamente en la cultura y estigma de un país.


Beirut es un claro ejemplo. A grandes rasgos, con el 54% de musulmanes, el 40% de cristianos (en todas sus variedades) y el otro 6 restante repartidos entre budistas, hinduistas, judíos y mormones, no deja duda de la variedad religiosa y en especial la coexistencia entre las dos religiones mayoritarias y comúnmente contrapuestas como la cristiana y musulmana.
Estas dos copan la mayoría, ejemplarizadas con mezquitas e iglesias repartidas por la ciudad.
El epicentro que sintetiza este hecho es el punto donde confluyen la Mezquita Mohammed Al-Amin y junto a ella la Catedral ortodoxa de San Jorge.
Están ambas muy juntas en un área muy céntrica de la ciudad. La mezquita es una obra moderna. Si habéis
visitado Estambul o El Cairo os recordará a la Mezquita Azul y la Muhammad Alí de sendas ciudades.
Por dentro, sus mosaicos y candelabros os dejará absortos de admiración.
Finalmente otro paseo imprescindible es el Corniche de Beirut. Este paseo de casi cinco quilómetros bordeando el litoral es como cualquier paseo marítimo de cualquier ciudad. Rebosa animosidad, de amantes del running, pescadores aficionados, carritos de venta ambulante de snacks, y muchas familias paseando.
Lo que más me gusto y que le da un distintivo especial son las conocidas Rocas de las Palomas (Pigeon's Rock), que encabezo con la imagen de esta entrada del blog. Unas rocas como dejadas en el mar por capricho de la naturaleza muy abruptas y de una forma curiosa.
Beirut no es una ciudad muerta precisamente y a pesar de lo que se pueda pensar por las medidas de seguridad , es bastante segura en cuanto a delincuencia común.
Quizás lo que no me gustó, a parte del transporte público, es la cantidad de grúas-torre de construcción que se ven por doquier. Acaparan mucho espacio urbano. Señal de una ciudad que se está reinventando y reconstruyendo poco a poco.
Falafel, Hummus y Tabboulé son nombres de platos con los que se tendrá que familiarse el viajero para comer la reputada comida libanesa con mezclas mediterráneas, turcas y árabes.
Para terminar, Beirut no representa fielmente con lo que se va a encontrar el viajero en el resto de El Libano, pero siempre será muy útil empezar por esta capital situada estratégicamente como base y conocer el resto del país.


By Carlos Martinez

15 de junio de 2015

MATOPOS. El embrujo pétreo de Zimbabue

Otro secreto natural bien guardado de este peculiar país del África austral que envuelve atractivos poco conocidos...

Matopos. Zimbabue Agosto 2011
A 35 kms. al sur de Bulawayo, nos encontramos con el Parque Nacional de Matopos, o Matobo como también es conocido.
En otra ocasión abordé las Ruínas del Gran Zimbabwe , otra referencia irrenunciable que todo viajero ha de conocer en su recorrido por Zimbabue. Si bien, con el Gran Zimbabue quedé prendido del legado de civilizaciones desconocidas para el gran público del continente africano, en este caso de Matopos, la "caprichosidad" que nos ofrece la naturaleza no nos decepciona nunca. Matopos nos ofrece un buen ejemplo donde no sólo lo verde, frondoso o selvático tiene la exclusiva de la belleza natural. Un paraje natural declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 2003 con curiosas formaciones rocosas asentado en extensas áreas graníticas y además con otros atractivos para considerar.


Para llegar, es un poco complicado con transporte público. A no ser que se pueda alquilar un coche o motocicleta.
Desde el hotel Berkeley de Bulawayo, gestioné la visita un día antes para buscarme un conductor particular que nos llevara a mi esposa y a mí. 

En la entrada hay que registrarse y  pagar una tasa de 15 USD. Desconozco si era por coche, o por los dos pasajeros. Adicionalmente, 10 USD para tener el derecho a subir al World´s View  y ver unas pinturas rupestres junto con un pequeño museo etnológico.

El conductor, se parecía al cantante King Africa. Solo le faltaba cantar La Bomba, poco más necesitaba. La verdad es que nos contó muchas cosas curiosas del país que desconocía.

Al poco de entrar al parque, hay un memorial en honor de lo caídos zimbabuenses en la Primera y Segunda Guerra Mundial durante la época de Rodhes. Se trata de una humilde cabaña cercada con nombres de combatientes.

A lo largo de una tranquila carretera escénica y nada transitada, se observa un paisaje árido de vegetación baja, estrechos valles y colinas con formaciones de granito que se asocian figuradamente a escenas humanas. Como la de una madre con su niño, y cualquier otro objeto que se desee imaginar por las formas de las piedras.

Toda está área fue parte del Reino Ndebele durante muchos años hasta que llegaron los colonizadores británicos.

También es una zona rica en fauna , sobre todo de rinocerontes aunque no vi ninguno. Eso sí, los omnipresentes y traviesos babuinos, y las solemnes águilas, facimente observables en cuanto  echas la vista al cielo.

Sobre las pinturas rupestres, se encuentran en una cueva abierta llamada Pomongwe. En frente hay un pequeño museo con artefactos de la época de la Edad de Piedra.
Del estado en que se encuentran las pinturas, no sé como catalogar tal improperio al arte rupestre.
Según me comentó un guarda, desaparecieron por culpa de un ácido que usaron para conservarlas y ocurrió precisamente el efecto contrario. Una pena.


En cualquier caso, hay más cuevas en Matopos y con pinturas mejor conservadas, pero no las visitamos.

Finalmente y destacable para visitar es el World's View. Una especie de Valle de los Caídos que crea un poco de controversia entre la población. Primero porque es un lugar espiritual y sagrado para el pueblo Ndebele y por otro lado porque es donde yace el que fue colonialista y presidente Cecil John Rodhes, que por muchos años dio nombre al país como "Rodhesia". Ha habido varios intentos de exhumación y traslado a otro lugar pero sin éxito. Se mezcla por un lado lo simbólico, pero también el lado económico como reclamo turístico para ser visitado.
El legado europeo  ha quedado muy marcado hasta hoy en el país y no trae buenos recuerdos.
Con independencia de estos detalles, en una enorme superficie de piedra de granito maciza con tonos ocres en la cima de una montaña. Uno de los lugares más tranquilos que he estado.
No hay nadie, ni vigilantes, y el silencio es solo interrumpido por la brisa. Lo más sorprendente son las  gigantes piedras redondeadas que hay en la superficie que demuestran una vez más el capricho de la naturaleza de esta zona. Algo inexplicable cómo llegaron o se formaron allí arriba. Las vistas que se ven hacen buen honor al nombre del lugar.
La tumba de Rodhes se encuentra encastrada justo en la cima bajo una placa de cobre, y ocasionalmente custodiada por algunas lagartijas de colores que se pasean sobre ella.
A pocos metros, el Shangani River Memorial recuerda otro espisodio bélico de la historia del país en honor a los caídos de la Guerra Ndebele.



En conclusión, otro atractivo natural que nos ofrece este país, que si exceptuamos las Cataratas Victoria, es apenas visitado. Circunstancia muy aprovechable para los que nos gusta la tranquilidad, una naturaleza particular, y que cuando te vas, te deja muchas sensaciones remanentes...

Quizás si te gusto este artículo, te interese este otro de: Las Ruínas del Gran Zimbabue y Masvingo

By Carlos Martinez©